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Fecha: 2005-06-12 09:11:37

Frank Fernández en comunión con la Sinfónica Nacional

El músico cubano demostró en el Teatro Nacional Sucre el porqué es considerado uno de los mejores pianistas del mundo

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El Teatro Nacional Sucre presentó la noche de ayer al pianista cubano Frank Fernández con la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador, bajo la dirección del maestro Álvaro Manzano, quienes entregaron una noche de virtuosismo y sublimes sensaciones, teniendo como acto central del repertorio el Concierto No 1 para Piano y Orquesta de Pyotr Illich Tchaikovsky (1840-1893).

La Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador abrió el programa con la Obertura Cubana, del compositor estadounidense George Gershwin, obra interpretada en honor al solista Frank Fernández, cubano de nacimiento pero considerado como un valor de la música mundial.

Inmediatamente el maestro Manzano nos condujo a la obra de Tchaikovsky, representante no sólo del romanticismo sino también del nacionalismo ruso, interpretando la Marcha Eslava, obra escrita con ocasión de la guerra entre Servia y Turquía (1876), en la que Rusia tomó parte. En esta obra, la batuta de Manzano y los músicos de la Sinfónica lograron interpretar los rasgos de patriotismo y solidaridad ruso.

En este ambiente, la Orquesta Sinfónica dio la bienvenida a Fernández e inmediatamente empezó la obra más sublime e intensa de la noche: el Concierto No 1 para Piano y Orquesta de Pyotr Illich Tchaikovsky; obra compuesta de tres tiempos o movimientos: Allegro non troppo e molto maestoso - Allegro con spirito; Andantino semplice - Prestissimo - Tempo I; y, Allegro con fuoco.

En el primer movimiento, el más dramático de la obra, se evidenció la grandeza musical del solista cubano, quien en complicidad directa con Álvaro Manzano, inundaron la Sala del Teatro Sucre con las más altas y bien ejecutadas frases y melodías musicales. Fernández exhibió un alto nivel interpretativo, energía, y una pasión generosa, que terminó con un inoportuno aplauso de la concurrencia que dio paso al segundo tiempo de la obra.

La sensibilidad del pianista cubano quedó asentada en el segundo movimiento, Allegro con spirito, así mismo, se hizo evidente el conocimiento y dominio de la obra que se estaba ejecutando; la pasión de Fernández cautivó a los quiteños.

En el tercer movimiento, Allegro con fuoco, se estrechó la relación de Frank Fernández con la Sinfónica cuando se da un diálogo juguetón entre el piano y los violines, al tiempo que iba ganando la interpretación en profundidad y una comunicación directa entre el pianista y la Orquesta. El genio de Fernández apareció en su máximo esplendor.

La audiencia se entregó al músico, y esa generosidad y aprecio a su talento fue recompensada con el agradecimiento del intérprete y una espontánea charla en el auditorio, en la que el pianista emanó toda la calidez propia de su isla de origen.

La noche finalizó con la obra del maestro cubano Ernesto Lecuona, La Comparsa, y el clima quedó inundado con el espíritu de la música cubana, con su cadencia, percusión y fuerza, para terminar una noche exquisita, siendo necesario que este bis sea reiterado, ya que dos veces se ejecutó la obra, con el perfecto acompañamiento de la Sinfónica, destacándose el papel protagónico del maestro en percusión, Pablo Valarezo. Fernández se fue, pero quedó entre los asistentes la pasión que el músico entregó en el Teatro Sucre.

JCGSM









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Martes, 06 de enero de 2009

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