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Edición #4501 |  Ecuador, sábado, 18 de noviembre de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores

Corona de laureles de oro otorgada a Remigio Crespo Toral se exhibirá en su museo - Reportaje Revista AVANCE

2017-11-03 12:20:34
Cultura
868

En 2014, la corona se la denunció perdida del museo he aquí su historia y de quien la rescató

Este 4 de noviembre se conmemora un siglo del homenaje nacional en el que se le impuso una corona de 34 hojas de laureles de oro al poeta Remigio Crespo Toral. Por esta razón, la reliquia histórica se exhibirá en el museo que lleva el nombre del personaje.

En 2014, la corona se la denunció perdida del museo Remigio Crespo Toral, pero, según señala la revista Avance, se la ubicó con información publicada en mayo del año siguiente por esta revista.

Indican que estaba en un casillero de seguridad de la comunidad dominicana de Cuenca en el Banco del Azuay. Al liquidarse el banco, pasó en idénticas condiciones al Banco del Austro, de donde se la recuperó mediante un allanamiento judicial en agosto de 2015.

Aclaran que la información difundida llevó a esclarecer que la corona perdida del museo, entregada por damas de Quito también hace un siglo al poeta, era otra distinta de la del homenaje nacional.

Según la revista, la Fiscalía aún no logra dar con los autores de la sustracción de esta segunda corona.

La comunidad religiosa ha prestado la joya histórica para que la Municipalidad de Cuenca la exhiba por un año en su museo, con motivo de conmemorarse el centenario de la coronación.

(PP)

Fuente: Revista Avance

________________________________________________________________

 

La corona de Remigio Crespo al fin lucirá a la luz pública un siglo después del histórico homenaje

 

por: Rolando Tello Espinoza

La exhibición de la joya patrimonial es posible gracias a la revista AVANCE, que la localizó, acaso impidiendo se perdiera para siempre, confundida con otra corona, con cuya ubicación no da la Fiscalía. Además, libera a la Municipalidad del bochorno que habría sufrido al conmemorar los cien años de la coronación sin ninguna corona en la casa del poeta

El 4 de noviembre de 1917, el Ecuador corona con laureles de oro a Remigio Crespo Toral (1860-1939), en un homenaje nacional al poeta, diplomático, legislador, maestro universitario y ciudadano ejemplar de la República.

 

   Cuenca se agita al son de las campanas de los templos y la música de las bandas del Batallón Guayas y de los Obreros de la Salle. Una multitud acompaña al personaje desde su residencia, en procesión cívica, por las calles ornadas con arcos de flores, hasta la casa municipal, para el acto académico, a media mañana. 

 

  Los vítores y aplausos resuenan en el recinto como jamás había ocurrido. En el rostro del poeta hay encontrados sentimientos que los controla con serenidad y alegría, mientras estrecha las manos del gentío que pugna por saludarlo. Todos quieren grabar en la memoria el contacto con el hombre que personifica la gloria.

 



En el frontis de la casa museo, imagen del poeta con la corona perdida, de menor valor artístico, histórico y económico de la del homenaje nacional. Un detalle en el recuadro: nótese la diferencia con la que fuera recuperada y encabeza esta página. 

   

    Octavio Díaz preside la sesión como máxima autoridad municipal en el salón donde están delegados oficiales del gobierno, del congreso, de la iglesia, de las municipalidades, de las universidades y academias culturales del país y del exterior, de embajadas y de organizaciones cívicas y populares. 

 

El Presidente municipal le impone en el pecho una medalla de oro. En el anverso está grabado “Al egregio Poeta Remigio Crespo Toral, la ciudad de Cuenca”. Al reverso, “El Concejo Municipal declara a Remigio Crespo hijo predilecto de la ciudad de Cuenca”. La delegación de Ambato pone en sus manos una tarjeta de oro con un grabado en latín, que traducido dice: “La ciudad de Ambato, madre invicta de preclaros ingenios, al consagrar una hoja de laurel para la corona del eximio poeta Dr. Remigio Crespo Toral, desea que la Gloria una los corazones de los ecuatorianos para el triunfo y la concordia, mediante el amor y la abnegación”.

