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Edición #4866 |  Ecuador, martes, 11 de diciembre de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
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TERREMOTO ECUADOR: LA TERCERA HORA DEL ¿"QUIEN ES QUIEN"?

2016-05-09 07:51:00
Análisis
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Por: Francisco Herrera Aráuz /Ecuamex

Los procesos que se viven tras la urgencia de una catástrofe como la que está soportando el Ecuador, luego del terremoto del 16 de abril pasado, se puede diferenciar en horas, en las cuales cada persona o grupo social desempeña un rol vital. Pues bien, al arribar a la "tercera hora" la definición de competencias va a marcar la dura pelea que se avecina en el país para saber "quién es quién" para reconstruir a la nación y sus zonas afectadas. ¿Lo podrán tener en claro cada uno de ellos?, pues dan la impresión de que es un reto muy duro a asimilarlo y comprenderlo.

La primera hora, la de enfrentar la urgencia es la que insurgió rauda tras el grave terremoto la misma noche del 16 de abril, la reflejé en mi escrito anterior en ecuadorinmediato.com como me lo contó el voluntario Pavel Sánchez, con la imagen de la anciana vendedora de caramelos en uno de los centros de acopio en Quito, que entregó su bandeja en forma solidaria y noble para atender a los damnificados.  Todo ese ejemplo sumó los esfuerzos de un caudal del generosidad impresionante que entre todos nos conmovió hasta el fondo de la sensibilidad ecuatoriana, siendo ese precisamente el retrato de lo que somos y como reaccionamos ante la tragedia. Como sociedad fuimos capaces de salir por nuestros propios fueros y entregarnos en grande, sin esperar recompensa. Bien por ello, ese Ecuador profundo es una las páginas más bellas que ha tenido en su historia la nación ecuatoriana.

Al tiempo que corría  esa primera hora de la emergencia, la segunda hora fue saliendo a flote para poner a prueba al Ecuador. Si, esa fue la hora de dar el paso de lo voluntario a lo obligatorio, de que surja un sentido de organización como estado, por las exigencias que se habían declarado ante lo ocurrido. ¿Pudo hacerlo la nación?, veamos.

Una imagen para esa segunda hora se la puede apreciar en lo ocurrido en la destrozada Bahía de Caráquez, cantón Sucre, Manabí, al día siguiente del terremoto un hombre buscaba desesperado la forma de abrir una lata de atún que le habían entregado como donativo para poder saciar su hambre y, al golpearle con una piedra, dañaba el alimento en vez de utilizarlo adecuadamente. De pronto, en medio de los escombros de una casa alguien gritó: ¡aquí está!, era un abrelatas que, usado en forma solidaria entre varios afectados, se convirtió en el instrumento salvador para poder comer ese momento. El que surja una  respuesta adecuada, oportuna, pudo ser para esos ratos difíciles una de las mejores herramientas que ha sido usada para enfrentar la catástrofe.

Pues bien, esa respuesta oportuna nos tiene en pie y es la de la reacción con organización.

El amanecer al 17 fue quizás la mejor de las muestras de que entre todos había una sensación de exigencia de guías, de nortes, de rumbos para saber el qué hacer y, por supuestos que tuvimos respuestas, entre nosotros mismos como estado y nación.  El aparato estatal, el gobierno y su sociedad nacional reaccionaron a tiempo y con la organización necesaria en Ecuador.

Así: Se activó de manera efectiva el sistema de emergencias y funcionó; se preocupó de las víctimas entre personal de salud y brigadas de rescate; acudió con pronta ayuda a los afectados facilitando sitios seguros, abriendo hospitales o clínicas, improvisando sitios de atención en donde se habían caído; otros se dedicaron a salvar vidas de entre los restos de casas o edificios sacándolos heridos pero esperanzados;  policías y militares salieron a las calles a cuidar los bienes y dar seguridad; la maquinaria pesada comenzó a trabajar prontamente para abrir vías y caminos; cuadrillas de trabajo se abrieron paso entre los escombros para reanudar los servicios básicos de energía, agua y telecomunicaciones; operadores aeroportuarios habilitaron espacios de trabajo y pistas de operación pese a la afectación de las torres de control para recibir la ayuda interna e internacional que llegaba por aire; en los puertos y carreteras se sumó un esfuerzo importante para aperturar los espacios y fluir el tráfico;  personal de inclusión social abría con urgencia los albergues preparados y, la función judicial se abría paso en el infortunio para comenzar a indentificar a los muertos y darles sepultura de forma ordenada.

