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Edición #4866 |  Ecuador, domingo, 23 de septiembre de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
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TERREMOTO EN ECUADOR: NOS MOSTRÓ MUCHO DE LO MEJOR, NOS SACÓ ALGO DE LO PEOR

2016-04-26 08:23:00
Análisis
18167

Por: Francisco Herrera Aráuz /Ecuamex

Un hecho como el que estamos viviendo desde la tarde noche del sábado 16, con un terremoto de 7.8 grados, es más que una tragedia para Ecuador en un momento histórico tan grave que nos marcará para siempre y, no solo por la destrucción provocada, sino por la capacidad de lograr del ser humano, del ecuatoriano común, que saque a relucir lo mejor y a veces en muy poco, lo peor de sí mismo, tanto en lo personal como en lo colectivo, dando un aire de auto reconocimiento que no engaña a nadie o que sorprende a todos.

Alexander Von Humboldt, el científico alemán que vino por estos lares al final del siglo 18, habría escrito una descripción que nos marcó para toda la vida: “Los ecuatorianos son seres raros, viven pobres en medio de riquezas inimaginables, duermen tranquilos encima de los volcanes y, se alegran con música triste” y es que tal forma de vernos podría explicar cómo la nación ha reaccionado frente al devastador terremoto que acabamos de sufrir.

Para empezar: es la primera vez que tengo la grata impresión de que tenemos estado. Sí, como se lee: tenemos estado nacional, de ese que enfrenta grandes males y sale airoso de la prueba que se la impuesto por parte de la naturaleza. Y, es que creo y, pido que se entienda al concepto de “estado”,  como el espacio vital de todos, como el sentimiento de pertenencia colectiva mutua y, la identidad abrazada con sentido de causa propia. Así, tal cual, así nos pusimos el Ecuador al hombro en estos días y hemos respondido entre todos.

Ocurrido el desastre, un terremoto es un hecho que psíquicamente nos desequilibra y desubica, poniéndonos en un plano de inexplicable sensación de confusión y pérdida, por lo que siempre atinamos a regresar a ver a quien nos ayude. Esa posición asumida tenía obligatoriamente que ser respondida por el gobierno, por quien estaba al frente del mismo y, en ello, Jorge Glas como vicepresidente supo hacerlo, él y su equipo de ministros acudieron pronto y con urgencia, dejando todo lo que pueda implicar un sábado por la noche para tratar de responder por la tragedia.

 Entender el tiempo que le corresponde a una autoridad y saber qué hacer fueron actitudes positivas de ese instante, y el régimen funcionó dando las primeras coordenadas para dimensionar lo que nos había pasado. A medida que pasaron las horas el gabinete ministerial, y el propio segundo mandatario, estaban al frente de las calles destruidas y junto a las víctimas llevando esto, la primera respuesta: el saber qué hacer, dejando de lado el hecho de la ausencia del Presidente Rafael Correa, figura a la cual por lógica la gente dirige su pedido o exigencia para tratar estos y otros casos.

La llegada de Rafael Correa era esperada, para tomar el liderazgo y, aun cuando su presencia sea mirada con el sentido de “ser el gobierno”, el accionar del mandatario pareciera ser que solo fue consecuencia de sus gestiones cumplidas en los 9 años, tiempo en el que se  había pasado buscando tener una nación organizada, modernizada, que sepa responder también a estas contingencias. Su equipo funcionó, y quizás esta labor le demostró la valoración que había logrado como gobernante, lo que le puso a prueba. Tenía que responder y lo hizo.

El sentido de autoridad funcionó en esos momentos. Dejando a sus familias, que también estaban afectadas por el terremoto, quienes estaban al frente del gobierno salieron pronto a cumplir sus tareas, los sistemas de emergencia y el ECU911 dieron respuestas, la planificación de coordinaciones zonales se ubicó en forma efectiva, las comunicaciones y el aparato estatal se activó inmediato y, el Ecuador en pocas horas del terremoto reaccionó como aparato gubernamental. Ver a los ministros en las calles, junto a policías, militares, bomberos, empleados, socorristas, alcaldes y prefectos de las zonas afectadas tratando de enfrentar lo ocurrido fue la imagen de una nación que se había organizado ante lo imprevisto. Ha sido un trabajo de horas interminables, lejos de sus hogares sufriendo la incomodidad de la tragedia, pero haciéndolo por la patria y sus gentes.

En la zona del desastre, el ecuatoriano noble se impuso, sin esperar nada. Minutos después del terremoto muchos salieron a las calles a ayudar, a rescatar víctimas, a buscar como asistir a los afectados, los niños y los ancianos eran los preferidos, porque ya los conocían en el barrio. Vecinos presurosos se organizaron para asistir en las primeras horas; esa fuerza ciudadana no puede ser olvidada nunca, porque logró devolver la vida a quienes estaban a su lado, mientras llegaban las fuerzas de emergencia. Cuanto valor, cuanta dignidad.

