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Edición #4501 |  Ecuador, lunes, 11 de diciembre de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
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EN EL REINO DEL "SE ACATA PERO…NO SE CUMPLE"

2017-04-17 19:50:00
Análisis
6813

Por: Dr. Francisco Herrera Aráuz / Ecuamex

Lo que vive el Ecuador es el pobre resultado de su vivencia cultural diaria, de esa condenable cotidianeidad en la cual las leyes son lo menos importante para la convivencia pacífica, y muy por el contrario, estimular el respeto a las normas se hace con el discurso, pero se violenta con el ejemplo. Lo más irónico que he tenido que soportar esta semana que termina fue el espectáculo dado por ciertos miembros de la clase política que claman como "solución" a la negativa del señor Guillermo Lasso a aceptar los resultados electorales, "que se violen las leyes", en una forma grotesca y obscena de maltratar a la democracia. Esto es el resultado es nuestra cultura política, la de "acatar pero no cumplir" como que fuese gran cosa.

Somos herederos de una tara social y política crítica. De esa que hizo que el ser humano habitante de estas tierras desde los tiempos de la invasión española se acostumbró a enfrentarse con las ordenes del poder, que venía desde muy lejos, con desidia total ya que le estorbaba a su codicia, su afán de explotación y abuso con los indios habitantes de lo que ellos consideraron “sus” dueños en un territorio donde habían conquistado “sus” derechos.

Nada pudo frenar esta parte miserable de la historia. El abuso inclemente que produjo el exterminio masivo de indígenas en la zona andina rebasó todo límite imaginable, y -se habla sin precisión pero con alta aproximación – que el genocidio español a Mesoamérica destruyó más de 16 millones de vidas, con un desconocimiento de la corona que se asombraba de los relatos y denuncias que algunas almas caritativas como valientes, tal el caso de Fray Bartolomé de las Casas y otros que hastiados de tantos crímenes contra la humanidad llenaron a las cortes con sus escritos, los que eran respondidos con leyes, ordenes reales, decretos edictos y mandatos. Los Archivos Reales de las Indias, establecidos en Sevilla están llenos de tantos legajos de papeles que muestran una historia leguleyesca despectiva que refleja los horrores y abusos tantos como la capacidad de estos conquistadores para violar las órdenes y hacer caso omiso de la autoridad.

Y por ello es que, con el fin de justificar los abusos que se cometieron en las tierras lejanas del Rey se acunó una frase pestilente de corrupción que maldecía cruelmente a todo el sistema de justicia, administración u orden en la colonia: “¡Acá las órdenes de España se acatan pero no se cumplen!” la que en forma indigna nos ha marcado hasta nuestros días de manera cínica.

Desde ese entonces hasta hoy ese es el clásico comportamiento del que se estila para tratar de vivir y sobrevivir en nuestras sociedades, en las cuales el estado de derecho es lo que menos importa a la hora de imponer los intereses de cada quien.  Peor si este tiene poder, dinero, medio de comunicación, red social con hartos seguidores o una concepción prejuiciada de encomendero que considera a los demás “sus gentes” a las cuales manda dispone y orden para que acojan sus criterios impuestos a sangre y fuego, o a costa de destruir su honra. Ese es el que sabe de la existencia de las leyes, pero jamás las cumple o las acomoda para dar la impresión de querer vivir sociedad, aun con esta tara a cuestas.

 

Y ese es también el comportamiento corrupto de la clase política ecuatoriana, que siempre busca “arreglar las cosas” con esa lógica que atropella cualquier sistema legal o normativo del “se acata pero no se cumple” que impera de manera grotesca y encuentra “salidas políticas” a la evidente violación de las leyes. Y eso porque para ellos, bajo su concepto y su creencia, las cosas tienen que hacerse “a su manera, y no lo que dice el código legal” con lo cual se imponen una serie de acuerdos, consensos o soluciones, que imperan al margen de la ley. Por eso tenemos más de 20 Constituciones, porque hacemos leyes que no cumplimos y elegimos autoridades que no respetamos.