La enorme generosidad de las donaciones de la sociedad civil estuvo a punto de provocar otro problema, el acumularse en los centros de acopio requería de una respuesta oportuna. El tener la experiencia en este campo de la provisión y la logística le hizo brillar al sector privado, muchos voluntarios y empleados de los grandes y pequeños comercios  junto a un ejército de jóvenes o viejos que prontamente asumieron con manos expertas la tarea de ordenar, clasificar y transportar en forma adecuada todos los víveres, vituallas, ropa, trastos y elementos útiles para enfrentar el momento.  Ahí hay que considerar que alguna de la ayuda tuvo que ser desechada por haber sido entregada por manos desaprensivas que dieron cosas inservibles o indignas de ser entregadas a los afectados, pero hasta para eso tuvimos manos, hubo respuesta. Un acierto positivo fue el puente aéreo, como el caso de Quito, que dio la muestra de la ayuda organizada, que llegó inmediatamente de lo ocurrido y cuyo ejemplo fue seguido por todo el país que no se fijó en quien lo hacía, sino ellos mismos, obedeciendo a un sentido de organización que dio buen resultado.

Si bien en un principio había desorden al entregar las donaciones, en cuestión de horas sean militares, policías, cuerpo de cruz roja, empleados de entidades públicas preparadas para enfrentar estos eventos, junto a voluntarios de ongs supieron como canalizar en orden, con algo de disciplina en medio de la desesperación de los damnificados, mucho más si se considera el volumen de lo que llegó y sigue llegando del exterior. Pues bien, tuvimos institucionalidad que manejó este tema, para saber cómo canalizar la ayuda. Fue en esto una respuesta oportuna, que palió en principio lo grave del suceso. Se evitó con ello que las donaciones, se pierdan, se dañen o se deshagan y sobre todo que lleguen a quienes lo necesitan. Hay bemoles, pero más lo positivo que se ven en este trabajo.

En cuestión de 5 días el terremoto había sido enfrentado. El saldo de la jornada daba muestras de una efectividad nunca antes vista. Tuvimos 660 muertos identificados, enterrados en sitios apropiados con procesos abreviados por la fiscalía y la justicia,  y los cadáveres de extranjeros en morgues que habían sido mordernizadas con anterioridad. Este detalle es vital, porque haber actuado con tanta prolijidad nos evitó una tragedia que suele suceder a tanta mortandad; las epidemias que matan a tanta gente o más que las víctimas de los terremotos o desastres.

Al final de la semana, habíamos levantado de nuevo la vida. Tenemos identificado el volumen de los daños en infraestructura del estado o privada, entre casas, escuelas, edificios, templos, hospitales o sitios de comercio. Hemos recuperado los servicios básicos casi en su totalidad, un 95%, que es alto para el tipo de terremoto de 7.8°de magnitud. Se han atenido a heridos y damnificados, se ha organizado la sociedad para tratar de establecer un grado de normalidad. Ese panorama ha reflejado una realidad que nadie puede negar, el que la propia Organización de Naciones Unidas ONU, reconozca el gran mérito del gobierno ecuatoriano de haber respondido oportunamente a la tragedia. Es decir, con ello podemos reconocer y reconocernos que soportamos la prueba, la pasamos con dureza, pero lo hicimos mejor de lo que pudimos en esta segunda hora,  sin pensar que nuestras fuerzas iban a dar la reacción adecuada.

Entonces, ha llegado el momento de la “tercera hora” y el cómo se  maneja el proceso de reconstrucción, y ahí si entramos, como es consabido en el ámbito de lo ecuatoriano, al debate y discusión de ese “quién es quién” debiendo entender que debemos pasar de la voluntad a la obligación, y de manera racional acordar o consensuar los cómos para ahí canalizar todo el aporte.

