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Edición #4866 |  Ecuador, sábado, 20 de enero de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
urgente

LIBERTAD DE EXPRESIÓN O “LIBERTAD DE EXCRECIÓN”

2008-07-21 19:52:03
Análisis
13681

Por: FHA /ECUAMEX

Tras los hechos conocidos en el Ecuador, tales como la incautación de las empresas del grupo Isaías, de entre las cuales están tres canales de televisión con señal nacional, se abrió un debate sobre el respeto que de parte del régimen debe imperar a la libertad de expresión. Pero nunca se ha querido topar el tema real que ocurrió con esos medios hasta la noche del 7 de julio, que a pretexto de este derecho ciudadano se quiere cuidar y garantizar la impunidad del abuso que se promovió desde tales medios, en manos del poderoso grupo económico. Al parecer, se busca cuidar el derecho al ataque a la honra ajena en un abuso de los medios, como si se tratase de cuidar el derecho a ofender a los demás solamente porque se es dueño de un medio de comunicación.

"Poco derecho tienen de hablar los que en el momento de indignidad callan, se vuelven cobardes o lo asumen de cómplices”, decía el gran Juan Montalvo, cuando se refería a los turiferarios de turno que clamaban contra la decisión de castigar a Ignacio de Veintimilla “El Mudo”, que algunos jueces habían asumido, tras su paso de bandolero por el poder la República.

Asimilemos la situación al triste espectáculo que se brinda hoy en la prensa entre quienes se “rasgan las vestiduras” clamando por la “libertad de expresión” por haberles incautado los canales de televisión a los hermanos Isaías Dassum y sus socios. Sí, triste por lo patético, porque ahora son voces altisonantes las que salen de sus tumbas silenciosas en las que se refugiaron durante una década de abusos y atropellos a la dignidad que se han vivido desde esos medios de comunicación, con abuso y violencia conocida por todos por la complicidad de muchos.

Esta historia de humillaciones a la moral pública se inició justo, por deshonrosa coincidencia, cuando quebró Filanbanco. Entonces comenzaron las acciones embozadas, y parece que ahora, con lo que estamos viviendo, en forma hipócrita un grupo de audaces comienzan a “ponerse las máscaras” para defender el pasado y en forma por demás cínica clamar que ese pretérito deshonroso “se respete”.

¿Qué pasado? Me refiero como historia que, a partir de diciembre de 1998, Ecuador comenzó a presenciar el espectáculo cruento del cambio violento entre una supuesta libertad de expresión aplicable en los medios de comunicación nacionales a una “libertad de excreción” que supuró en forma grotesca desde los “canales vinculados”.

La libertad de expresión se fundamenta en los valores y principios válidos a toda una sociedad, y sobre todo para el periodista y el dueño de un medio, más que para el ciudadano, de entre ellos: el derecho a la honra, al buen nombre, a la dignidad personal, a la presunción de inocencia, a ser juzgado por los jueces naturales, al respeto de sus conceptos y pensamientos, a su debida militancia o pertenencia política, a las debidas condiciones laborales para el periodista en el marco de la ley, la vigencia de la cláusula de conciencia y, por supuesto, al derecho de réplica que garantiza el debido equilibrio y justicia informativa.

La “libertad de excreción”, implantada desde los canales vinculados TC Televisión, Gamavisión y Cablenoticias, se tomó por asalto el derecho a violentar todas esas nociones o principios que sustentaban la libertad de expresión, para defender sus juicios y a los que estaban supuestamente involucrados en el mayor fraude bancario que ha tenido Ecuador desde que es República.

Así, fue muy común ver en esta década cómo se atropelló a la dignidad de las personas. ¡Ay de aquel que caía en boca de los canales de los Isaías! Su buen nombre quedaba por los suelos, su prestigio era victimado, su imagen era asesinada.

Con repetidos y supuestamente “bien” elaborados mensajes, se atropellaba a la justicia informativa para acusar, actuar de juez y juzgado, y sentenciar sin derecho. Los nombres de los victimados como Juan Falconí, Carlos González, Óscar Ayerve, los Comisionados de la Anticorrupción, fueron acusados con frecuencia de varios delitos, y ahí no operaba el debido proceso si no se estaba a lo dicho en los canales vinculados, que se convertía en palabra suprema.