Las elecciones de Ecuador para febrero de 2017 fueron descalificadas desde un año antes que se realicen, si no es mayor el tiempo. Fue el antecedente con la aprobación de la reforma a la carta política para viabilizar la reelección presidencial el que dio la pauta para que la nación entre en un proceso constante de ataque a la vía democrática electoral. Así, primero fue la constitución del Consejo Nacional Electoral, al que se le acusó de parcializado en forma constante, para luego girar en una espiral de cuestionante permanente a todo lo que hizo el CNE, sea por el sistema de revisión electrónica de escrutinios y conteo rápido que anunciaría resultados a pocas horas de cumplidos los comicios; sea por presuntas fallas en el registro electoral, en el que se proclama que “hasta los muertos iban a votar”; sea porque las acusaciones de fraude se lanzaron meses antes de que se den los comicios de febrero.

Tal pareciera que un concierto constante de voces que fungía de observadores electorales que salió de manera permanente en cualquier espacio que la prensa opositora -que es plenamente identificada en Ecuador, de esa que ha roto cualquier pudor ético- sea en canales o especialmente en radio, expandieron el concepto venenoso del fraude. Fue un grupo de ex empleados que han usufructuado de manera vergonzosa del sistema electoral ecuatoriano los que hacían un coro perfecto para cuestionar todo lo que el CNE hacía, con un resentimiento evidente o con una actitud proterva que se decía independiente en esos días, pese a su militancia en la izquierda comunista, para luego terminan representando a los actores políticos traicionando a sus propios compañeros de observatorio. Si, ellos fueron los que empezaron este trágico momento de la política ecuatoriana, y hoy se enrostran en twitter porque se han quitado las máscaras.

 

Igual tamaño en la dimensión del escándalo se dio por la presencia de los observadores internacionales para estas elecciones. Toda una delegación de la oposición acudió en junio de 2016 a pedir a Luis Almagro, Secretario General de la OEA, para que se allegue al Ecuador, porque acá se iba a cometer un fraude que los perjudicaría, y solo ellos podían impedirlo. El compromiso de que “La OEA vendrá con o sin invitación” dejó en ridículo a César Rodríguez expositor de tal despropósito. Finalmente la OEA si vino, y en el camino trajo un reconocimiento de alta valoración a la calidad del proceso electoral que preparaba el Ecuador al 2017.

Si se miran los archivos de las redes sociales, donde todo queda registrado, todo, el ambiente previo del 2016 fue de anunciar el fraude de manera grotesca, sin seriedad alguna, sin pruebas o sustento. El objetivo era llevar a la gente a un proceso electoral lleno de odio, infectado de miseria humana, que llegó al extremo de provocar el atropello a la dignidad del Presidente del CNE, Juan Pablo Pozo, que fue agredido violentamente por un grupo opositor a pesar de estar con su pequeño hijo…y que mostraron a los ofensores en tumulto, como cobardes, pero ese fue el peor antecedente del grito de fraude.

Toda la campaña fue una acusación compleja. Toda la oposición, ahí si toda completa, fue una sola voz para acusar a las elecciones del febrero de 2017 como fraudulentas, por un sinfín de motivos, que frecuentemente eran desmentidas por el CNE, pero que de un momento a otro tras ser resuelta la inquietud, solventada la respuesta, respondida la acusación se volvía a un nuevo invento de ese tono y se insistía que desde ese mismo rato ya se estaba cometiendo un fraude en Ecuador.

El ambiente de descalificación para el resultado electoral fue preparado en el país, sin que importe el resultado ni el cumplimiento total de las leyes, aquí había que descalificar las elecciones y conducir al Ecuador a la guerra civil, como lo ha proclamado el dirigente socialcristiano Alfonso Pérez Serrano, Director de “ecuadorenvivo” en sus funestas intervenciones en el plantón de estos días ante el CNE, y que revela la verdadera intención de la oposición ecuatoriana para llevarnos al enfrentamiento entre todos como fruto de una mentalidad no sé si temporalmente perturbada por algo, porque no se puede tolerar tanta violencia.

 

Pese a que se había comprometido la clase política a participar en las elecciones amparados en el respeto al Código de la Democracia, donde están absolutamente todas las normas que rigen las elecciones en la nación ecuatoriana, el ambiente que se había montado por la oposición nacional daba para aplicar el consabido “se acata, pero no se cumple”. Digan lo que quieran pero el espectáculo grotesco que ha montado la clase política de ir a los comicios y luego, cuando pierden las elecciones pasen a desfilar en la cofradía del fraude en forma detestable, porque se vuelve repulsivo el que tras el proceso se rechace todo, se niegue todo, se reniegue de las leyes y las normas y se llegue al extremo de la sinrazón de victimizarse con esta acusación violatoria de todas las normas fijadas en ese código.