Volvamos al juego de las imágenes, Una de ellas que nos sirve para graficar la tercera hora es la que se transmitió en uno de los reportes de la televisión nacional. Un damnificado es entrevistado por una reportera y le dice frontalmente: “Ya no más, ya tengo ropa, ya me han dado comida, agua y atunes, señorita ya no quiero seguir mendigando, quiero trabajo, necesito dinero para reconstruir mi casa, eso quiero”

Para llegar esta parte del análisis, quisiera que tengamos dos asertos muy importantes: el primero: pongámonos en la empatía con el damnificado, en sus zapatos y pensemos en un momento como ellos Y, lo segundo: hagamos conciencia que solo nosotros podemos reconstruir el Ecuador, con nuestra propia fuerza hasta aquí demostrada.

La reacción lógica del afectado, tras mirar el entorno de su tragedia fue dirigir su mirada y clamar ayuda al estado ecuatoriano, a su gobierno, a sus autoridades. Y por lo visto, como estas respondieron de manera oportuna, hay que seguir reclamando su apoyo.

Si hemos acusado de una crisis muy seria en lo económico, y la tragedia nos sorprende sin fondos, entonces las medidas que ha anunciado el gobierno son: impuestos al IVA, al patrimonio, al salario, a los fondos en paraísos fiscales. Por supuestos los sectores privados, sus cámaras y gremios de representación, más agrupaciones políticas y líderes de oposición han manifestado su contraparte: no más impuestos. En la lógica del damnificado ese criterio no es aceptado, porque alguien tiene que ayudarlo y ese es el estado, por lo que debe tener fondos que provengan de todos los sectores de la nación. Para quien está damnificado es lógico suponer que respalda y apoya  que la reconstrucción venga, y venga con dinero propio de la nación. Si tanta solidaridad hay, pues que esta se canalice en dinero efectivo que es lo que ahora requiere y necesita.

Por ese motivo, es al gobierno de la nación al que le corresponde manejar esta parte de la crisis, por obligación y por ley.  Porque debe manejar directamente los tributos y sus resultados económicos y, debe administrar la reconstrucción de la infraestructura pública en su totalidad. Tiene que hacerlo con los aportes de los ciudadanos, porque esa es la única forma en la que puede obtener recursos, insisto de su propia sociedad, de nadie más.

Debe el gobierno ecuatoriano, además, dictar políticas públicas que faciliten la recuperación de la zona y la reactivación económica para dar trabajo no donaciones, trabajo. Así: la facilidad de créditos, la remisión de deudas, la ampliación de plazos, la creación de zonas especiales, la diferenciación de condiciones tributarias, la preferencia de precios, costos y valores para la producción o construcción en aporte al sector privado que actúe en  Manabí y Esmeraldas, son decisiones solo de potestad del estado, y ha comenzado a hacerlo.

Es el estado el que debe manejar el aporte internacional público que venga en apoyo de la nación. Los créditos de los organismos multilaterales para estas contingencias, sean estos del Banco Mundial, FMI, CAF, BID, BIRF y otros, sumadas a las donaciones de las naciones amigas, cuyos gobiernos y organizaciones solidarias han anunciado montos de dinero respetables y que pueden ser un fondo apreciable, pues deben y son conducidos por el gobierno en un manejo público que debe ser auditado y transparentado. Identificados los daños, podemos pedir la ayuda al exterior para que nos den lo que necesitamos no lo que bien ellos quieran mandar.

Es cuestión de confianza. Si el damnificado ha recibido hasta ahora una respuesta oportuna a sus necesidades, lógico es suponer que va a seguir exigiendo que el estado cumpla con él, como una obligación frente a la urgencia. Por ello, el Gobierno y, en este caso la Asamblea nacional, deben dar una respuesta doble: la primera es legislando en un ámbito estrictamente humanitario, permitiendo que una parte de este caudal de dineros públicos pueda ser usado en beneficio de las personas particulares que lo perdieron todo, que sea el estado el que asuma su situación y lo apoye. Y, lo otro: si el régimen anuncia la creación de una Cuenta Única Especial para manejar la reconstrucción, pues, el órgano legislativo debe blindar tal cuenta, para impedir que la misma sea usada para otros fines, por ello una transparencia absoluta es vital fijarla en la ley para conseguir que el proceso sea bien manejado y de óptimos resultados.

