Donaciones
EL PERIÓDICO INSTANTÁNEO DEL ECUADOR
Donar
Conozca más
Edición #4866 |  Ecuador, sábado, 22 de septiembre de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores

ECUADOR: CELEBRANDO EL “ASCO NACIONAL”

2006-04-27 09:21:43
Análisis
10192

Ecuamex / FHA

Desde este pasado 21 de abril, justo un día después de cumplirse un año de la caída del ex presidente Lucio Gutiérrez, todo lo que se ha vivido esta siendo declarado en run-run colectivo ecuatoriano como el "tiempo del asco nacional", porque se recuerda con vergüenza a la "revuelta de los forajidos" como una historia innegable de traiciones, manipulaciones y utilización de las masas para volver a instrumentalizar el poder que estaba en otras manos, cambiar de grupo y promover con más fuerza la destrucción del Estado nacional en todas sus instancias.
Quiero definir como punto elemental de partida que uso la expresión de “asco”, tal cual lo expone el idioma castellano, con toda la serie de acepciones existentes. Así, según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, es “una impresión desagradable causada por algo que repugna; hacer afectadamente desprecio poco justificado de algo; ser muy indecoroso y despreciable; ser muy malo o imperfecto, no valer nada; con decisión, sin escrúpulos.”

Y si vamos más adentro de los esguinces en la riqueza del idioma, encontramos como sinónimos de la palabra “asco” a los siguientes términos definitorios: “repugnancia, repulsión, asquerosidad, aversión, animadversión, grima, hastío, antipatía, tirria, manía, nausea, arcada, vómito”

Si regresamos a ver con objetividad lo ocurrido en ese 20 de abril, y medimos las consecuencias del hecho histórico y político a un año de lo pasado, salimos con toda esa sensación de repulsa. Sí, porque nos queda la impresión de una lucha popular más, robada por un grupo de aprovechados que se “hicieron con el poder”. Eso es lo que da toda esa señalada agrupación de conceptos que arriban al asco nacional.

Es un proceso frustrante recordar las jornadas de abril del 2005, no por las mismas y sus hermosos pasajes de la actitud dignificante del pueblo de Quito, Luz de América, no… pero ver como el grupo gobernante y la partidocracia lograron en 365 días convertir ante la desmemoria de la patria el que ser “forajido de abril del 2005” pase de héroe a villano, marcando así a todo aquel que participó de las jornadas de esos días, mientras Quito, de ciudad digna descendió a ser un “reducto” de conspiración que impone su voluntad para “tumbar presidentes” cuando no los quiere y cuando puede, sin que se haya logrado ante la comunidad nacional dar una explicación satisfactoria, deja una sensación que no solo roza la tristeza conjugada con la indignación.

Repulsa, esa es la primera palabra.

Solo basta mirar la escena en la cual la presidenta encargada del Congreso, Cynthia Viteri (PSC), en un inadecuado traje informal, posesiona de manera inapropiada al primer mandatario de un Estado llamado Ecuador, tras un acomodo legislativo que se inventa el “abandono del cargo”, para asimilar con crudeza la frase de que “lo que mal empieza, mal acaba”.

Fue ese momento, justo al asumir el cargo, al ser secuestrado en Ciespal, cuando el doctor Palacio comenzó a “darle la razón” a Lucio Gutiérrez, quien siempre dijo que conspiraba en su contra, viendo que todo lo que se había negado resultaba cierto y que el vicepresidente hacía honor a la dura admonición del doctor Velasco Ibarra, quien afirmó que el segundo mandatario era, desde siempre, “el conspirador a sueldo del estado nacional”. Palacio traicionaba a Gutiérrez, ese era su sino más evidente.

Animadversión es la segunda palabra para el “asco nacional”.

Es en ese extraño “discurso inicial de su mandato” que el destino nacional se embarcaba en un ambiguo camino de promesas indebidas y que jamás se iban a cumplir. Entonces se habló de “refundar al país”, “consultar al pueblo”, “rescatar la soberanía” “asamblea constituyente”, “reforma”, “fin de la dictadura”, “recuperación de la democracia”… recordar eso duele e indigna tras un año, justo un año.

Como no va a generar aversión el que, a día seguido de todo un gran esfuerzo colectivo, se entregaban los cargos a sus “amigazos”, y su ministro de gobierno Mauricio Gándara, junto con su canciller Antonio Parra, tenían el cinismo de declarar públicamente que “tres días antes ellos ya sabían que iban a ser ministros”, por lo que en los peores momentos de mayor ataque a los ciudadanos, ese mismo 20 de abril, ellos corrían a la Notaría a presentar la declaración juramentada de su cargos, en una suprema muestra del arribismo trepador que se aprovechó de la lucha popular para pulir sus particularísimos intereses y hacerse con “el puestito”.