 

   Prosigue un desfile de delegaciones diplomáticas, instituciones nacionales y extranjeras, clubes de damas, municipalidades y entidades educativas, para ofrecer a Crespo Toral medallas, plumas y liras de oro. El acto concluye a las dos de la tarde y el poeta es invitado a la plaza para la coronación, pues la aglomeración no cabe en el auditorio. Allí, entre los pinos plantados cuarenta y dos años atrás por Luis Cordero, el escenario es un montículo recamado de flores, con hermosas jóvenes ataviadas como las nueve musas de la mitología griega. 

 

   Rafael María Arízaga, Presidente del Comité Central de la Coronación, delegado del Presidente Baquerizo Moreno, interviene con la voz tronante del experto tribuno en estrados jurídicos y políticos: “En Crespo Toral –dice-  vamos a coronar a un gran patriota. Patriota como poeta de alta y poderosa inspiración; patriota como escritor docto y profundo; patriota, en fin, en todas las esferas de la actividad de su vasto y multiforme ingenio. Digno era, pues, el acto grandioso en que nos hallamos, de formar parte del programa de celebración de la gran fiesta patriótica cuencana. Glorificamos a la Patria, en el hijo que más ha sabido glorificarla…”

 

   A las cuatro de la tarde, entre el revuelo de las campanas de los templos y el griterío febril de la multitud cuya bulliciosa vibración inunda la ciudad, Rafael María Arízaga deposita en la cabeza del poeta la corona de laureles de oro, acto de suprema solemnidad esperado con avidez por los presentes.

 

  “En la faz del bardo se transparentaba su alma. Dos brillantes perlas enjoyecieron sus ojos aquilinos y rodaron, temblorosas, por esa faz radiante por los primeros lampos del sol de la inmortalidad”, apunta Agustín Cuesta Vintimilla en la crónica sobre la coronación  en el diario El Progreso.

 

Rafael María Arízaga ciñe la corona al poeta en la ceremonia multitudinaria de hace un siglo.

   El resplandor de la corona destella en la cabeza del poeta mientras pronuncia su largo discurso impregnado de humildad, sabiduría y gratitud: “Me cumple primero inclinar hasta el polvo la cabeza en señal de gratitud. La gratitud representa la más elevada y sincera manifestación del sentimiento y del deber. La Religión misma vale tanto como gratitud, según lo declaró el gran orador romano. Doblo la frente, en reverencia y en testimonio de respeto, ante el noble Jefe de Estado y los príncipes de la Iglesia nacional, los ausentes y los aquí presentes, ante los representantes de las naciones extranjeras, particularmente de España, nuestra antigua Patria; ante el Congreso y los gobernadores de las provincias azuayas, los cuerpos políticos y de justicia, la milicia, las asociaciones literarias y de todo género y los comités especiales de provincias y los municipios…”

 

   “La generosidad de los compatriotas ha vaciado aquí sus jardines; esta corona se ha entretejido con hojas traídas de los cuatro vientos de la Patria y la munificencia pone en mi mano presentes de diversas regiones venidos”, expresa.

 

   La corona, fabricada por el orfebre Ariolfo Vázquez, tiene 34 hojas de laurel de oro, cada una donada por diversas instituciones públicas del país, por amigos y familiares del personaje y entidades cívicas y culturales. Las hojas llevan grabado el nombre de la institución o persona donante.

 

   El programa concluye al caer la tarde, pero le sigue el Te Deum en la Catedral, donde obispos y canónigos ofician las liturgias propias de los acontecimientos extraordinarios en la vida de la ciudad. El poeta, hombre de profunda convicción cristiana, coloca la corona en el altar, mientras se desarrolla el acto, para llevarla luego impregnada con el resplandor de su fe.     

 

   Al fin de la ceremonia la concurrencia le acompaña en cortejo de regreso a casa, sin cansarse de aplaudirlo y vivarlo en el trayecto; desde los balcones llueven manojos de flores sobre el personaje que encarna el espíritu lírico de Cuenca. Horas después, bandas musicales van a ofrecer retretas y serenatas al poeta coronado y la fiesta se prolonga hasta el clarear del otro día.

 

 

 

Una de las plumas obsequiadas, acompañada de un anagrama con las siglas del nombre del homenajeado.

 

 

Una de las salas de la residencia de Remigio Crespo, con el mobiliario original.

