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Edición #4866 |  Ecuador, lunes, 24 de septiembre de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
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"¡TAANTOS…! IGUAL, NO NOS REPRESENTAN"

2016-08-22 20:44:00
Análisis
7214

Por Francisco Herrera Aráuz /Ecuamex

Ecuador ha recibido la cifra menos pensada para su democracia. Hay 70 movimientos y partidos políticos legales en todo el país, todos con capacidad para intervenir en las próximas elecciones de febrero de 2017. Quien diría pero, esto, que para el juego político electoral es bueno para la oposición es una mala noticia porque refleja con exactitud que se ve envuelta en una "crisis de representatividad" que se ha desbordado de sus filas y se amplía por los cuatro costados.

Dar un vistazo al escenario político local, uno se encuentra con 54 movimientos entre lo regional o provincial da para la sorpresa, veamos: Se aprobaron 3 movimientos en Azuay, 4 en Bolívar, 5 en Carchi, 1 en Cotopaxi , 3 en Chimborazo, 2 en el Oro, 1 en Esmeraldas, 3 en Guayas, 1 en Imbabura , 4 en Loja, 1 en Los Ríos, 2 en Manabí, 1 en Morona Santiago, 3 en Napo, 1 en Pastaza, 2 en Pichincha, 2 en Tungurahua, 2 en Zamora Chinchipe, 3 en Galápagos, 1 en Sucumbíos, 2 en Orellana, 2 en Santo Domingo de los Tsáchilas y 5 en Santa Elena.

Hay 16 partidos y movimientos nacionales, así: Movimiento Centro Democrático (1). Movimiento Unidad Popular (2). Partido Sociedad Patriótica (3). Partido Social Cristiano (6). Partido Adelante Ecuatoriano Adelante (7). Partido Avanza (8). Partido Fuerza Ecuador (10). Partido Izquierda Democrática (12). Partido Socialista Ecuatoriano (17).  Movimiento Pachakutik (18).  Movimiento Unión Ecuatoriana (19). Movimiento CREO (21). Movimiento SUMA (23). Movimiento PAIS (35). Movimiento Concertación (51). Y Movimiento Fuerza Compromiso Social.

Pueda ser que a quien lee le haya surgido una especie de golpe visual ver todo este cúmulo de datos, un impacto que provoca confusión ver tanto nombre y número, pero todo esto es el bulto general en el que se halla envuelta la clase política para la lucha por el poder. Podrá ser que le moleste pero esa es la realidad, así de cruda y dura.

Lo siguiente que nace en el común de los votantes de la duda. Sí, duda. ¿De dónde salieron tantas firmas? La verdad es que las cifras en alguna manera no cuadran. Si se requería un número proporcional para los movimientos más allá de las 170 mil firmas y, en el  caso de los partidos un registro de afiliaciones superior, los mismos que no pueden cruzarse entre sí porque se anulan  firmas al estar vinculadas a más de una organización política, entonces uno no sabe con precisión si en verdad hay tanto respaldo a cada movimiento o partido. Súmese que este punto está envuelto en medio de los hechos delictivos de las firmas falsas denunciados allá en el 2012, que hasta ahora nadie sanciona, en un ambiente de impunidad en esta aprobación y que se ratifica en los paupérrimos resultados que obtienen en las urnas.

Ahora bien. ¿Por qué hay tanta agrupación y partido en Ecuador?  La respuesta es una sola y obedece a la cultura política en la que han formado al votante, surgida con la fuerza de la desconfianza, eso es conocido como: crisis de representatividad. Este mal hace carne y reflejo en la sociedad ecuatoriana, como un elemento que le afecta con dureza, por ser crecido en el pobrísimo espectáculo que ha ofrecido la clase política en estos años. Ahí tienen el resultado.

La oposición en el país es tal cual somos como nación: múltiple y diversa.  El día  a día en nuestra cotidianeidad nos ha señalado una especie de comportamiento colectivo en el que jamás hay un consenso para ninguna decisión, nunca se acepta la ley que debe regir a todos y tampoco se respeta a la autoridad que se elige.

El discurso de quien hace política en Ecuador da la impresión de estar siempre en contra de todo y de todos. En sus palabras y contenidos de casi toda la clase dirigente hay una serie de motivos y razones para el no perpetuo y, confiados en aquello, se forjan adeptos y seguidores para su pensamiento y actuación, en un camino fácil donde el caotizar total da votos y aplausos.

Los medios de comunicación, sean locales o universales, han contribuido a crear una inmensa cultura del liderazgo pequeño, de ese que se reduce al pensamiento autónomo egoísta. Basados en la oportunidad que tiene un señalado grupo para ejercer el liderazgo con su palabra, que explota su verborrea en páginas, micrófonos o filmaciones, salta en demasía la inmensa capacidad de la crítica, muchas veces insana o falsaria, pero, igual sirve para lograr grupos de adeptos cada vez más minúsculos, interesados en defender parcelas o huasipungos mentales, que lanzan a la masa unos contra otros en una batalla cruenta de descalificaciones, para que impere el “Yo” como única alternativa para gobernar en la nación, desechando a todos los demás.

Lo últimos tiempos del ejercicio político en el país ha sido una disputa del todos contra uno, en un afán evidente de ciertos sectores de la derecha como La Unidad” y “Compromiso Ecuador” y la extrema izquierda con “Unidad Popular ex MPD”; junto a la Alianza Nacional por el Cambio,  para  jugarse su capital político entre el conflicto y confrontación contra el gobierno de Rafael Correa. Todos ellos se disputaron desde sus flancos la posibilidad de ser los únicos en representar a lo que ellos creían que era “la oposición”, sin que nadie más les haga sombra y así ganarse el derecho de ser cada día “los más opositores” donde solo ellos y nadie más que ellos valían.