El grito de fraude que tras dos vueltas exhibe la oposición es ofensivo a la nación porque, para empezar, Hay un gran grupo de los trabajadores del sistema electoral han dado muestras de respeto a lo establecido en las normas y disposiciones; más de ciento veinte mil jóvenes ecuatorianos miembros de las universidades que participaron en las juntas receptoras del voto lo hicieron con un alto grado de honestidad cívica; cerca de 70 mil delegados de las dos facciones políticas en disputa firmaron las actas de escrutinio con responsabilidad, avalando el de esta manera el proceso. ¿Se puede creer que en todos ellos imperó el afán de perjudicar a uno de los dos candidatos?

Más grave es la acusación de fraude contra los observadores internacionales, especialmente contra la OEA y sus delegados encabezados por Leonel Fernández ex presidente dominicano, el propio José Mujica quien presidió la delegación de UNASUR, quienes comprometieron su presencia, su imagen, su respetabilidad para ponerse al frente de un proceso al que lo consideran altamente positivo, valedero honesto. ¿Será que estos observadores se pusieron de acuerdo para avalar un fraude como le acusa la oposición?, luego de que ellos acudieron al país llamados por el propio candidato de CREO, Guillermo Lasso, que hoy les ofende porque no le dan la razón. Lamentable contradicción que no es aceptada por el Ecuador razonable.

Lo que a estas horas vive el Ecuador es el reflejo contradictorio de las ansias por el poder y las posiciones asumidas en forma cambiante por el binomio de CREO-Suma. Han ido desde la denuncia de mal conteo de votos, para pasar a la impugnación de más 4 mil actas, luego forjar la idea de un apagón informático y exigir que se dé un recuento de todos los votos, de todas las urnas, de todas las juntas, de toda la votación de la República. Y si bien un grupo de ciudadanos seguidores del binomio Lasso-Páez genera una protesta el tema va descendiendo en su intensidad cuando se notan las inexplicables ausencias de los delegados en las juntas provinciales para zanjar el reclamo de su partido, hasta pasar a la imagen colectiva que cuestiona la seriedad de aquello del “recuento total de votos” que más se asemeja al concepto anarquista del “seamos realistas, pidamos lo imposible”. El cambio constante de posición no le da una base de credibilidad a la exigencia del opositor.

Y claro, como la acusación de fraude que se ha inconado en forma perversa en el ambiente político ecuatoriano ha provocando violencia y caos, que ellos mismos fomentaron, entonces salta al campo de juego la mala idea de los socialcristianos de plantear que el CNE actúe “al margen de la ley”, como si fuese cuestión de una salida política para complacer a su socio y sus exigencias. No es tolerable que el abogado Jaime Nebot o la abogada Cinthya Viteri propongan a la nación hacer cosas ilegales, y que para colmo el Presidente Rafael Correa se sume a ese pedido, cometiendo un serio error político que no puede ser aceptado, y menos consentido sin que no exista un llamado de atención al menos. Por supuesto la respuesta del CNE no podía ser otra que decirles no a los políticos de la derecha que buscan de esa manera “Arreglar las cosas”, y rechazar la insinuación de violar la ley, porque ahí si se deslegitimaría todo el proceso electoral. Cuando los he escuchado todo esto me pregunto con severidad: ¿Para qué se comprometieron a respetar, la constitución, las leyes, el código de la democracia, si luego nos vienen a proclamar que violemos la ley? Y, disculpen ustedes, ¿No son abogados y gentes de derecho Nebot y Viteri?, que tan fácil es destruir sus propios estudios y doctrinas con semejante propuesta para las palabras de los opositores. Pésimo ejemplo del “se acata, pero no se cumple”.

Como triste final solo queda reclamar por el pudor político que debe tener la clase dirigente, con aquello de respetar la voluntad popular. Si nos van a gobernar con un manejo torcido de las leyes, y dando ejemplo de no respetar a las mismas solo habrán ensuciado su propia imagen a futuro, porque no serán respetados como autoridades, por no respetar las leyes. (FHA).

Dr. Francisco Herrera Aráuz / Director General del Sistema Ecuadorinmediato
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