 

 

 

 Del escondite a la luz pública

 

   La corona sufrió entredichos sobre su paradero. Cuando en 1933 se coronó a la Virgen del Rosario, de la Comunidad Dominicana, se dice que el poeta la donó para este objetivo, pero no hay pruebas legales que lo certifiquen. Más bien, en esa fecha, el poeta firma como testigo la escritura con la cual el obispo Daniel Hermida entrega a los dominicanos las coronas de la Virgen y del Niño, los cetros de oro y una cantidad de joyas, sin incluir su propia corona.

 

   El 26 de octubre de 1946 el Concejo creó el Museo Remigio Crespo Toral, que se abrió en marzo de 1947. La viuda del poeta, Elvira Vega, al agradecer al Alcalde Luis Moreno Mora, con una carta dona bienes del estudio del poeta. Y añade: “Asimismo dono a esa I. Municipalidad las condecoraciones y más preseas de mi esposo, las mismas que me fueron otorgadas por unánime resolución de los herederos; pues, entiendo que en ningún otro lugar, como en el Museo consagrado a honrar su memoria, pueden estar mejor guardadas para que las conozcan las actuales y futuras generaciones de Cuenca y del Ecuador, a quienes pertenece su nombre y su gloria”.

 

  Y termina así: “Queden, pues, en manos de ese I. Concejo, que con generosidad enalteció ayer las virtudes del patriota y del pensador, y hoy, delicadamente rinden nuevo tributo a su recuerdo, las reliquias familiares de quien, al ceñirle la Patria la corona de laureles, fuera declarado por ese I. Cabildo HIJO PREDILECTO DE LA CIUDAD”.

 

   El Museo fue de iniciativa de Víctor Manuel Albornoz, quien en octubre de 1947 publicó el Boletín Nro.1 del Museo, que incluye el inventario de bienes. El númeral 1 apunta:“Una corona de laureles de oro, ofrecida a Remigio Crespo Toral por las Señoras de Quito…”. El numeral 301: “Autógrafo del Acuerdo del Comité ´Crespo Toral´ de las Señoras de Quito, en el cual se le ofrece una corona de oro; expedido en Quito el 4 de Noviembre de 1.917”.

 

   Esta corona, depositada en un arcón del museo, se la confundió cual  si fuera la del homenaje nacional. Y el 23 de julio de 2014 se dectectó que había desaparecido junto con otras piezas valiosas del poeta, hecho que provocó escándalo. La denuncia a la Fiscalía la hizo la Municipalidad en abril de 2014, pero hasta hoy se ignora el paradero de esta otra joya de Crespo Toral, distinta de la del homenaje multitudinario.

 

   La noticia del paradero de la corona la publicó en mayo de 2015 la revista AVANCE, según la cual la debía tener la Comunidad Dominicana, pues al abrir un casillero de su propiedad, en el Banco del Azuay, el 4 de septiembre de 1989, aparecía entre los tesoros de la Virgen del Rosario “Un trofeo de oro, hojas de laurel del poeta coronado, Remigio Crespo Toral, consta de diez y siete hojas de laurel a cada lado”. Además, al liquidarse el Banco del Azuay, se constató el 29 de noviembre de 1999 que el contenido del casillero  era igual al de 1989. La corona la llevó la comunidad  junto con las joyas de la Virgen a una bóveda de seguridad del Banco del Austro, de donde la recuperó la Fiscalía mediante allanamiento judicial, en agosto de 2015, con la pista dada por la revista. 

 

   Todos los ex Alcaldes de Cuenca vivos, el Gobernador, el Prefecto y la Vice Prefecta, la Vice Alcaldesa y varios concejales, rectores de las universidades de Cuenca y del Azuay, legisladores azuayos, la Casa de la Cultura, gremios periodísticos y descendientes del poeta, reconociendo el aporte de AVANCE, pidieron al Alcalde Marcelo Cabrera que defendiera para Cuenca el bien patrimonial, que no es objeto religioso, para exhibirlo en forma permanente en el museo que lleva el nombre del poeta. En julio de 2016, la Universidad rindió un homenaje al ex Rector Crespo Toral, acto al que el Alcalde delegó al Director del Museo, René Cardoso, para que ratificara su decisión de recuperar la corona y tenerla en forma permanente en el museo.

 

   El Director de AVANCE, Rolando Tello Espinoza, quien dio con el paradero de la corona, fue citado por la Comunidad Dominicana a procesos legales, aduciendo haber publicado documentos sin su consentimiento, pero las resoluciones le fueron favorables, como también una acción planteada ante la SUPERCOM.

