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Edición #4866 |  Ecuador, miércoles, 17 de enero de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
urgente

¡DÉJENLO RECTIFICAR...!

2007-01-22 22:20:09
Análisis
9960

Ecuamex / FHA

Uno de los penosos procesos que se vive en forma constante en Ecuador es: ver al gobernante preso de sus palabras como de sus errores; y quizás por ello es que no se le permite recular en sus pasos, corregir sus actos, reconvenir sus palabras, es decir, no le permitimos nunca rectificar. Pero ha llegado el momento, es el punto inicial, es la ocasión más propicia para que el la nación diga y repita una vez más: ¡déjenlo rectificar, al Presidente, déjenlo rectificar…!
Sí, el Presidente Rafael Correa Delgado, con solo una semana en el poder, ha demostrado que sabe fallar, que no tiene todas las palabras consigo, que no todos sus conceptos son los acertados y que no estaba listo para poner en vigencia su plan bandera.

El primer mandatario encabezó en la campaña la consigna nacional: “Urgente, Asamblea Constituyente”, y el Ecuador le aceptó, le creyó y le colocó en la Presidencia de la República.

Tras arribar al cargo, la promesa formal del Decreto 002 se iba haciendo efectiva todos los días que pasaban mientras estaba en condición de presidente electo. A fin de cuentas, esa promesa de campaña tenía que hacerse realidad con la asunción al poder, y el primer ciudadano de la nación fue preparando a su país para la firma del llamado a consulta popular, con todas sus palabras de por medio se construyó en el imaginario colectivo que la Asamblea Constituyente era lo primero y lo primordial del gobierno de Rafael Correa.

Por todo eso la nación supuso que estaba preparado para tal llamada, que su discurso tenía como base y sustento una combinación grata entre lo legal con lo ciudadano, es decir, que el Presidente Correa había logrado captar el mensaje para definir entre lo que debe ser garantizado como derecho y la aspiración de la colectividad para que conste en un nuevo esquema del estado nacional.

Se hicieron grupos de consulta, el gobierno en proceso de ascenso discutía los parámetros de la convocatoria, mientras en las calles, en las comunidades, los grupos sociales se organizaban para respaldar esa promesa esperanzadora. Para todos en general brillaba la expectativa de una nueva propuesta para hacer un espacio digno de discusión, una asamblea de definición, un foro de enrumbamiento, Es decir: reglas claras para una constituyente clara.

Pero tal parece que el designio inicial no tenía esos planes tan ciertos, ya que en el camino de llegada se cruzó el “Dan Carlton” y toda una serie de acuerdos, de pactos con los enemigos, de cercanías con la “partidocracia”, de perdones disimulados con el enemigo y sobre todo, de acuerdos no revelados.

Esta latiendo todavía el interrogante del ¿Qué se acordó la noche del 10 de enero de 2007 entre el Gobierno del Presidente Rafael Correa y el grupo del ex Presidente Lucio Gutiérrez?, nadie lo ha dicho, pero los resultados parecen revelar verdades no desnudadas, que se van haciendo efectivas a cada paso que se da en la tumultuosa política ecuatoriana.

La presentación del Estatuto para la Convocatoria a Asamblea Constituyente se convirtió en un documento de marras, al que todo el mundo le encontró fallas, al que casi todos le ubicaron carencias, del que todos se sintieron marginados o marginales, y que del cual casi todos se sintieron insatisfechos.

Más de una voz se alzó contra la propuesta, sea para reclamar, sea para pedir correcciones, sea para eliminar lo planteado o pedir la suspensión de la propuesta. El régimen se vio sorprendido que su plan bandera no sea tan popular como parecía, y menos se esperó que sus propios aliados, los que le apoyaron tanto, ahora casi se han vuelto en contra, en un juego de poderes que le convierte en perdedor al que propone, por el mero de hacerlo.

El régimen ha dado la impresión de actuar al apuro, de tener prisa por cumplir las propuestas de la campaña, y quizás en ese tráfago entregó un documento que tiene carencias legales, jurídicas y políticas, notorias, profundas y de severa contradicción con lo que aspiraba el ciudadano.

Se nota a leguas que el régimen no lo sabe todo, y que esa arrogancia inicial de conocer muy de cerca el camino para el cual nos llevaría a la Asamblea ha caído en el desconocimiento y la invalidación de lo que muchos de los ciudadanos quieren: participar en igualdad de condiciones, con respeto y legalidad, sin esguinces ni contradicciones.

La primera huella del autoritarismo del régimen del presidente Correa fue dada a día seguido de la entrega del estatuto: “No vamos a cambiar nada, se mantienen las condiciones de la convocatoria”, ha dicho el Ministro de Gobierno Gustavo Larrea, cerrando la primera puerta, echando al cesto de basura los reclamos.