Para estos grupos, que han tenido una sobredimensionada presencia mediática, el lenguaje ofensivo, el ataque sistemático y a momentos procaz e intolerante hasta entre ellos mismos, fue notorio para querer aparecer solos en el escenario y son los que ahora, al ver estos números, han saltado a protestar y regar perversidades para atacar “al resto” ya que les han dañado su espectáculo. No puede ser que todo ese esfuerzo por ser el grupo único se haya diluido de tal manera que ahora aparece multiplicado en decenas. La frustración es evidente en sus voceros que reclaman a los “¡taanttooss!” que han saltado a la arena política a disputarles el espacio, a quitarles protagonismo, a reclamarles su derecho a competir y ganarles los votos.

Es que entre estos tres grupos derecha-centroizquierda y un partido de corte extremo, no se ha asimilado que cada crítica, ataque, ofensa, descalificación y denuncia contra el régimen de Alianza PAIS, que tenía la intención de destruirlo o al menos reducirlo en su impacto en la política nacional, se volvió en su contra por ser solo ese discurso, solo la crítica, solo el ataque, tan gastado que ha terminado desgastándolos al ponerle al electorado votante a comprar entre lo que decían y la realidad que vivían. Haberse negado al cambio, rechazar el beneficio evidente que la población ha recibido del grupo gobernante y, ocultar la defensa de sus intereses o feudos políticos, disfrazándolos de lucha por el bienestar colectivo, o la denuncia excesiva e irreal, les provocó ese “efecto boomerang” en la gran masa que poco a poco los dejó de ver como sus representantes. Ha sido el exceso de palabras y ofensas feroces del “todos contra uno”  los que restaron credibilidad en estos sectores y motivaron a los demás interesados en la política a abrirse nuevos espacios, distintos, de esos que no sean parte de ese conflicto.

Lo que ahora se puede apreciar de la queja del “son demasiados” es que su propia lengua les ha destruido su estrategia de “una sola candidatura” a la que quisieron hacerla ver como sus  predestinados. Muchos de ellos, los voceros de estos grupos opositores que acusaron de un supuesto mal del socialismo, tanto al mandatario como al movimiento gobernante de “querer el partido único” , ahora se deben tragar sus palabras por el volumen de participantes organizados en agrupaciones de diverso corte político, dando un ambiente de democracia participativa que les sabe a excesiva porque destruyó sus planes de ser ellos y solo ellos los que representen al resto, a ese al que ahora le miran con asco e intolerancia negándose a aceptarles entre  los suyos. Tal pareciera que el discurso ahora cambiará a culpar al “correismo”  de ser “demasiado democráticos”, tanto que  parece haber dañado sus planes que quisieron convertir mañosamente la “unidad por uniformidad”.

Súmese a eso que el grito de ¡fraude! Con el que se han acompañado las últimas acciones opositoras, pareciera también se pierde, y mas huele a justificativo de una pérdida anticipada, sin poder explicar cómo se daría tal hecho entre tantos y tantas papeletas como candidatos.

Lo que el grupo de los tres colectivos y el partido de extrema deben asimilar es que todo esto es fruto de la desconfianza que sembraron con sus palabras, gestos o actos. Es decir, tanto tiempo gastado en la oposición a su manera alejaron a la gente para que la misma se disperse y cree su propio espacio, forme su propio grupo, y resuelva contratacar con su exigencia de generar un repudio a los únicos que quisieron ser vistos hasta con cuasi devoción como los auténticos salvadores. Es decir, el fracaso de la oposición es no entender que nunca pudieron ni representaron a las mayorías por las que tanto exigían en su nombre, y ahora son rechazados por querer abarcar demasiado.

 Esta es una gran parte de la crisis de representatividad. Es la dispersión múltiple que se abre demasiado hasta lo incomprensible, al grado de reclamarse entre todos el despreciable ¿a quién representan? negándose a aceptar y aceptarse que están en el mismo espacio, disputándose las mismas causas, peleándose los mismos votos.

Es también esa sensación extendida en la nación que fija la impresión de que tanto número como nombre no representan a la masa en sus verdaderos intereses o necesidades. Si, cada uno, cada grupo, entidad, movimiento, partido, candidato o liderazgo, es ajeno al ciudadano que no lo ve como propio, auténtico o verdadero a este inmenso grupo de membretes. Contra esa percepción de “ajeno” no ha podido luchar desde la clase política,  la que no logra que la gente se sienta representada por ellos, por más grande que sea el número de pretendientes al poder, que por cierto por ser tantos no los hace verdaderamente confiables.

Al final de cuentas el reclamo entre todos ellos de ser muchos y de no representarse ni entre ellos, no hace sino mirarlos como un grupo de codiciosos peleándose por un mendrugo de pan político, negándose a sí mismos y negar al otro. Y, ¿esta es la clase dirigente que quiere dirigir el país? Que cada quien responda por lo suyo.

 

Dr. Francisco Herrera Aráuz, Periodista, abogado, politólogo. Director General de Ecuadorinmediat.com
Ecuamex: Agencia productora de contenidos editoriales para Ecuadorinmediato.com
Fuentes fotos: La Hora.com.ec/ Elnorte.ec/ Twitter.com


 

 

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