 

   El provincial dominicano, Armando Villalta Salazar, el 26 de septiembre de 2016 en una carta al Alcalde, dice: “Como orden de Predicadores, lamentamos y denunciamos el periodismo denigrante de la revista “Avance”, quien mediante algunos artículos publicados en dicha revista confunde la información y ofende a nuestra comunidad”. La revista no ha hecho más que publicar documentos auténticos, felicitaciones recibidas y múltiples pedidos de que la corona sea recuperada para Cuenca. Buscó la versión de la comunidad, sin lograrlo. También: “…en el Consejo de Provincia órgano legislativo y gubernamental de nuestra Orden Religiosa, hemos resuelto: abstenernos y no prestar la Corona de 34 hojas de laurel de oro, hasta que exista un pronunciamiento claro y que respete los derechos de nuestra comunidad religiosa, se esclarezca la denuncia de la segunda corona y los objetos extraviados del museo Remigio CRESPO TORAL y se denuncie a los responsables de este hecho”. (La frase está en negrita en el original).

 

   Sobre la desaparecida segunda corona, Villalta dice ha sido “colocada en el busto del ilustre poeta en homenaje póstumo en Quito”, lo cual es falso, pues las dos coronas las recibió Crespo Toral en vida. Se confunde de poeta, pues fue a Luis Cordero a quien se colocó en un busto una corona el 24 de mayo de 1917. El homenaje debió ser en 2012 pero no se hizo por las convulsiones políticas que acabaron con la inmolación de Eloy Alfaro el 28 de enero y Cordero murió dos días después.  

 

   Pero, al fin, la Comunidad ha cedido, para exhibir la corona del homenaje nacional a Crespo Toral, por un año renovable, por el siglo de la coronación. Desde este 4 de noviembre, el público admirará la reliquia que estuvo oculta en una bóveda bancaria, como si no existiera. Dependerá de una gestión municipal efectiva, que no vuelva más al escondite y sea expuesta para siempre en la casa museo del poeta coronado.

 

Aunque los dominicanos tuvieran testimonios valederos sobre la propiedad del bien, el centenario de la coronación propicia que, en un gesto de desprendimiento y respeto a la ciudad, atiendan el clamor de instituciones, autoridades, rectores universitarios, entidades culturales y familiares del poeta, para que el bien sea definitivamente patrimonio municipal.  

 

 

El poeta con las musas del Parnaso representadas por Carmen Malo Andrade (Clío), Cristina Aguilar Vázquez (Euterpe), Inés Vintimilla (Talía), Filomena González Borrero (Calíope), Elena Muñoz (Melpóneme), Jesús Toral (Urania), Leonor Borrero (Polimnia), Raquel Cordero Crespo (Erato) y Eufemia Palacios (Terpsícore).

 

 

 

 

De: Rolando Tello [mailto:[email protected]]
Enviado el: jueves, 2 de noviembre de 2017 12:12
Para: [email protected]
CC: [email protected]
Asunto: {Disarmed} La corona de Remigio Crespo al fin lucirá a la luz pública un siglo después del histórico homenaje

 

 

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La corona de Remigio Crespo al fin lucirá a la luz pública un siglo después del histórico homenaje

 

por: Rolando Tello Espinoza

La exhibición de la joya patrimonial es posible gracias a la revista AVANCE, que la localizó, acaso impidiendo se perdiera para siempre, confundida con otra corona, con cuya ubicación no da la Fiscalía. Además, libera a la Municipalidad del bochorno que habría sufrido al conmemorar los cien años de la coronación sin ninguna corona en la casa del poeta

El 4 de noviembre de 1917, el Ecuador corona con laureles de oro a Remigio Crespo Toral (1860-1939), en un homenaje nacional al poeta, diplomático, legislador, maestro universitario y ciudadano ejemplar de la República.

 

   Cuenca se agita al son de las campanas de los templos y la música de las bandas del Batallón Guayas y de los Obreros de la Salle. Una multitud acompaña al personaje desde su residencia, en procesión cívica, por las calles ornadas con arcos de flores, hasta la casa municipal, para el acto académico, a media mañana. 

 

  Los vítores y aplausos resuenan en el recinto como jamás había ocurrido. En el rostro del poeta hay encontrados sentimientos que los controla con serenidad y alegría, mientras estrecha las manos del gentío que pugna por saludarlo. Todos quieren grabar en la memoria el contacto con el hombre que personifica la gloria.