Para defenderse de los casos judiciales desde dichos espacios de la prensa “libre” no repararon en qué método utilizar, sea este el supuesto “reportaje de investigación”, o el “editorial” de impacto. Para los dos prototipos de periodismo la ética periodística era mal usada, total se podía decir lo que quiera, acusar a quien sea y, finalmente, sentenciar a cualquiera, sin que jamás se permita una respuesta de contraparte.

Nunca en la historia constitucional de la nación, entre 1998 y 2008, se violentó con tanta arbitrariedad del Derecho de réplica, que garantiza a una persona la posibilidad de responder a las injurias, calumnias o distorsiones. Simplemente, en los canales vinculados al caso Isaías jamás se lo aplicó, nunca una persona ofendida tuvo derecho a responder por las ofensas transmitidas.

Como se sabían inmersos en un grupo donde los otros medios de comunicación también tenían negocios vinculados, viendo que en los otros canales de televisión se transmitían noticias referentes al caso Filanbanco, con la intención de silenciar a esas voces se optó por el conflicto como norma para tratar de sindicarlos en supuestos malos negocios.

De eso se vivió buen tiempo, del chantaje a los otros medios. Así: a Diario El Universo le trataron silenciar por la relación inexplicable con una mala construcción de la terminal terrestre de Guayaquil, a la cadena de televisión Ecuavisa se le involucró en un escándalo por la mala contratación de las guías telefónicas con su empresa gráfica Senefelder; y a Teleamazonas se le envolvió en estelas de duda por la pertenencia al Banco Pichincha.

La destrucción de la honra de sus propietarios no quedó salva en la relación con los canales, sean los hermanos Pérez Barriga, o Xavier Alvarado Roca, no importaba, para los canales vinculados, si había que nombrarlos en algún “señalado mal negocio” pues se lo hacía. ¿Respeto?, No. Esa palabra no existió en el lenguaje del abuso por la “libertad de excreción”, peor si de la dignidad humana se trataba, como con Jaime Mantilla Anderson, propietario de Diario Hoy, que fue el caso más sonado, pues explotando el morbo de un supuesto lío sentimental llegaron al extremo de casi destruir su integridad matrimonial, sin respetar a su esposa, hijos, padres o familia.

El punto crítico de este tipo de agresiones fue con el Banco Pichincha y su propietario Fidel Egas Grijalva, a quien le han perseguido con rumores de una supuesta quiebra del banco, con tan graves ribetes que desde las simples versiones, pasando por las bromas macabras más gastadas en los programas cómicos de los canales vinculados, hasta llegar a los extremos de obligar a acciones de Estado como la traída urgente de $ 300 millones de dólares en avión para pagar y frenar una corrida bancaria, lo que luego fuera “sacado en cara” por el ex presidente Lucio Gutiérrez a Egas, previo a su caída del 20 de abril del 2005, eran parte del resultado de esas irresponsables acciones. Hasta la propia Iglesia Católica de Ecuador tuvo que intervenir para lograr una “tregua” entre los dos grupos económicos que se jugaban en las pantallas con la estabilidad financiera de la nación.

Y como el sentido del abuso partía de sus cabezas, se extendió hacia todo su cuerpo informativo, por ello se ha sobreexplotado la visión necrológica de sus noticieros saturando del morboso estilo de la crónica roja, que no respetó la dignidad de “la violada del día”, el “muerto de los quince minutos” o el “asesinato de la hora”. Los reclamos de los familiares de las víctimas, los afectados de las versiones canallescas de TC o Gamavisión a la hora de contar los crímenes nunca tuvieron oportunidad de ser escuchados, y se cuentan por cientos. Para ellos no hubo defensa de la ley o del derecho, como tampoco se tomaron en cuenta los criterios ilustrados como los sesudos estudios que se hicieron sobre el culto a la violencia y la instigación o la apología del delito que se promovieron en tales canales.

Tan desventurada acción contó siempre con el silencio cómplice de los gremios de los medios de comunicación. La AEDEP, hoy tan preocupada por la salvaguarda de ese tipo de “libertad de expresión”, nunca dijo nada por estos abusos; jamás se pronunció por la dignidad de los ciudadanos ante esa infamante forma de “hacer periodismo”, ni aun cuando se trató de sus propios afiliados como Mantilla Anderson, Pérez Barriga o Alvarado Roca. Pecaron de omisión, callaron por cobardía.

