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Edición #4866 |  Ecuador, lunes, 25 de junio de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
urgente

¿PARA QUÉ QUIEREN QUE ECUADOR ELIJA PRESIDENTE“

2006-03-15 08:42:14
Análisis
9594

Ecuamex / FHA

La proximidad de las elecciones, por un lado, y todo lo vivido en este tiempo, por otro, han puesto a dudar hasta al más connotado analista político sobre la actitud del ecuatoriano y su futuro democrático. Es que, en verdad, ante la nueva posibilidad de llevar a un personaje a dirigir los destinos del país, y sometido este a una especie de "torneo de descalificados", surge la necesaria pregunta: ¿Porque quiere la clase política que Ecuador elija Presidente de la República, si igual lo van a desconocer y acabar con él?, lo que abre un abanico de dudas y desesperanzas como respuesta generalizada.
No es exagerado decir que en el Ecuador el próximo presidente no sabrá con precisión qué futuro tiene, porque si alcanza el poder no tendrá ni la más mínima pizca de confianza de sus electores.

Si no se quiere aceptar este aserto, sería bueno que haga usted el siguiente ejercicio: junte usted a más de cinco personas, en su casa, en su trabajo, con sus amigos, en un evento o charla social, y pregunte: ¿Cuál de los candidatos valen la pena para que usted le dé su voto? La respuesta es al unísono: ¡ninguno!

Si hay algo que quedó flotando en el ambiente como una sensación perniciosa, tras los sucesos “forajidos” del 20 de abril de 2005, es que se logró hacer crecer la desconfianza colectiva en la clase dirigente nacional en forma alarmante. El grito del “fuera todos” no fue otra cosa sino el fiel reflejo de la sospecha generalizada de que “todos, absolutamente todos, no valen, no sirven, no deben estar ahí y por lo tanto tienen que largarse”, lo que dejó prácticamente desierto el campo de la dirigencia nacional.

Ni bien alguien asoma con alguna propuesta, idea o iniciativa, de inmediato saltan como resorte las preguntas: ¿qué querrá?, ¿por qué lo hace?, ¿cuánto va sacar de eso?, ¿será que quiere robar?, o ¿cuánto habrá pagado para que le den el cargo?, con lo cual no queda honra pública en pie, ni tampoco es válida -en la boca de muchos de nuestros conciudadanos- la buena intención, el servicio patriótico o la causa del país.

Tal desconfianza es -sin duda alguna- el resultado de la carente autoestima y poca seguridad que tenemos como nación, porque siempre estamos dudando sobre las intenciones de quien busca asumir un papel dirigente. Es más, si hay alguna opción de que el planteamiento sea interesante como nación, y peor si proviene del exterior, le estamos viendo ya con cara de conspiración en contra, como si fuésemos víctimas permanentes de un complot internacional, donde todos se han confabulado para hacernos daño.

Como si no faltara de parte, a este oscuro y triste panorama de desdicha pública se suma el que si hay algún contacto del futuro candidato –a lo que sea, y peor si es a presidente- con el exterior, entonces de su intención patriótica salta la duda a la acusación de “traidor a la patria” que “se ha vendido por centavos”.

Una buena razón que no se han logrado plantear con precisa intencionalidad los intelectuales que piensan en el Ecuador actual es el ¿por qué tanta complicación para dirigir a la Patria?

Quizás nadie lo ha propuesto así tan crudo como lo hace el sencillo ecuatoriano, que habla sin ambages y dice: “lo que pasa es que los políticos solo se pasan en campaña”.

Y eso, que parece una especie de lugar común, repetido en silencio, se convierte en una amarga verdad, que es la que le ha marcado el sino al País, al punto de convertirlo en la imagen de un “esperpento democrático, con una nación de ingobernables, que no toleran la democracia” (sic).

Y es verdad. Este aserto sirve para graficar el pobre concepto del manejo de la política y los políticos en el Ecuador, al punto de verlos en escena con repetida frecuencia, solo en campaña, pensando en el control del poder, así sea de portero, amparados en ambiciones perversas y buscando el beneficio particular de siempre.

“Estar en campaña” de parte de los políticos ecuatorianos es toda una cultura sintomática, alimentada en las más bajas pasiones y en los conceptos mas corruptos del ejercicio de la política.

Ese permanente juego del “estar en campaña” se ha convertido en el peor cadalso de la dignidad, para sacrificar a todo aquel que se le ocurra intentar servir a su nación. No es desconocido que la clase política, que ha obtenido algunas migajas del poder -porque es evidente que no controla todo- defienda sus espacios a dentelladas y solo permita el acceso en pequeños círculos, o a los “elegidos” de su preferencia, pasando de por medio con los atávicos conceptos de racismo, regionalismo, chauvinismo, mientras que con la debida estulticia se alimenta del más bajo oportunismo para “hacer política”, con miras a las próximas elecciones.

Para colmo de males, el Ecuador pareciera estar en un permanente debate, porque los medios de comunicación también “están en campaña”. Sí, con un espíritu utilitario, que da raíting e ingresos, desde los micrófonos, las pantallas o la tinta, se alimenta al país de un espíritu de “carroña política” que sustituye con facilidad el grito a la reflexión y la acusación con deshonra al derecho de ser informado. Así se “hace política” en Ecuador, así se usa el “mercadeo electoral” en manos de mercenarios de la opinión pública nacional.

Y como no puede ser de otra forma, a este tortuoso rosario de misterios penosos se debe añadir con sorna el constante descalificar de la moral entre ellos mismos. Jamás se tolera una alianza, nunca se permite un consenso, en ninguna ocasión se acepta un acuerdo… pero porque la “clase política ecuatoriana” siempre ha actuado con ese nivel de egoísmo y mediocridad. Si su triste papel ha sido “echar basura al resto”, jamás se verá bien que con el paso de los días se acepte que se unan con quienes tanta ofensa se lanzaron, convirtiéndose en esclavos de sus palabras, porque la “culpa de otros” la pagan “los que fueron acusadores”.