 


En el frontis de la casa museo, imagen del poeta con la corona perdida, de menor valor artístico, histórico y económico de la del homenaje nacional. Un detalle en el recuadro: nótese la diferencia con la que fuera recuperada y encabeza esta página. 

   

    Octavio Díaz preside la sesión como máxima autoridad municipal en el salón donde están delegados oficiales del gobierno, del congreso, de la iglesia, de las municipalidades, de las universidades y academias culturales del país y del exterior, de embajadas y de organizaciones cívicas y populares. 

 

El Presidente municipal le impone en el pecho una medalla de oro. En el anverso está grabado “Al egregio Poeta Remigio Crespo Toral, la ciudad de Cuenca”. Al reverso, “El Concejo Municipal declara a Remigio Crespo hijo predilecto de la ciudad de Cuenca”. La delegación de Ambato pone en sus manos una tarjeta de oro con un grabado en latín, que traducido dice: “La ciudad de Ambato, madre invicta de preclaros ingenios, al consagrar una hoja de laurel para la corona del eximio poeta Dr. Remigio Crespo Toral, desea que la Gloria una los corazones de los ecuatorianos para el triunfo y la concordia, mediante el amor y la abnegación”.

 

   Prosigue un desfile de delegaciones diplomáticas, instituciones nacionales y extranjeras, clubes de damas, municipalidades y entidades educativas, para ofrecer a Crespo Toral medallas, plumas y liras de oro. El acto concluye a las dos de la tarde y el poeta es invitado a la plaza para la coronación, pues la aglomeración no cabe en el auditorio. Allí, entre los pinos plantados cuarenta y dos años atrás por Luis Cordero, el escenario es un montículo recamado de flores, con hermosas jóvenes ataviadas como las nueve musas de la mitología griega. 

 

   Rafael María Arízaga, Presidente del Comité Central de la Coronación, delegado del Presidente Baquerizo Moreno, interviene con la voz tronante del experto tribuno en estrados jurídicos y políticos: “En Crespo Toral –dice-  vamos a coronar a un gran patriota. Patriota como poeta de alta y poderosa inspiración; patriota como escritor docto y profundo; patriota, en fin, en todas las esferas de la actividad de su vasto y multiforme ingenio. Digno era, pues, el acto grandioso en que nos hallamos, de formar parte del programa de celebración de la gran fiesta patriótica cuencana. Glorificamos a la Patria, en el hijo que más ha sabido glorificarla…”

 

   A las cuatro de la tarde, entre el revuelo de las campanas de los templos y el griterío febril de la multitud cuya bulliciosa vibración inunda la ciudad, Rafael María Arízaga deposita en la cabeza del poeta la corona de laureles de oro, acto de suprema solemnidad esperado con avidez por los presentes.

 

  “En la faz del bardo se transparentaba su alma. Dos brillantes perlas enjoyecieron sus ojos aquilinos y rodaron, temblorosas, por esa faz radiante por los primeros lampos del sol de la inmortalidad”, apunta Agustín Cuesta Vintimilla en la crónica sobre la coronación  en el diario El Progreso.

 

Rafael María Arízaga ciñe la corona al poeta en la ceremonia multitudinaria de hace un siglo.

   El resplandor de la corona destella en la cabeza del poeta mientras pronuncia su largo discurso impregnado de humildad, sabiduría y gratitud: “Me cumple primero inclinar hasta el polvo la cabeza en señal de gratitud. La gratitud representa la más elevada y sincera manifestación del sentimiento y del deber. La Religión misma vale tanto como gratitud, según lo declaró el gran orador romano. Doblo la frente, en reverencia y en testimonio de respeto, ante el noble Jefe de Estado y los príncipes de la Iglesia nacional, los ausentes y los aquí presentes, ante los representantes de las naciones extranjeras, particularmente de España, nuestra antigua Patria; ante el Congreso y los gobernadores de las provincias azuayas, los cuerpos políticos y de justicia, la milicia, las asociaciones literarias y de todo género y los comités especiales de provincias y los municipios…”

 

   “La generosidad de los compatriotas ha vaciado aquí sus jardines; esta corona se ha entretejido con hojas traídas de los cuatro vientos de la Patria y la munificencia pone en mi mano presentes de diversas regiones venidos”, expresa.