La agresividad del maltrato, la salpicadera de corrupción que promovieron desde los canales de los Isaías Dassum hizo saltar en pedazos a su propio gremio. Los ejecutivos de los canales agredidos no tardaron en manifestar su repulsa por la presencia de los canales vinculados en la Asociación Ecuatoriana de Canales de Televisión (AECTV), que se quedó con dos socios: Gamavisión y TC, los demás, Ecuavisa, Teleamazonas, y otros decidieron desafiliarse, el gremio ahí murió. Mientras los canales regionales y locales, 43 en fila, hicieron otra asociación sin la presencia ni presión de los representantes de los ex banqueros prófugos. Y por ello, cuando cayó la incautación la AECTV no pudo ni podrá decir nada.

La imagen del trabajador de TC llorando, que reclamaba: “¿Por qué me dejan sin trabajo?”, fue digna de consideración por el público, que en diversas voces se alzó a proteger y reclamar por la estabilidad y dignidad de los empleados de los canales incautados. Sí, hay motivos hasta humanitarios para reclamar por ellos, pero no debe olvidarse la historia tejida atrás de los telones montados y las escenas que hoy se nos muestra.

La campaña de agresión mediática de los canales vinculados, Tc, Gamavisión y Cablenoticias no la ejecutaron los Isaías Dassum. Para ello, contaron con un apreciable número de especialistas contratados, de entre ellos: los vicepresidentes de noticias, directores de noticieros, periodistas, redactores, editores, reporteros, camarógrafos y hasta los animadores de programas de todo tipo, se sumaron a la causa de “defensa” de los banqueros prófugos. Ellos no solo cumplieron órdenes, sino que, en algunos casos con una brillantez de su mente, digna de mejor uso, se esmeraban en cumplirlas y hasta ir más allá de lo que los Isaías querían, para emitir al aire cualquier tipo de versiones, por irresponsables que fuesen, o por violatorias de ética con tal de que se prestasen a sus fines. Sí, ellos fueron, con toda la culpabilidad del caso.

Fueron varias las ocasiones en las que charlé con los colegas y compañeros empleados en tales canales y para tales menesteres preguntándoles por el lado moral de esa manera de “hacer información”. Muchos de ellos no disimulaban su gusto por tener que defender a los Isaías Dassum, aunque sea de ese modo. Sabían que hacían mal, que negaban la opción a la réplica a los afectados, pero igual argumentaban que había que “defender a sus papis (así los llaman algunos empleados) y al canal” de sus agresores, considerándose que ellos no habían incurrido en falta alguna, sino más bien que el Ecuador debía agradecerles que pongan al aire semejantes deshonestidades.

Muchos de quienes trabajaron y trabajan en TC, Gamavisión o Cablenoticias, en los años del 98 a la fecha, en esta larga década, sabían y fueron condicionados a defender la causa de los banqueros prófugos. En más de una de las contrataciones se anticipó a quienes manejaban figuras de contenido o pantalla a sumarse en forma obligatoria a los conceptos o términos de respaldo para el caso Isaías Dassum, y lo sé porque cuando fui llamado hace años atrás para volver a la televisión en uno de esos canales, les dije frontalmente mi oposición a este tipo de actuación y mal uso de los medios de comunicación, exigí el cambio de línea editorial y respeto a la ética profesional Por supuesto, no fui aceptado por ser “un comunista tan radical y fundamentalista en exigir tal posición”.

Conozco de cerca que cuando un periodista o algún personaje clamaban por el respeto a la “cláusula de conciencia”, pues simplemente terminaban su contrato, si es que algo había firmado y listo. Ahí la libertad de expresión o pensamiento eran violentados a diario, y nadie dijo nada. Solo silencios y humillaciones fueron los más evidentes cuando desde los despachos de los vicepresidentes de noticias salían las disposiciones de atacar a tal o cual, de impedir que hable o reaccione y sumar las “listas negras” en tales medios para no permitir el uso del derecho a la defensa.

