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Fecha: 2008-04-09 19:44:25

Visita a México de Presidente Correa tiene alta importancia

Así lo destaca embajador del Ecuador ante nación azteca

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El embajador del Ecuador ante la República de los Estados Unidos Mexicanos, Galo Galarza, señaló hoy en un artículo especial remitido a Ecuadorinmediato.com, previo a la visita a ese país del Presidente Rafael Correa, que la presencia del mandatario ecuatoriano adquiere una alta importancia, para fortalecer una gran amistad entre las dos naciones, así como abrir una serie de perspectivas económicas y culturales con nuestro país, y que se verán beneficiadas con los acuerdos que se tiene previstros adoptar, en un gran plan de reacercamiento de México con el continente.

RAFAEL CORREA VISITA MÉXICO

                                                                           Galo Galarza Dávila (*)

        ¿Por qué y para qué viene a México el Presidente de Ecuador? Se preguntan y se preguntarán en estos días políticos, empresarios, trabajadores, ciudadanos de a pie. Vale la pena  que les ayudemos a encontrar respuestas a sus necesarios interrogantes.

          Rafael Correa viene a México atendiendo una invitación que le formuló su homólogo mexicano, Felipe Calderón, hace varios meses (un año, en verdad). De tal manera que debemos descartar absolutamente que se trate de un viaje coyuntural, como han mencionado algunos medios de comunicación. La fecha para esta visita -11 y 12 de abril- se la acordó a raíz del encuentro que tuvieron ambos mandatarios en Ciudad de Guatemala el pasado mes de enero, en ocasión de la transmisión de mando presidencial en ese país centroamericano. Mucho antes, en definitiva, de que ocurriera aquel lamentable episodio (ampliamente rechazado por la comunidad latinoamericana en la reunión cumbre del Grupo de Río)  cuando en la madrugada del 1 de marzo tropas del ejército y la policía de Colombia atacaron un campamento clandestino de las FARC asentado en territorio ecuatoriano, en el cual murieron, entre otros, cuatro estudiantes de nacionalidad mexicana, un artesano ecuatoriano (cuyo cadáver se lo llevaron a Bogotá como “trofeo de guerra”)  y quedó herida la también estudiante mexicana Andrea Lucía Morret. No vamos a referirnos a este hecho que ha sido suficientemente debatido y tratado por la prensa mexicana e internacional.

          Quiero detenerme, más bien, en contestar la segunda pregunta que comencé formulando en este artículo. ¿Para qué viene a México el Presidente Rafael Correa? Podemos comenzar señalando que viene a afianzar una vieja amistad. Una amistad entre dos países que se refleja en el establecimiento de relaciones diplomáticas desde casi el comienzo mismo de su existencia como repúblicas, a mediados del siglo XIX. Una amistad que va todavía mucho más lejos en el tiempo, porque cada vez son más los indicios que demuestran que hubo contactos entre culturas andinas y mexicanas antes, durante y después del período colonial o cortesiano.

          Viene también a ampliar y fortalecer lazos diplomáticos (se pondrá en funcionamiento, después de mucho tiempo, la Reunión Bilateral de Asuntos de Interés Común, a nivel de Viceministros de Relaciones Exteriores), comerciales (el comercio entre ambas naciones ha crecido considerablemente en los últimos años, lo mismo que la inversión mexicana en algunos sectores de la economía ecuatoriana, y es preciso buscar fórmulas para ampliarlos y solidificarlos), culturales, educativos, técnico-científicos (se acaba de reunir la IV Comisión bilateral de cooperación para establecer el programa de trabajo 2008-2010). Se firmarán, asimismo, varios acuerdos y convenios (de los cuales vale la pena resaltar, particularmente, el relacionado con la cooperación en asuntos consulares y de ayuda a las comunidades de connacionales en el extranjero) y una declaración conjunta en la cual se toparán diversos temas de la relación bilateral.

        Viene, en definitiva, porque el gobierno de Rafael Correa  valora la nueva política exterior  mexicana  de volver a acercarse a América Latina, sin importar la ideología que profesen sus gobernantes; y porque quiere demostrar al mundo que el gobierno ecuatoriano puede ser tan amigo del gobierno de México como del gobierno de Cuba, o tan amigo de la presidenta Bachelet como del presidente Chávez o tan cercano al gobierno brasileño como al boliviano, uruguayo o peruano.

         Ecuador es un país de paz. Así consta y manda un artículo de su nueva Constitución. Quiere la amistad con todos los países y pueblos del mundo y, particularmente, con los de América Latina. Quito, la capital ecuatoriana, fue escogida como sede de la Secretaría Permanente de la Unión de Naciones de Sudamérica (UNASUR) y, tiene por ello, una gran responsabilidad y compromiso para seguir ampliando y fortaleciendo ese espacio de integración regional. Estoy seguro que pronto se superará la crisis diplomática con la hermana República de Colombia, una vez que su gobierno –o sectores de su gobierno- cesen una campaña infame y cínica de querer involucrar al presidente Rafael Correa con las FARC; y una vez que se comprometan –como ya lo han hecho de palabra en la reunión del Grupo de Río en Santo Domingo y en las reuniones de la OEA en Washington- a nunca más agredir territorio ecuatoriano.

         Pero volvamos a la visita del presidente Rafael Correa a México. Terminemos aspirando que esta visita una más a dos pueblos con increíbles coincidencias históricas y humanas. Quien haya visitado Ecuador sabe a lo que me estoy refiriendo. Si existiera, por ejemplo, un túnel o un pasaje, como en los cuentos de Cortazar, que permita a un caminante quien estuviera caminando en una calle del centro histórico en la Ciudad de México entrar de pronto en  una calle del centro histórico de Quito, pensaría que no se movió un centímetro de su país. Y viceversa. Allí vería la misma gente, los mismos almacenes; percibiría los mismos aromas y ruidos, hasta la misma forma de hablar, de reír y de maldecir. Dos países idénticos, en suma, aunque tengan desproporcionadas dimensiones y estén separados por miles y miles de kilómetros y de ignorancias.

 

 (*) Embajador del Ecuador en México.









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Jueves, 08 de enero de 2009

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