 

   La corona, fabricada por el orfebre Ariolfo Vázquez, tiene 34 hojas de laurel de oro, cada una donada por diversas instituciones públicas del país, por amigos y familiares del personaje y entidades cívicas y culturales. Las hojas llevan grabado el nombre de la institución o persona donante.

 

   El programa concluye al caer la tarde, pero le sigue el Te Deum en la Catedral, donde obispos y canónigos ofician las liturgias propias de los acontecimientos extraordinarios en la vida de la ciudad. El poeta, hombre de profunda convicción cristiana, coloca la corona en el altar, mientras se desarrolla el acto, para llevarla luego impregnada con el resplandor de su fe.     

 

   Al fin de la ceremonia la concurrencia le acompaña en cortejo de regreso a casa, sin cansarse de aplaudirlo y vivarlo en el trayecto; desde los balcones llueven manojos de flores sobre el personaje que encarna el espíritu lírico de Cuenca. Horas después, bandas musicales van a ofrecer retretas y serenatas al poeta coronado y la fiesta se prolonga hasta el clarear del otro día.

 

 

 

Una de las plumas obsequiadas, acompañada de un anagrama con las siglas del nombre del homenajeado.

 

 

Una de las salas de la residencia de Remigio Crespo, con el mobiliario original.

 

 

 

 Del escondite a la luz pública

 

   La corona sufrió entredichos sobre su paradero. Cuando en 1933 se coronó a la Virgen del Rosario, de la Comunidad Dominicana, se dice que el poeta la donó para este objetivo, pero no hay pruebas legales que lo certifiquen. Más bien, en esa fecha, el poeta firma como testigo la escritura con la cual el obispo Daniel Hermida entrega a los dominicanos las coronas de la Virgen y del Niño, los cetros de oro y una cantidad de joyas, sin incluir su propia corona.

 

   El 26 de octubre de 1946 el Concejo creó el Museo Remigio Crespo Toral, que se abrió en marzo de 1947. La viuda del poeta, Elvira Vega, al agradecer al Alcalde Luis Moreno Mora, con una carta dona bienes del estudio del poeta. Y añade: “Asimismo dono a esa I. Municipalidad las condecoraciones y más preseas de mi esposo, las mismas que me fueron otorgadas por unánime resolución de los herederos; pues, entiendo que en ningún otro lugar, como en el Museo consagrado a honrar su memoria, pueden estar mejor guardadas para que las conozcan las actuales y futuras generaciones de Cuenca y del Ecuador, a quienes pertenece su nombre y su gloria”.

 

  Y termina así: “Queden, pues, en manos de ese I. Concejo, que con generosidad enalteció ayer las virtudes del patriota y del pensador, y hoy, delicadamente rinden nuevo tributo a su recuerdo, las reliquias familiares de quien, al ceñirle la Patria la corona de laureles, fuera declarado por ese I. Cabildo HIJO PREDILECTO DE LA CIUDAD”.

 

   El Museo fue de iniciativa de Víctor Manuel Albornoz, quien en octubre de 1947 publicó el Boletín Nro.1 del Museo, que incluye el inventario de bienes. El númeral 1 apunta:“Una corona de laureles de oro, ofrecida a Remigio Crespo Toral por las Señoras de Quito…”. El numeral 301: “Autógrafo del Acuerdo del Comité ´Crespo Toral´ de las Señoras de Quito, en el cual se le ofrece una corona de oro; expedido en Quito el 4 de Noviembre de 1.917”.

 

   Esta corona, depositada en un arcón del museo, se la confundió cual  si fuera la del homenaje nacional. Y el 23 de julio de 2014 se dectectó que había desaparecido junto con otras piezas valiosas del poeta, hecho que provocó escándalo. La denuncia a la Fiscalía la hizo la Municipalidad en abril de 2014, pero hasta hoy se ignora el paradero de esta otra joya de Crespo Toral, distinta de la del homenaje multitudinario.

 

   La noticia del paradero de la corona la publicó en mayo de 2015 la revista AVANCE, según la cual la debía tener la Comunidad Dominicana, pues al abrir un casillero de su propiedad, en el Banco del Azuay, el 4 de septiembre de 1989, aparecía entre los tesoros de la Virgen del Rosario “Un trofeo de oro, hojas de laurel del poeta coronado, Remigio Crespo Toral, consta de diez y siete hojas de laurel a cada lado”. Además, al liquidarse el Banco del Azuay, se constató el 29 de noviembre de 1999 que el contenido del casillero  era igual al de 1989. La corona la llevó la comunidad  junto con las joyas de la Virgen a una bóveda de seguridad del Banco del Austro, de donde la recuperó la Fiscalía mediante allanamiento judicial, en agosto de 2015, con la pista dada por la revista. 