Me pongo a pensar en mis compañeros y colegas de estos medios que están pasando por un tiempo difícil, donde su estabilidad laboral debe ser sostenida por su capacidad de trabajo, pero quizás no por el peso de sus conciencias, por todo lo que hicieron contra los demás para defender a los Isaías Dassum. Tal vez nunca pensaron que con sus notas ofensivas ponían en riesgo la estabilidad de los otros trabajadores de los otros medios, así como tampoco se debe haber reflexionado en el daño que le hicieron a la honra nacional, del Estado, de sus ciudadanos o de las familias de los ofendidos. ¿Vale la pena reclamarles de eso? Quizá sería mejor no olvidar, para que no vuelva a pasar, pero en el tiempo del video, del VCD o el DVD, las grabaciones quedan.

Puedo decir que entiendo muchas de las humanas razones que se puedan ahora mostrar por parte de mis colegas en comunicación, ya que siendo esta la única profesión en dependencia no sé hasta dónde se podría protestar por los atropellos a la razón y la verdad de los ejecutivos de tales noticieros en los canales; a fin de cuentas, la defensa del pan muchas veces sacrificó a la honra.

Pues bien, queda en claro entonces que en el caso ecuatoriano es pernicioso para la moral pública que los banqueros tengan canales de televisión, y peor si están en conflicto, porque los medios de comunicación son usados en forma siniestra, sin importar a cuanta dignidad personal o ética profesional atropellen.

Y si algo más debe añadirse es que en Ecuador la defensa de la honra y dignidad arrasada por los medios de comunicación, por periodistas o propietarios de los canales de televisión, periódicos o radios, no es un derecho que se repute de respetable.

Ahora, con todo este desastre provocado desde los canales vinculados, es claro que el Estado ecuatoriano quedó en una especie de “indefensión” porque la libertad de expresión fue usada para defender escándalos y conflictos judiciales, y destruir honras personales, convirtiendo en comisarías y juzgados a las estaciones televisivas de este grupo económico poderoso. Entiéndase como Estado no solo al gobierno sino también a los ciudadanos, sus instituciones y sobre todo sus derechos fundamentales, todo esto fue afectado.

Si se quiere una muestra mayor del estado de indefensión en los que cayó el Estado ecuatoriano, con el conflicto con los Isaías, pues fíjense en la actuación de la institución de una justicia prostituida que se “administra” entre jueces y juzgados de la República, donde no hay ni una sola sanción o sentencia en contra de los injuriadores, calumniadores o difamadores de tales medios de comunicación. El derecho penal quedó refundido entre el miedo que colmaba a los supuestos magistrados, que nunca accedieron a frenar con las leyes los abusos cometidos.

Enfrentando el tema con total honestidad puedo decir frontalmente que no quiero esa “libertad de expresión abusada”, porque se convirtió en el libertinaje más disoluto de la información, en un proceso purulento de libertad de “excreción” que nos arrojó a todos en la cara las miasmas de lo peor del periodismo, del abuso de los medios y la más dañina de las acciones contra la democracia. No, no quiero, y por favor, pido que no se permita que, con el pretexto de libertad de expresión, se vuelva a ese pasado oprobioso de una década humillante.

No es válido amenazar con la “campaña internacional” contra el Estado ecuatoriano por supuestas futuras acciones de violación a la libertad de expresión y que para tratar de enfrentar este fenómeno vivido se parta con una especie de “decreto del olvido”. Que nadie olvide la cantidad de ofensas emitidas por tales canales, ni tampoco a los ofensores. Que el peor castigo sea la memoria colectiva de lo que hicieron, de lo que mintieron, engañaron y ofendieron, de todo lo que tergiversaron y falsearon la verdad. No podemos aceptar el justificativo mediocre de “lo pasado, pasado”. No, con la impunidad no se debe tranzar y con la corrupción tampoco.

Asumiendo una especie de sentimiento de culpa social, porque les dejamos hacer todo estos a los canales vinculados, ahora debemos enfrentar el remedio con esa misma óptica: la de la responsabilidad colectiva.
Para empezar, que nunca más veamos este tratamiento indigno del periodismo como un “acto normal”. Protestemos, reclamemos, denunciemos; la comunicación social es un amplio espacio donde podemos enfrentar y denunciar a los abusadores de los canales vinculados, que pretenderán seguir con esta política de injuria y ofensa, bajo el escudo de “libertad de excreción” a la que se ha y nos han acostumbrado.

