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Edición #4866 |  Ecuador, domingo, 24 de junio de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
urgente

¿PODRÁ SOPORTAR EL CHANTAJE“

2007-03-23 07:54:07
Análisis
10590

ECUAMEX / FHA

Cuando se dio la posesión de los 21 diputados suplentes en el Congreso Nacional de Ecuador, la mañana de este 20 de marzo, la sensación de tranquilidad que invadió a muchos sectores no podría ni debería ser compartida por el Gobierno del Presidente Rafael Correa, porque si se entiende bien la lógica de lo conseguido, al tiempo de dar "solución" a un problema y reabrir el Parlamento, la carrera del chantaje se habrá iniciado y al parecer no tardará mucho en cobrar las deudas.
No pasaron sino horas, aunque parezca raro, sí… horas, para que se denuncien ya desde las mismas filas del Congreso reabierto el “chantaje” que habrían comenzado a exigir los diputados suplentes, ahora principalizados. El diputado del Movimiento Popular Democrático, Gustavo Terán, dio el “campanazo”, al detallar que las exigencias de los recién instalados iban desde las comisiones legislativas, hasta la vicepresidencia, en una disputa silenciosa pero a dentelladas por el “tronchaje”.

No es de extrañarse que esto se esté dando en el negocio político, al cual se sometió al país por parte de una clase política dirigente que ha vivido de ese tipo de actividad y que se ha convertido en su forma de supervivencia. El chantaje político es parte de la historia nacional en la relación entre oposición y gobierno; la traición es el modo y la prebenda es el pago.

Históricamente hablando, los gobiernos en Ecuador, en especial en este último tiempo en que hemos vivido con la reinstalación de la democracia (1979-2007), o se someten al chantaje, o se caen.

Cabe recordar, entonces:

Roldós tuvo que pactar en el Congreso con el escandaloso camisetazo del diputado Clavijo, para librarse de la oposición de los “patriarcas de la componenda” encabezados por su tío político Asaad Bucaram. Oswaldo Hurtado enfrentó el chantaje del “bloque roldosista” de esos días, con el canje de las aduanas o con el “tronchismo cefepista” del profesor De La Cadena. Febres Cordero tuvo que “hacer de tripas corazón” y “virar” al diputado Chérrez”, quién sabe a qué costo, para aceptar a Averroes Bucaram en su mayoría congresista que buscó salvar a toda costa al difunto Robles Plaza por la violación escandalosa de los derechos humanos.

Rodrigo Borja tuvo que violentar la relación con el Congreso, y prácticamente sacar a rastras al presidente del Parlamento, nuevamente Averroes Bucaram, para poner en su puesto a un honorable como el extinto socialista Edelberto Bonilla. Era septiembre de 1990, y la Izquierda Democrática había perdido en elecciones intermedias la tan mal utilizada mayoría legislativa absoluta con la que llegó dos años antes.

Durán Ballén debió acogerse al “contrato colectivo” con su ex partido el PSC, y cuando lo denunció Alberto Dahik, este tuvo que salir en fuga del país, iniciando con ello el proceso del “tumbar” presidentes y dignatarios desde el Congreso o desde las Cortes, como cosa simple y fácil.

A Abdalá Bucaram no le chantajearon, no hubo tiempo: a él le botaron, con la vergüenza histórica del “parte siquiátrico” emitido por el grupo legislativo, del que mucho se habla y poco se sabe cómo se formó; y ni hablar de Jamil Mahuad, que fomentó un Congreso en connivencia para promover la creación de la AGD y decretar el feriado bancario, y luego, cuando se negó a seguir “instrucciones” de la partidocracia, cayó en redondo.

El último capitulo de la “chantajecracia” la soportó Lucio Gutiérrez, que formó varias mayorías móviles, hasta que la última le “tumbó” la Corte Suprema de Justicia y le trajo de vuelta a Bucaram y Dahik como coto de caza en condición de precio, cayendo del cargo, como consecuencia de haber cedido.

Lo que ha ocurrido ahora no puede ser diferente; nada indica que las ideas como los comportamientos han cambiado, por lo que el Gobierno de Ecuador puede haber cedido a un futuro provisto de chantajes, que bien le puede estar costando caro.

Los “nuevos” se saben fortalecidos por varias debilidades de la política ecuatoriana.

