SECCIONES
Edición N° 1430
La publicación de la foto de una cita entre el líder guerrillero Raúl Reyes y el secretario General del Partido Comunista Argentino, Patricio Echegaray, confundiéndole con el ministro de Seguridad de Ecuador, Gustavo Larrea, por parte del diario oficialista colombiano El Tiempo, de propiedad del segundo mandatario y del ministro de Defensa de Uribe Vélez, con las consiguientes disculpas por el “error” del diario y el entredicho con su propia Policía que niega haberle dado la foto, no solo afecta a la credibilidad del diario, sino que estalla en pedazos la veracidad del computador rescatado del bombardeo colombiano contra Ecuador, el cual parece que anda en demasiadas manos y sin las debidas seguridades, lo que podría destruir una supuesta prueba de Colombia contra sus vecinos.
La muerte del líder guerrillero de las FARC, Raúl Reyes, en territorio ecuatoriano, tras un combate con fuerzas militares colombianas, que incluyó bombardeos, combate armado y, posteriormente, la invasión de territorio ecuatoriano, con retiro de cadáveres sin autorización agudizó una crisis de comunicación entre Ecuador y Colombia, que desnudó las carencias en el manejo de la tensión que se vive en forma permanente entre las dos naciones.
Como si fuese una especie de bomba de tiempo programada, el conflicto por racismo y exclusión contra los emigrantes acabó por estallar en España, y tras saltar a la pantalla como una especie de pústula sangrante, la “patada de Sergi Xavi” en el Metro de Barcelona sirvió como una especie de regresión interna en la sociedad ibérica, para admitir que el racismo en sus filas es un conflicto grave, y que ni siquiera sus leyes pueden sancionar a un mal que les ha crecido al grado extremo.
Ecuador no es explicable afuera. Y no lo es porque en buena medida vivimos del embuste diario, del engaño colectivo que ha sido promovido por la clase política actuante, como por la prensa errática, las cuales por un exceso de mentiras, embustes o ficciones, ahora pagan el precio de su ceguera en la debacle política ecuatoriana, la misma en la que han vivido desde hace tiempo atrás, hoy promovida al grado mayor por el proceso electoral que arrasó con la Asamblea Constituyente y su triunfante gobierno nacional.
Cuando se dio la posesión de los 21 diputados suplentes en el Congreso Nacional de Ecuador, la mañana de este 20 de marzo, la sensación de tranquilidad que invadió a muchos sectores no podría ni debería ser compartida por el Gobierno del Presidente Rafael Correa, porque si se entiende bien la lógica de lo conseguido, al tiempo de dar “solución” a un problema y reabrir el Parlamento, la carrera del chantaje se habrá iniciado y al parecer no tardará mucho en cobrar las deudas.
La semana que se viene tiene que definir dos grandes espacios: los avances del gobierno en su propósito de salir con la Consulta Popular y los pasos que dé la clase política ecuatoriana para aceptar esos avances de Rafael Correa. Entre lo uno y lo otro, el enfrentamiento seguirá sin tener certidumbres para la gran ciudadanía, que se supone tiene que jugar un papel trascendente en este tiempo.
Uno de los penosos procesos que se vive en forma constante en Ecuador es: ver al gobernante preso de sus palabras como de sus errores; y quizás por ello es que no se le permite recular en sus pasos, corregir sus actos, reconvenir sus palabras, es decir, no le permitimos nunca rectificar. Pero ha llegado el momento, es el punto inicial, es la ocasión más propicia para que el la nación diga y repita una vez más: ¡déjenlo rectificar, al Presidente, déjenlo rectificar…!
En este tiempo que le falta al Gobierno del Dr. Alfredo Palacio en Ecuador, hay una evidencia de un juego siniestro, en el que se aplican una serie de pasos bien calculados, que con la frialdad debida, tienen una tendencia a beneficiar a un grupo en serie, y con ello garantizar varios espacios entre el poder, el reparto de la nueva riqueza y la impunidad para el futuro.
Desde este pasado 21 de abril, justo un día después de cumplirse un año de la caída del ex presidente Lucio Gutiérrez, todo lo que se ha vivido esta siendo declarado en run-run colectivo ecuatoriano como el “tiempo del asco nacional”, porque se recuerda con vergüenza a la “revuelta de los forajidos” como una historia innegable de traiciones, manipulaciones y utilización de las masas para volver a instrumentalizar el poder que estaba en otras manos, cambiar de grupo y promover con más fuerza la destrucción del Estado nacional en todas sus instancias.
La proximidad de las elecciones, por un lado, y todo lo vivido en este tiempo, por otro, han puesto a dudar hasta al más connotado analista político sobre la actitud del ecuatoriano y su futuro democrático. Es que, en verdad, ante la nueva posibilidad de llevar a un personaje a dirigir los destinos del país, y sometido este a una especie de “torneo de descalificados”, surge la necesaria pregunta: ¿Porque quiere la clase política que Ecuador elija Presidente de la República, si igual lo van a desconocer y acabar con él?, lo que abre un abanico de dudas y desesperanzas como respuesta generalizada.
Parece que al fin las cosas se van aclarando: ni el Presidente Palacio, ni el Gobierno, ni el Congreso, ni la clase política, ni la sociedad civil organizada, como tampoco la manipulada “clase forajida” tenían la aclamada reforma política entre sus planes. Tanto que por ello es que hemos pasado nueve meses en medio de trifulcas y triquiñuelas, hasta que el informe del pasado 15 de enero definió las cosas: No hay tal reforma, ni asamblea constituyente y peor “refundación del país”.
En la celebración del Día del Periodista Ecuatoriano, este 5 de enero, con ocasión de la remembranza de la publicación del primer periódico ecuatoriano, “Primicias de la Cultura de Quito”, del indio Chuzig (Eugenio Espejo), es quizás el mejor momento para apuntar con nuestras palabras al sentimiento del gremio, al que la pertenencia nos obliga a la reflexión continua y, en este caso, a la auto crítica sensata, que busca la corrección de los malos andares en los que hemos incurrido como prensa ecuatoriana.
Magistrados de la Corte Suprema de Justicia: han llegado a sus cargos en uno de los momentos más difíciles de la historia nacional. La sociedad ecuatoriana ha depositado en ustedes la esperanza. Con semejante encargo lo mínimo que se puede decir de ustedes es que están bajo sospecha. No tienen la opción de seguir con el libreto corrupto y que tantos males le han causado a la patria.
Dejar impune un abuso es permitir que se vuelva a repetir, eso en Ecuador funciona una y otra vez, en especial con la policía nacional, pese a que ahora estén en el poder quienes ayer gritaban contra los excesos policiales de abril de Gutiérrez y de los forajidos. No hay otra explicación que no sea la existencia de la cobardía oficial para una extraña complicidad que se sigue dando hasta estos momentos en el país, porque ningún represor ha sido sancionado, las conductas se repiten, y con ello nos vanagloriamos como país para exportar la experiencia a México, por ofrecimiento de la diplomacia ecuatoriana, mientras la ONU censura a una nación por torturar a sus ciudadanos. ¿Por qué callamos?
Ecuador sigue, en medio de una incierta crisis política, un camino de búsqueda de cómo legalizar su régimen político por las vías de consulta para instaurar una asamblea constituyente que reforme al país en su totalidad, tras arrastrar una situación inestable que ya tiene 8 años (1997 2005) y 9 presidentes de la República, pero que no logran calmar una lucha política intensa y menos ponerse de acuerdo sobre el porqué discuten.
Sábado, 05 de julio de 2008
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