Se debe frenar el espíritu belicoso que queda en algunos de quienes hasta ayer fueran empleados del Grupo  Isaías para que nunca más vuelvan a usarse a los medios de comunicación para generarnos tanta infamia colectiva y, si no basta la con la palabra empeñada en el reclamo, acudir a la acción legal para que la difamación no vuelva a convertirse en su arma favorita, nunca más; y habrá que estar listo a enfrentar en los tribunales de justicia a cualquier calumniador, para que no venga a faltar a la honra, ni a la propia como tampoco ajena. Que no se sientan escudados en la impunidad hasta aquí reinante en esos canales vinculados.

Lo otro, que tampoco permitamos que el espíritu de gobierno, salpicado por el fenómeno del insulto y la injuria, afecte a estos canales, a los cuales queremos verlos recuperados y no sumiéndose más y más en el fango de la ofensa y el abuso en el lenguaje. Nunca, en ningún momento y ni por asomo mirar indiferentes que se vuelva a manipular a estos medios para cualquier fin.

Hay que asumir además la opción de la exigencia frente al gobierno de Ecuador para salvaguardar el verdadero respeto a la libertad de expresión del que deben gozar y disfrutar, así como bien utilizar de dichos canales de televisión. Una imagen seria de respetabilidad es la que merecen esos medios y las decisiones que sobre el tema el régimen adopte van directamente relacionadas con esa oportunidad de recuperar ese espacio para el real ejercicio del periodismo objetivo y honesto.

Con relación a los colegas, compañeros trabajadores de los ex canales de los hermanos Isaías Dassum, sería interesante encontrar en ellos el sentido de la reivindicación. Muchos han admitido que se cometieron estos errores, muy graves algunos de ellos, pero también quieren y sienten la necesidad de buscar un nuevo momento. Pues bien, habrá que enfrentar el tema aceptando que ahora sí hay libertad expresión aplicable a tales canales, ahora sí se puede mirar un trabajo periodístico sustentado en la verdad, con el debido equilibrio, con la adecuada justifica informativa y, sobre todo, sin las presiones a los periodistas para que defiendan a los Isaías Dassum, a que falten a la verdad y ataquen a las personas.

¿Cómo salvaguardar la libertad de expresión en TC Televisión, en Gamavisión y Cable Noticias?, pues a los colegas les corresponde hacerlo con su trabajo, con un respeto por la profesión de manera digna y decente; a ellos y al Estado en conjunto les toca asumir un papel trascendente en estos medios para garantizar ese derecho ciudadano. Eso, lo veremos día a día, y hay que estar atento.

Como lección amarga de lo vivido, que nunca más los medios, líderes de opinión y Estado nacional nos volvamos cómplices de este tipo de comportamiento doloso contra la libertad de expresión. Tenemos que perderles el miedo a los “poderosos medios de comunicación y periodistas abusivos” que con este tipo de acciones delictivas han provocado desastres en la comunicación y el periodismo del mundo y más con el Ecuador nuestro, pero –admitámoslo– porque lo hemos permitido. Callar nos costó esto, considerar común al abuso nos sometió. De eso, ¡nunca más!

Que los gremios de la comunicación, que tanta complicidad guardaron y ahora gritan de manera desproporcionada para salvaguardar esa “libertad de excreción” no vuelvan jamás a tolerar que en sus medios de comunicación insulten y ofendan en sus espacios en contra de las personas para defender sus intereses empresariales. Que sepan parar a tiempo cualquier campaña de “asesinato de imagen” contra todo ser humano que es victimado por oponerse a la trafasía de los medios y sus propietarios. Que deje de imperar el sentimiento abusivo del “que los derechos de la prensa están por encima de las personas” como se pregona desde ciertos empresarios y empresarias de la comunicación privada del Ecuador. De eso, ¡nunca más!

Y finalmente, que tengamos la valentía de decir esto también a la comunidad internacional: Ecuador, admitiendo lo duro del pasado, tiene que salir de esto con valor y entereza, y que nunca más vamos a tolerar el abuso a la libertad de expresión, porque como sociedad nos ha asesinado en nuestra moral pública. Que esto también lo sepa el mundo, porque esto, “ya es historia”.

ECUAMEX
Agencia Electrónica de Noticias de Ecuadorinmediato.com

FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, Abogado
Director del Sistema Informativo  Ecuadorinmediato.com / Agencia de Noticias Ecuamex.
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