Solo el estado y sus entidades municipales o autónomas provinciales pueden entrar con autoridad en el proceso de reconstrucción para aplicar una auténtica reforma urbana. Es el momento de reordenar esas ciudades y cumplir con una normatividad de construcción que tanto ha esperado que salga de la propia ciudadanía el propio Presidente Correa desde hace rato, ante lo cual, nuevamente, la Asamblea Nacional debe dictar con urgencia el Código de Desarrollo Urbano, he ahí una acción oportuna.

¿Y la sociedad civil? Por supuesto no puede quedar de  lado tanto potencial, pero que debe ser aprovechado, no manipulado.

Hay que aclarar algo que muy importante. Que nadie se tome el término de la sociedad civil para cualquier uso, porque esta en su conjunto no le ha dado la representación a nadie, por lo que ningún vocero puede venir a reclamar algo en su nombre. Será repudiado quien actúe de esta forma.

Pero, por ejemplo, la motivación a que siga aportando, apoyando con nuevas iniciativas privadas, con voluntarios y demás, debe mantenerse en alto para seguir ayudando a los damnificados. En forma organizada se podrán lograr grandes resultados.

Si el reclamo es la urgencia de un Fideicomiso, que el gobierno no puede hacerlo, pues es el momento en que se constituyan tales herramientas financieras desde lo privado, para que sea conducido el dinero y los aportes hacia los mismos en respuesta a la confianza de quienes quieran que sea manejado de esa forma la ayuda y la reconstrucción. Desde ese concepto pueden saltar muchas iniciativas de reconstrucción en aporte privado para beneficiar a miles de afectados. Aplíquenlo, con las políticas públicas del régimen establecidas para el efecto, sin duda que es un esfuerzo que vale la pena hacerlo y pueden darse grandes resultados. Será una prueba de confianza la que se dé con este uso apropiado de los fideicomisos.

Si el problema es la duda frente a la corrupción, esta sociedad civil tiene en sus manos una herramienta muy poderosa, que bien aplicada en este proceso de reconstrucción, puede ser la mejor forma de combatir a esta acción nefasta de lo corrupto y corruptor, y esa es: LA VEEDURIA CIUDADANA.

Si, porque con ella se puede controlar sin impedir que se gobierne, o se construya y reconstruya.

Establecidas constitucionalmente, las Veedurías podrán vigilar, controlar, denunciar y aportar al buen manejo de los dineros públicos que ingresarán a los caudales del estado, ahí estará puesta la confianza pública.  Esas mismas veedurías podrán establecerse frente a los manejos del sector privado de esos dineros, para que los gremios, cámaras y representantes de la producción apoyen los controles a sus agremiados para que no existan sobre precios, especulaciones o falta calidad de las construcciones, impidiendo malas prácticas. Algo más, pues se requieren urgente buenos veedores ciudadanos para vigilar y controlar las donaciones de aquí mismo o el exterior para evitar o alejar el mal uso o destino de esas generosas contribuciones. Es indispensable, además, las veedurías técnicas sobre los municipios y los procesos de reconstrucción, para que no se incurran en prácticas corruptas de permisos mal dados, que en el fondo provocaron tantos muertos. Si, requerimos ahora de la sociedad civil para que de manera honesta, sin manipulación ni utilización politiquera, sea aceptada y actúe como veedores para ser los ojos vigilantes requeridos para una transparencia indispensable.

Como ven la tercera hora ha llegado y debemos responder con otra actitud. No podemos seguir con una “mentalidad de Teletón”  o la de junta de notables. No. Hay que definir el “QUIEN ES QUIEN” de manera ciudadana, sin dejar que se use o nos usen para fines impropios. Solo nosotros vamos a reconstruir el Ecuador y esta es la hora de probarlo. (FHA)

Dr. Francisco Herrera Aráuz es Director General de Ecuadorinmediato.com
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