 

   Todos los ex Alcaldes de Cuenca vivos, el Gobernador, el Prefecto y la Vice Prefecta, la Vice Alcaldesa y varios concejales, rectores de las universidades de Cuenca y del Azuay, legisladores azuayos, la Casa de la Cultura, gremios periodísticos y descendientes del poeta, reconociendo el aporte de AVANCE, pidieron al Alcalde Marcelo Cabrera que defendiera para Cuenca el bien patrimonial, que no es objeto religioso, para exhibirlo en forma permanente en el museo que lleva el nombre del poeta. En julio de 2016, la Universidad rindió un homenaje al ex Rector Crespo Toral, acto al que el Alcalde delegó al Director del Museo, René Cardoso, para que ratificara su decisión de recuperar la corona y tenerla en forma permanente en el museo.

 

   El Director de AVANCE, Rolando Tello Espinoza, quien dio con el paradero de la corona, fue citado por la Comunidad Dominicana a procesos legales, aduciendo haber publicado documentos sin su consentimiento, pero las resoluciones le fueron favorables, como también una acción planteada ante la SUPERCOM.

 

   El provincial dominicano, Armando Villalta Salazar, el 26 de septiembre de 2016 en una carta al Alcalde, dice: “Como orden de Predicadores, lamentamos y denunciamos el periodismo denigrante de la revista “Avance”, quien mediante algunos artículos publicados en dicha revista confunde la información y ofende a nuestra comunidad”. La revista no ha hecho más que publicar documentos auténticos, felicitaciones recibidas y múltiples pedidos de que la corona sea recuperada para Cuenca. Buscó la versión de la comunidad, sin lograrlo. También: “…en el Consejo de Provincia órgano legislativo y gubernamental de nuestra Orden Religiosa, hemos resuelto: abstenernos y no prestar la Corona de 34 hojas de laurel de oro, hasta que exista un pronunciamiento claro y que respete los derechos de nuestra comunidad religiosa, se esclarezca la denuncia de la segunda corona y los objetos extraviados del museo Remigio CRESPO TORAL y se denuncie a los responsables de este hecho”. (La frase está en negrita en el original).

 

   Sobre la desaparecida segunda corona, Villalta dice ha sido “colocada en el busto del ilustre poeta en homenaje póstumo en Quito”, lo cual es falso, pues las dos coronas las recibió Crespo Toral en vida. Se confunde de poeta, pues fue a Luis Cordero a quien se colocó en un busto una corona el 24 de mayo de 1917. El homenaje debió ser en 2012 pero no se hizo por las convulsiones políticas que acabaron con la inmolación de Eloy Alfaro el 28 de enero y Cordero murió dos días después.  

 

   Pero, al fin, la Comunidad ha cedido, para exhibir la corona del homenaje nacional a Crespo Toral, por un año renovable, por el siglo de la coronación. Desde este 4 de noviembre, el público admirará la reliquia que estuvo oculta en una bóveda bancaria, como si no existiera. Dependerá de una gestión municipal efectiva, que no vuelva más al escondite y sea expuesta para siempre en la casa museo del poeta coronado.

 

Aunque los dominicanos tuvieran testimonios valederos sobre la propiedad del bien, el centenario de la coronación propicia que, en un gesto de desprendimiento y respeto a la ciudad, atiendan el clamor de instituciones, autoridades, rectores universitarios, entidades culturales y familiares del poeta, para que el bien sea definitivamente patrimonio municipal.  

 

 

El poeta con las musas del Parnaso representadas por Carmen Malo Andrade (Clío), Cristina Aguilar Vázquez (Euterpe), Inés Vintimilla (Talía), Filomena González Borrero (Calíope), Elena Muñoz (Melpóneme), Jesús Toral (Urania), Leonor Borrero (Polimnia), Raquel Cordero Crespo (Erato) y Eufemia Palacios (Terpsícore).

 

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El poeta coronado, Remigio Crespo Toral, en una ilustración con la corona como la habría lucido hace un siglo.

 

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