SECCIONES
Edición N° 1597
No es que la política exterior del Ecuador cambió en las dos últimas semanas frente a Colombia. No. Lo que está haciendo nuestra nación andina es volver a su pasado, mantener su tradición de respeto por el conflicto interior que vive el pueblo colombiano salvaguardando el principio básico de no-intervención; pero la historia no es la misma de los años anteriores, tampoco son los actores políticos ni los que estuvieron como los que ahora están, y también son nuevas las condiciones, por lo que el País está en el dilema entre conducirse con serenidad, pasar por una especie de “filo de la navaja”, o caer en una trampa infame que cambie su destino y nos haga perder lo más preciado: la paz.
El periódico electrónico Ecuadorinmediato.com, está soportando hasta el momento la segunda semana de persecución por parte del principal personaje del Gobierno Nacional del Presidente Alfredo Palacio, se trata de la denuncia en su contra presentada por el presidente del Fondo de Solidaridad, Marcelo Arcos Astudillo.
Vientos autoritarios soplan nuevamente en el Ecuador. Dos de los derechos esenciales, el de la libre expresión y el de la libre información y comunicación, pretenden ser vulnerados, nada más ni nada menos, por uno de los personajes del Gobierno más cercanos al presidente Palacio. Se trata del señor Marcelo Arcos, presidente del Fondo de Solidaridad y delegado del Presidente de la República ante los directorios de Petroecuador y Andinatel.
En un acto violatorio a las libertades de información y expresión, muy parecido al peor momento del régimen anterior, el llamado “hombre fuerte del presidente Alfredo Palacio”, el ingeniero Marcelo Arcos Astudillo, presidente y gerente del Fondo de Solidaridad ha procedido a denunciar ante el Fiscal del Guayas, a nuestro periódico electrónico Ecuadorinmediato.com, por haber dado a conocer -como noticia- la denuncia del Quincenario ecuatoriano “Tintaji” que expone su actuación en su condición de contratista del estado ecuatoriano, con un posible perjuicio al País en su sector salud, dando con ello el primer paso de la persecución del Gobierno Nacional en contra de los periodistas y la prensa de Ecuador, con el fin de acallar sus voces críticas.
La salida del ministro Cordovez, tras un agrio debate deja una amarga lección: que en Ecuador, al Gobierno del presidente Alfredo Palacio le ha llegado la hora de responder al reto de la ética, demostrar que está dispuesto a cumplir con la misma ante la patria, o causarse a si mismo una grave y mortal herida y todo por no querer valorar que la norma constitucional y las leyes no son “cuestión de un papelito”.
Duele decirlo, pero el gobierno que encabeza el presidente Alfredo Palacio tiene que luchar contra su propia gente para enfrentar a la corrupción y devolverle la legalidad a la Nación, tal como lo prometió el actual mandatario el pasado 20 de abril del 2005, tras la revuelta forajida de Quito, que lo llevó al poder.
Ha saltado el segundo escándalo del gobierno de Alfredo Palacio, el caso de Fausto Cordovez Chiriboga que le confronta al mandatario de Ecuador a un debate ético que marca la diferencia entre “honrado” y “honrando”, dos términos distintos aunque parezcan iguales. El punto de conflicto para el nuevo régimen lo arrincona en su propia imagen pública, porque en el manejo de este tipo de moral hay toda una escalada de engaños y sutiles mentiras que desnudan la línea de la honradez con la de la proclamación de honorabilidad, con lo que se aumentan velozmente las críticas y desencantos de estos días.
¿Y por qué no se declara desobediencia civil para el feriado del 27 de mayo?. Probablemente este comentario solo sea una voz, pero no es la única y es resultado del reclamo por la dignidad de lo nuestro ante la actitud del Gobierno de Ecuador. Es un comentario que quiere hacer notar la forma inapropiada como sigue cayendo en las mismas prácticas de irrespetar al ciudadano. El cambio de la fecha histórica del 24 de mayo se lo puede tomar desde Quito, y se lo puede decir –especialmente desde Quito- como un ataque artero al sentimiento nacional de querer torcer la historia a su antojo, cambiándola por los sonidos del dinero y las conveniencias particulares por encima del respeto colectivo.