Esto es lo que tiene el Ecuador como panorama electoral. Un campo minado donde todos los candidatos –todos, sin excepción- han acusado, han atacado, han censurado, han criticado, han abusado de las palabras y le han vuelto a la población nacional unos contra otros, muchas veces sin razón y en otras sin sentido.

No creo que a estas alturas puedan negar que todos los precandidatos ecuatorianos o sus entornos no hayan pecado de “estar en campaña”, con todos los males que eso implica, es decir: León Roldós, Rafael Correa, Cynthia Viteri, Álvaro Noboa, Damerval, Tituaña, Humberto Guillen, o la ID que -en este último tiempo- se lleva las palmas de la calumnia pública abusando de la inmunidad parlamentaria, sumado al candidato del MPD,Enrique Ayala, Eduardo Delgado,Pachacutik y Gutiérrez, Proaño Maya, Marcelo Larrea, Franklin Yunda, Cesar Rohon, Carlos Sagñay, Carlos Tambo o Carlos Solórzano; Todos (léase bien) todos tienen el discurso destructivo de censurar al país, criticar a los demás, acabar con lo construido y considerarse ellos como los “únicos” para hacer valer su presencia como la “salvación nacional”.

Entre todos y sus partidos han construido ese penoso concepto del “nadie vale”, y han aumentado las divergencias con duros epítetos personales, enrostrando y acusando a la nación de “haberse equivocado en el voto”, con lo cual justifican los golpes de Estado y las caídas presidenciales, en el peor acto de irrespeto del voto popular para -aunque sea manipulando a las masas- hacerse de la presidencia, después de haber perdido las elecciones, porque consideran que el elegido por el voto popular no era “el adecuado” y se “lamen las heridas” lanzando ofensas y acunando traiciones, para luego echar al trasto la democracia que tanto dicen respetar.

Y si algo falta, es la constante destrucción de las instituciones y la violación de las leyes, en las que nos han sometido a toda la sociedad. Pese a que entre ellos se insultan con frecuencia, no es raro ver que los mismos o sus partidos hagan de lado los escombros de la moral que dejan detrás de cada campaña, para “negociar” los cargos en los organismos del estado.

Como se quiere que la nación crea en la democracia que proponen los candidatos, si es lo mismo -absurdamente visto- que lo que ellos, es decir, todos los que están de candidatos han combatido al punto de destruir a esa democracia, sin respetar ninguna noción de respeto por el valor de la estabilidad nacional. Si no es así, ¿Porqué en su discurso no hay al menos una variación de la noción de la moral pública, de ellos o de los que son sus rivales?, o es que acaso solo ellos deben tener la razón para exhibirse en las tarimas, mientras el resto presencia un espectáculo que ya no importa, pero que causa repulsa.

De semejante siembra, ¿que quieren cosechar? ¿Será acaso que la clase política ecuatoriana cree que del “sembrar cizaña” se pueda conseguir frutos nobles?

Tan ingrato es el panorama del “ninguneo” que al ver el listado electoral de “los que tienen posibilidades” se lo puede decir con frontalidad acusatoria: “todos tienen la culpa del grado de inestabilidad que vivimos y la destrucción de la democracia ecuatoriana”, ¡Absolutamente: todos!. Pero, esos son los candidatos, y es que no hay más, o será que es “lo que da la tierra” como diría el pueblo crítico, harto de verlos en el mismo trino.

Y porque la censura: porque su egoismo del “estar en campaña” los hizo actuar irreflexivos y ambiciosos; no fueron ni son coherentes con su pensamiento menos con sus ataques, porque lo que ayer era malo hoy se convierte en bueno para su pensamiento difuso e histriónico, por eso, porque con cinismo para esta campaña electoral apelarán a la “fragilidad de memoria” del pueblo ecuatoriano, para volver a las andadas.

Esta elección que viene no es diferente. Del lenguaje utilizado solo podrá salir un presidente, que sin duda alguna para todos los otros candidatos -será el peor de todos los elegidos- con todo el tono de sospecha que se pueda imaginar la nación entera, porque ese fue el discurso con el que llegó al poder; ¿Qué culpa quieren echar a sus ciudadanos si el ganador en ciernes llegó “aventando basura” a los demás?

Es evidente que todo ese pésimo antecedente político le ha vuelto “ingobernable al Ecuador”, porque la clase política ecuatoriana “cava la tumba con su propia boca” y los contenidos de su nefasta actitud serán incorregibles con el pasar de los días, porque será elegida la “víctima de turno” que cometió el peor pecado político “ganarles a un grupo de insultadores de oficio, calumniadores en ciernes y, destructores de la honra ajena” para quienes no vale nada ni nadie.

Que el Ecuador no espere “gobernabilidad” de lo que nos viene. Que no aspire a tener un período de paz o estabilidad, si quienes ganarán las elecciones auparon los quebrantos constitucionales, botaron presidentes, para ocupar los cargos. Que no se imagine que “algo se podrá hacer”, porque al día siguiente de acabadas las elecciones volveremos a “estar en campaña”, y mientras más pronto caiga quien ganó, pues será mejor para la absurda clase política ecuatoriana.

Y entonces, cuando el panorama político nacional vuelva a enturbiarse en el irrespeto colectivo, será momento para preguntarse: ¿Quiere el Ecuador un Presidente de la República? Si eso es lo que “nos hacen elegir”, pues que pena.

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ECUAMEX
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FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, Abogado
Director del periódico Ecuadorinmediato.com, y la Agencia de Noticias Ecuamex.
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