La lista de los nombrados como “nuevos forajidos” llegó a promover el reclamo por la violenta irrupción de gentes que “asomaban” luego de haber guardado silencio, de no haber sido capaces de decir una palabra y más bien, con tintes regionalistas, censurar a Quito y burlarse de ella porque “había puesto los muertos y nosotros los ministros”, entre charlas antojadizas, para luego vanagloriarse de una lucha que no fue suya.

248 cambios en los cargos superiores son la mejor muestra de tal nefasta presencia, con la posesión de funcionarios de casos extremos de aquellos que le pagaron las deudas al Presidente o de los que tenían prontuario en la penitenciaria del Litoral, sumados a los deudores morosos de la AGD, o los que tenían pasados tortuosos y viejas mañas.

Viene bien al caso la tercera palabra: repugnacia.

Sí, ese sinónimo queda claro para lo que vino a continuación. Han sido doce meses de escándalos inusuales. Hubo de todo: falsificación de firmas del presidente Palacio, denuncias de venta de cargos, escape todavía no explicado del edecán Bravo, las denuncias de los contenedores en la aduana, la nueva familia presidencial y sus supuestas influencias, los funcionarios morosos de los bancos, las vergüenzas de la cuota política diplomática de en el exterior, los excesos del canciller Parra, el apoyo del embajador Huerta para la represión policial en México, el manejo tormentoso del presupuesto con el ministro de economía Correa, los ataques verbales a Venezuela de Herrería, el voto torcido por el presidente del BID, las peleas internas del palacio presidencial entre el “círculo obscuro”, las arrogancias para los honores policiales de ministros fatuos o de super secretarios que se sintieron exigidos de mayor ampulosidad para satisfacer sus egos obligando a nombramientos pomposos. Todo eso y más causan reproche interno, de culpabilidad ajena, en todos aquellos que se movilizaron en abril del 2005.

Peor quedan luego del desastroso manejo político con los 9 proyectos de reforma política, cambiada, transformada, corregida, aumentada, negociada y transformada entre los despachos del Palacio de Gobierno hasta llegar al seno del Congreso Nacional. Triste espectáculo dio el régimen, con cinco ministros de gobierno incluidos, para asegurar que se iría a la “Constituyente” porque el Estado es “caduco”, para luego echar al basurero de la historia tan esperanzadora propuesta y apuntalar a ese sistema.

Y claro que genera tirria mirar como se contradice el mandatario y sus ministros, entre el reclamo del irrespeto a los derechos humanos y sociales, con el que se acusaba a su compañero de fórmula cuando aquel fue gobernante, y la forma como se han tratado a esos mismos ecuatorianos. Han callado con silencio cómplice ciertos organismos de derechos humanos, porque subieron a Palacio, ante la violencia con la que se han sofocado los 62 paros y los 9 estados de emergencia dictados para defenderse en cargo, Todos esos actos expusieron de cuerpo entero el carácter represivo del gobierno del presidente Alfredo Palacio, sumado al peor de los caracteres que asume la humanidad en un esperpento de la sinrazón: el racismo, sí, ese racismo en el que cayó el Gobierno de Ecuador para maltratar a los indios, porque “ellos no sabían ni debían saber nada del TLC”.

Se justifica usar como cuarta palabra el sinónimo antipatía, al asco que genera la traición constante de la clase política ecuatoriana, pintada de cuerpo entero en el Congreso Nacional.

Trémulos los legisladores escaparon del edificio de Ciespal. Claro, sabían que habían cometido una acción inconstitucional y que la misma era el resultado de una cadena increíble de violaciones a las leyes.

No asumieron su responsabilidad. Solo corrieron. No era cuestión de formas, pues un lógico sentido de respetabilidad exigida era el que mandaba ese momento al grupo de legisladores, muchos de los cuales habían tumbado la institucionalidad democrática, que cerraron las cortes de justicia, tumbaron el tribunal constitucional, no eligieron Contralor, aplazaron el nombramiento del Fiscal; esos eran los que tenían que asumir una decisión política, no precisamente atropellando las leyes y la Constitución de la República. Aquel espectáculo dio grima.

Pero a tiempo seguido, cuando les pasó el susto, volvieron a sus prácticas usuales. Los pactos, los acuerdos, los negocios políticos, los intereses particulares en juego, han sido el elemento cohesionador, por lo cual truncaron las elecciones de Superintendente de Bancos, destruyeron las leyes electorales, reformaron a su antojo el Tribunal Supremo Electoral, se descalificaron entre ellos en procesos injustificables, abultaron irresponsablemente el presupuesto nacional del 2006 en un monto superior a los $500 millones de dólares para entregar en campaña electoral y llegaron al extremo del absurdo en aprobar la Ley “Huaquillas”, que destruye el sistema tributario nacional, quedándose en el justificativo del “no nos dimos cuenta”, y luego echarse las culpas encima.