Para empezar, salen de las filas de los partidos donde el control sobre los militantes y simpatizantes o es nulo o es fácil de eludir con una declaración de caso omiso a las directrices del partido. En segundo lugar, los diputados “suplentes” siempre han sido los de servicio, de “segunda mano”, los guardaespaldas y asistentes, por lo que, sabiéndose escogidos en forma de relleno por los gerentes propietarios de los partidos, pues nada les pueden exigir a esta hora en que se los ha principalizado, ya que no contaban a la hora del ejercicio del poder real, entonces ahora saben que pueden cobrar caro por salir del anonimato.

También es cierto que en este momento de crisis política, la deuda que los partidos políticos tienen con el país por hacernos elegir a “cualquiera” que ponían en las listas para diputados, la van a tener que pagar, porque justamente lo que pusieron en condición de suplencia no era lo más brillante ni lo más confiable. Se entiende entonces la razón de las cúpulas partidistas para evidenciar una clara resistencia a principalizar a los suplentes, porque no pusieron a “sus mejores”, y ahora ya no los controlan.

Otro factor que pesa a favor de los “principalizados” es la sensación de “ser necesarios”, de haber ayudado a solucionar un problema creado por los dueños de sus partidos, a los que dicen representar. En efecto, ese alivio momentáneo, esa sensación temporal que dio ver a los 21 jurar que defenderán las leyes y sus funciones, pues es un factor que contribuye a fortalecer su imagen para poder justificar su acto, así como para poder enrostrar con el paso de los días a la memoria colectiva de que “si no fuera por ellos” no se habría dado paso a una solución “política” a un relajo jurídico armado en el Congreso Nacional.

Entonces, no es extraño que ni bien ha pasado la hora del tumulto, los posesionados hayan iniciado el cobro de las deudas de la principalización, ya que, sabiendo de dónde vienen, de qué partidos son originarios, entonces: “no hay lección mejor aprendida que aquella que se repite en los hechos, evitando los errores anteriores”.

El Gobierno de Ecuador, a partir de la toma de juramento de este martes 20, tiene que vivir o enfrentar el chantaje; al mismo se lo verá de un momento a otro, en la condicionalidad del voto en cualquier proyecto, en la exigencia de ubicación en el espacio a favor o en contra del régimen, o en la amenaza constante de que los principalizados “volverán” a sus partidos, con lo cual se reviven las prácticas de la “política celular” que dicta la “orden del día” en las filas de los congresales.

Pronto se sabrán de las novedades que les propondrán los principalizados. Si ayer las exigencias fueron por “seguridad”, mañana podrán ser por “estabilidad”, pasando por la “gobernabilidad” y, quién sabe, más tarde quizá por la “sostenibilidad” del régimen.

Preocupa el hecho de que el Gobierno tenga o no las respuestas y posiciones ante tal chantaje evidente, y hay que dimensionar el espacio y tiempo para esas respuestas, ya que de las mismas dependerá el futuro de la relación entre el régimen y el grupo de diputados, ahora empoderados de un nuevo cargo, al cual le querrán sacar un sustancioso rédito.

No podrá olvidar el Gobierno el factor moral para sostener una relación de distancia-vinculación con los principalizados, ya que debe definirse en forma exacta los límites y los alcances de esta nueva presencia de los diputados. ¿Y porqué es importante ese factor?, pues porque si para titularizarse alteraron su promesa con los partidos que les dieron el cargo, ¿Qué le garantiza al régimen que mañana no le hagan lo mismo a ellos? No podrá entonces reclamarle algo el Gobierno a esta mayoría “movediza” que a partir de hoy circulará a dos bandas, entre la cooperación camuflada o la oposición disimulada también.

Algo más. Esta vez ha sido la opinión pública la que ha presionado y con justa razón para que se sancione a los legisladores “destituyentes”, sentando un precedente valioso: que no puede quedar en la impunidad los actos violatorios a la ley del Congreso Nacional, por mas función del estado que sea. Si los principalizados vuelven a las andadas, tras haber entrado en buses contratados, a horas de la madrugada a posesionarse como “alternativa”, ¿Se podrá volver a sacarlos de sus cargos, desde donde pueden cometer nuevas trafacías?, la respuesta es la duda, el escepticismo y hasta la frustración, así que cuidado con ello.

La pregunta esta lanzada como reto, no solo al régimen sino a todo el sistema político nacional en el que estamos todos envueltos, sea como gobernantes, sea como ciudadanos: ¿Podrá soportar el chantaje?; compro entradas para ver el espectáculo.


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ECUAMEX
Agencia Electrónica de Noticias de Ecuadorinmediato.com
FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, Abogado
Director del periódico Ecuadorinmediato.com, y la Agencia de Noticias Ecuamex.
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