Ecuador y sus conflictos pueden ser el punto de arranque de lo que puede ser una nueva forma de sujeción de nuestras democracias en América Latina. Sin desconocer que hay crisis, lo grave del hecho es que bajo una supuesta concepción de legalidad no se quiere aceptar que en nuestras naciones se está tratando de sofocar las reacciones populares con mecanismos de “control remoto político” para no repetir lo que el pueblo de Ecuador ha hecho: corregir los vicios de sus gobernantes, sin necesitar de la OEA, y por ello el siguiente paso se mide en una sutil forma de represión. ¿De alarmarse, verdad?
El mensaje es claro: Panamá, ha cambiado con Abdalá Bucaram. El Istmo entendió lo que significa alojar a una persona como él ante una realidad actual como la de Ecuador, con los desastres que ha causado su sola presencia por unos cuantos días en nuestra tierra y, acepta recibirlo con toda su carga de conflicto, pero no quiere más reclamos por su posición ante el mundo. Ahora es cuando el Ecuador debe dar muestras de que también entiende el cambio.
La nación andina, que acaba de tumbar a un presidente el pasado 20 de abril, el tercero en una década, está a punto de volver a vivir una nueva crisis política. Las alarmas sobre el comportamiento errático del gobierno del presidente Alfredo Palacio han sido activadas por diversos sectores del país, mientras los signos evidentes de nuevas protestas vuelven a aparecer a menos de dos semanas de posesionado el régimen ecuatoriano, frente a una clase política reticente a madurar, en medio de una situación inestable y difícil, que da toda la impresión de que puede empeorar.
La frase causa repugnancia, pero la comparación es exacta. Así, más o menos le está haciendo la censurada clase política a la ciudadanía ecuatoriana, protagonista de “la revuelta de los forajidos”, al contestar a la crisis que vive la nación. Si, es una especie de respuesta audaz, una actitud engañosa, una solución de tramposos aprovechados, que en minutos ante al caos, han salido al frente para una sola cosa: “cambiar todo, para que no cambie nada”, encabezar la “repartija” y de esa manera vengarse de todos los que les han cuestionado.
Tras una noche agitada, difícil, reprimida con dureza por parte de una policía que actuó de manera cobarde contra los ciudadanos de Quito, este miércoles 20 de abril de 2005, el coronel Lucio Gutiérrez tuvo que salir del cargo, dejando tras de sí una crisis, que el mismo propició hasta derrocarlo. Ecuador ha vivido hoy una página mas de su rebelde vida política, que muestra la capacidad de sus ciudadanos por exigir sus derechos hasta imponerse frente al poder, en lo que se ha denominado “Quito: la revuelta de los forajidos”
Al grito del “déjennos trabajar”, un atufado “mecánico” mezcla las palabras con los hechos y le enrostra a su amigo para que no se oponga a nada, y menos al gobierno. Bajo la arrogante figura del “empresario” con talla prepotente del “patrón de hacienda” otro nos reclama “que nos dejen trabajar” y culpa a su enemigo la Izquierda Democrática, de impedirle aquello. Estas, entre otras piezas propagandísticas del gobierno del presidente Gutiérrez, de Ecuador, tratan de enfrentar a la oposición manipulando el complejo histórico del ecuatoriano que por tener el pan debe vivir sin dignidad.
Pareciera que la lucha política fratricida en Ecuador tiene un solo culpable: el Gobierno Nacional, mas la crisis política ecuatoriana tiene varios responsables que, como ayudantes prolijos echan leña al fuego y apagan los incendios con gasolina, esos son los sectores políticos nacionales, que muestran un grado de cinismo increíble. Todos, entre todos, han sido capaces de generar este caos, para luego, asomar como “salvadores de la patria” con máscaras de inocencia, para simular que nos rescatan, dando un espectáculo repulsivo.
Miércoles, 03 de diciembre de 2008
Hospedado en NuestroServer | Optimizado por UnderMedia S.A.