La quinta palabra para imponerse al tema del asco nacional es el hastío.

Y no se salvan algunos de los llamados “forajidos” y sus culpas. Muchos de ellos salieron a las calles, empujaron a la gente, promovieron la revuelta y subieron a Palacio, con su grupo de poder, mas luego se fueron a sus casas, a refugiarse en el comentario insano, en el chisme y la correría, en otra de las actitudes irresponsables. No hicieron nada más que eso, comentar, regocijarse de su acto y censurar.

Y cuando han venido los graves hechos que confrontaron a los errores de Palacio y la clase política ecuatoriana, los “forajidos” no dijeron nada. No hablan de las graves acciones de represión violenta en Sucumbíos y Orellana, nada dicen de los muertos y los disparos, de los excesos policiales, de los abusos contra los sueldos de los trabajadores, de los escándalos familiares de la casa presidencial, -tan censurados en Gutiérrez-, de las torpezas diplomáticas de escándalo, de los descalificados y abusivos que llegaron a los cargos con prontuario judicial, ni de las “rectificaciones palaciegas” de las que está lleno el régimen. Y peor aún, cuando a los indios se les ocurrió reclamar por el TLC, entonces les saltó el racismo a flor de piel y pidieron que se los reprima en forma brutal. Entre el silencio cómplice, el comentario absurdo y el ocultamiento mojigato se han repartido los hechos, quedando impregnado en la historia lo que fue y no pudo ser.

Es la palabra manía la que se aplica como sexta para celebrar el “asco nacional”.

Sí, porque a manera de disculpa a todos estos actos censurables, se pierde en el olvido el famoso grito del “fuera todos”, que ahora quiere ser sustituido con un triste “que se vayan ellos, para agarrar nosotros”, en que se ha convertido este tiempo de culpa nacional. Los dirigentes, los nuevos empleados de Palacio, “los renegados del forajidismo”, infectados de la traición, hoy solo hablan de lo que quieren hacer, pero no asumen lo que hicieron. Y gritan con manía “fuera todos”, para seguirse quedando en el espacio que le arrebataron a la institucionalidad, en repulsivo gesto.

Y la séptima palabra tiene a su haber la “arcada” que produce la impunidad que impera en el país, en los días del actual régimen.

No se ha castigado a nadie. Ni un solo inculpado de corrupción preso, ni un solo jefe militar traidor castigado, ni un solo policía torturador enjuiciado. Gutiérrez está libre, los causantes del golpe de Estado también, los agresores del Ministerio de Bienestar Social, los que trajeron a las hordas de matones, los primos y parientes, agnados y cognados del gobierno anterior, los promotores de las contramarchas, los insultadores, todos ellos sueltos provocan esa ingrata muestra de impunidad, generando una especie de nausea colectiva con su sola presencia, como la de quienes traicionaron a los “forajidos” y que hoy siguen actuantes como “líderes de opinión”.

Si se rememora lo que hemos visto la pasada semana en Ecuador, hay la sensación de asco por lo vivido. Sí, así como se lee. No es arrepentimiento. Es rechazo frontal y abierto a los resultados, a los aprovechados, a los traidores, a los que con gazmoñería hoy ocultan lo que ayer gritaban en contra.

Pero como toda palabra tiene sus antónimos, para este caso son: “agrado, gusto, placer, simpatía”.

Y todos estos términos descriptivos, son pocos, pero serán utilizados como calificativos históricos para describir la actuación del Noble Pueblo de Quito, pero solo por esos, por los que salieron a reclamar por su dignidad con honestidad y valentía.

Para ellos la historia sí tiene reservado el reconocimiento profundo de que las grandes causas merecen grandes pueblos, y ellos son los que confrontan a quienes los traicionaron, y con suficiencia han comenzado ya a enrostrar la traición sufrida, celebrando el “asco nacional”.

__________________________________________________
ECUAMEX
Agencia Electrónica de Noticias de Ecuadorinmediato.com
FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, Abogado
Director del periódico Ecuadorinmediato.com, y la Agencia de Noticias Ecuamex.
__________________________________________________
ANALISIS es propiedad de [email protected] 2006
Se autoriza su reproducción citando textualmente su fuente y el link correspondiente: www.ecuadorinmediato.com

Comentarios

Liberación de responsabilidad y términos de uso:

El espacio de comentarios ofrecidos por EcuadorInmediato, tiene como objetivo compartir y conocer sus opiniones, por favor considere que:

  • El contenido de cada comentario es responsabilidad de su autor, no representa ninguna relación con EcuadorInmediato.
  • Usamos la plataforma Disqus para identificar los autores de cada comentario, de tal forma que podamos crear una comunidad.
  • Todo comentario que atente contra la moral, buenas costumbres, insulte o difame será eliminado sin previo aviso.

Este espacio es suyo por favor utilícelo de la mejor manera.