Pero, en cuestión de días, sino de horas, el Presidente Rafael Correa ha dicho este sábado que sí va a cambiar el Estatuto, que va a remitir un adendum al documento, con el fin de acoger las exigencias ciudadanas y, nuevamente da ciertas pautas de lo que serán los cambios, de entre los cuales cuenta con la “buena fe” de la “partidocracia” a la que le pide voluntad para acoger la exigencia de igualdad de condiciones con los ciudadanos.

El Ministro de Gobierno, Gustavo Larrea, encargado de canalizar el proceso, en entrevista pública con Carlos Vera, este lunes 22, evidenció que se darán cuatro cambios, todos ellos acogidos del espacio ciudadano, es decir, hay la voluntad de cambiar, de rectificar.

Ahí viene lo grave del hecho:

Es necesario que se rectifique lo planteado, sin que se satanice este cambio.

Cierto es que el grupo que hoy gobierna atacó con furia a su hoy socio -desmentido muchas veces- Lucio Gutiérrez, cuando inició su gobierno. Muchos de los voceros del actual régimen llenaron las planas de los periódicos y los micrófonos de las radios con los ataques a su condición errática de “rectificar”; hay muchas versiones como criterios que en su momento los acusan, tanto como el apodo de “rectificadora” que le pusieron en ese instante.

Quizás, si no se hubiese satanizado tanto el deseo de rectificar en ese instante, no hubiésemos lamentado los siguientes errores que nos costaron la historia que hemos vivido.

Cierto es que, tal como esta el debate político en el País, rectificar puede volverse en contra de ellos, entre lo que dijeron y ofrecieron en campaña, volviéndose prisioneros de sus promesas, esclavos de sus palabras.

Pero es necesario rectificar, y es indispensable que la nación lo permita, es decir, hay que llegar al consenso unánime para el Presidente Rafael Correa, al grito del “¡Déjenlo Rectificar!”

No es válido que a pocas horas de anunciado el cambio ya hayan saltado las voces de censura a gritar en contra de la “rectificadora Correa”, cobrándole una deuda a sus palabras. Eso es a todas luces pernicioso, negativo e innecesario.

El Presidente debe tomarse esta como una nueva oportunidad, y valdría la pena que sopese los tiempos.

Ante todo, en el ánimo del país esta aceptada y con una mayoría altamente confiable, que la Asamblea Constituyente es válida, por lo cual ese no es el punto a cambiar. Pero, si lo es el estatuto, por lo que el mandatario debe sacar el manejo y correción del mismo, de la Comisión Redactora de su grupo político, que fue la que preparó el documento erróneo.

Sí, debe sacarlo y, comenzar a ubicar en ese punto exacto el consenso adecuado, porque allí está la discusión, en el como y no en el que.

No estaría demás que el Presidente y su Gobierno se tomen su tiempo; que cambie el Estatuto, que lo mueva, que lo enmiende, y si es necesario: pues, haga caso a los constitucionalistas, consulte a los abogados, busque a los especialistas en reglamentos electorales, si los hay en Ecuador y si es necesario, sea radical y CAMBIE EL ESTATUTO EN SU TOTALIDAD.

Sabido es que hay un decreto ejecutivo en debate en el Tribunal Supremo Electoral. Pues no deje de lado la opción de suspender por un instante, por un momento, ese trámite, cambiándolo con otro decreto, para lograr que se canalice de mejor forma su voluntad de cambio. Eso es aceptable, válido, tolerable, consensuable.

Aquí vale la pena pensar en que no es necesario medir la popularidad si se enmienda; que no es válida ni la comparación ni el peso de la imagen. Una enmienda de un proceso es mejor antes que después; una corrección es válida a tiempo, no cuando se han dado los fracasos, una adecuación es mejor cuando se está construyendo la historia, no cuando se ha terminado de escribirla.

El primer mandatario ha denotado con su intervención del sábado 20 que puede y debe recular por un momento en sus intenciones, para no sacrificar el objetivo. Bien por ello; ahora, debe la ciudadanía, los movimientos que lo apoyan, olvidar por un momento lo que se dijo, lo que se ofreció, para avizorar la voluntad de cambio.


Finalmente:

Que el mandatario reflexione severamente en este siguiente paso. Que la rectificación sea válida, que concrete sus objetivos, que de la medida apropiada y que logre el consenso adecuado.

Si se logra con la rectificación un paso adelante, entonces se puede acotar como válido el adagio popular que marca la talla del ser humano, al decir: “Un Estadista sabe Gobernar porque sabe entender y sabe cambiar”.

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ECUAMEX
Agencia Electrónica de Noticias de Ecuadorinmediato.com
FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, Abogado
Director del periódico Ecuadorinmediato.com, y la Agencia de Noticias Ecuamex.
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