Con un acto especial que tuvo lugar la Plaza de la Independencia, en el centro histórico de Quito, se inauguró la mañana de este miércoles la emisora Radio Pública de Ecuador (RPE), que se suma a la red de medios de comunicación estatales. El evento contó con la presencia del jefe de Estado, Rafael Correa, quien, en su primera entrevista a la radio, aclaró que los medios públicos no son del gobierno “sino de los ecuatorianos”.
La emisora, que cuenta con un presupuesto inicial de 1,7 millones de dólares, emite inicialmente sólo en Quito y en Guayaquil, en las frecuencias de 100.9 y 105.3 respectivamente, para posteriormente ir extendiendo su cobertura al resto del país, primero en Cuenca (88.9 FM) y luego en Manta (88.1 FM).
El dinero invertido en RPE proviene de un crédito no reembolsable del Banco del Estado (BEDE), del cual 500 000 dólares se destinaron para la compra de cuatro transmisores y la misma cantidad para tres equipos de producción. Además, se han destinado 700 mil dólares para el resto de gastos corrientes.
Con el lanzamiento oficial de Radio Pública del Ecuador, el Gobierno del presidente Rafael Correa concreta su proyecto Multimedios Estatales, junto a la Televisión Pública del Ecuador y diario El Telégrafo, ex propiedad de un banquero quebrado y reestructurado meses atrás.
“Estos no son medios del gobierno, son medios de los ecuatorianos, como tienen muchos países latinoamericanos y prácticamente todos los países desarrollados, al menos europeos y de Norteamérica”, dijo el jefe de Estado.
El mandatario señaló que en ciertos casos los medios de comunicación privados no tienen plena libertad para cumplir con su deber social de comunicar, por la necesidad de generar utilidades como negocio privado. “Ese dilema no lo tienen los medios públicos”, anotó.
Sin embargo, reconoció que “obviamente, en manos de malos gobiernos, esos medios públicos pueden ser terribles, pero todo puede ser terrible en manos de malos gobiernos; es decir, al final de cuentas, al final del día, lo fundamental en democracia es saber votar, saber elegir”.
“Pero bienes públicos, bien manejados, son tremendamente positivos para una sociedad porque no tienen ese dilema gravísimo: entre el bolsillo y el compromiso social de comunicar objetivamente”, sostuvo.