Nota a nota, dato a dato, tweet a tweet, toma a toma, noticia tras noticia, fuimos dimensionando la tragedia entre la noche del 16 a la madrugada del 17. Al mediodía del domingo ya sabíamos con mucha precisión lo que nos había ocurrido y, como no podía ser de otra manera, el ecuatoriano sacó a flote una de sus riquezas: su espíritu solidario que le movió en forma urgente a extender su mano. Es incalculable el valor de ese apoyo solidario ciudadano que rebasó cualquier expectativa, ya que habían pasado solo horas y las bodegas o los sitios de acopio comenzaron a llenarse. De un instante a otro aparecieron las iniciativas y reacciones de la empresa privada, de la grande o la mediana y hasta la pequeña, toda saltó a la escena ara ayudar poner producción, facilitar personal, asistir con  camiones, con personal y gasolina para que transporte, todas, todas las acciones salieron prontas, mientras que las empresas de aviones privados se unieron en un importante puente aéreo poniendo sus propios gastos en combustible y operación de vuelos así como su personal, que sumó las manos de ayuda  para clasificar, empacar, embalar y enviar.

Las escenas más nobles nos salieron en ese instante. Muchas historias se podrán contar, muchas escenas se deberán registrar para la memoria colectiva, pero una sola palabra nos envolvió a todos: SOLIDARIDAD. Entre todos comprendimos que había que dar sin esperar nada a cambio, y la gran mayoría fue a buscar lo que tenía que dar y, no lo que le sobraba. Un voluntario llamado Pavel Sánchez, en el centro de acopio en Quito nos cuenta una historia que refleja aquello: En medio del tráfago que era la entrega de donaciones apareció una viejita vendedora de caramelos que insistió en entregar su bandeja de su venta para que se envíe a los afectados; no aceptó que se le compre su producto, porque si le daban plata iba a comprar nuevos caramelos hasta que le acepten que ella quería donar. Los voluntarios le recibieron la donación con lágrimas en los ojos, y destinaron lo entregado por esta noble dama en una funda especial a los niños de alguno de los sitios del terremoto, así fuimos, así somos, de ese tipo de riqueza.

Los jóvenes, las mujeres, los ancianos, muchos niños y una buena parte de la sociedad nacional se volvió voluntaria en cuestión de segundos. Muchas manos se hicieron útiles, muchos sentimientos se unieron sin conocerse y todos encontraron en la causa un gran motivo para servir. Han sido horas y horas de entrega valiosa las que dieron los ecuatorianos en un inmenso grupo de apoyo. Increíblemente todos hallaron que hacer, en que ayudar, como aportar.

Como no apreciar la labor de los equipos de hombres y mujeres rescatistas, de bomberos y especialistas en desastres que acudieron con mucha prontitud.  Son gente que dejó a sus familias, muchos con dramas propios, junto a técnicos, equipos de recuperación de energía eléctrica, agua potable. Trabajaron incontable número de horas para recuperar la zona y su premio era subir el número de vidas salvadas, en historias de inconmensurable humanidad. Estos seres del rescate vieron tanta muerte como vida juntas, que tienen todo un valor acumulado por tanta nobleza y entrega, que se suma a la ternura de los perros que habían entrenado, que se las jugaron como héroes anónimos, llenándonos de lágrimas la pérdida de uno de ellos, a Daiko,  que siempre permanecerá en nuestro amor profundo.

Un inmenso ejército de seres de blanco, entre médicos, enfermeras, auxiliares, socorristas, asistentes y voluntarios se allegaron a los sitios de salud, sean hospitales, clínicas, centros y subcentros o consultorios, sin distinción públicos o privados para atender a sus pacientes, a quienes ni siquiera los conocían pero para cumplir con su juramento de vida. Muchas historias de heroísmo hicieron ver el lado humano inmensamente noble de este grupo médico, especialmente de quienes sacaron a pacientes y equipos de los hospitales destruidos para ponerlos en espacios habilitados con urgencia y seguir atendiendo. Horas incontables fueron entregadas con sacrificio y en silencio.

¿Y los militares? ¿Y la policía?, pues, no le podían fallar a su nación. En un país acostumbrado a que sus tragedias sean solucionadas por los uniformados, en los últimos tiempos se vieron envueltos en un debate promovido en la nación para encontrar sentido de utilidad para ellos. Y en esta ocasión volvieron a salir de sus cuarteles para ser útiles, dejando atrás a sus queridos se han volcado de manera organizada a poner su aporte, sacar sus equipos, vehículos, naves, barcos, patrulleros, instalaciones o UPC´s para acudir urgente a cuidar las calles, a resguardar seguridades, a entregar la ayuda, a ordenar lo donado. ¿Hubo nobleza en los uniformados al actuar profesionalmente?, quizás esto lo describa mejor. Una escena en la televisión ecuatoriana mostró a un duro soldado entregando comida y agua a un perrito hambriento en las calles de Pedernales, junto a un voluntario de apoyo a los animales; mientras que en el estadio del lugar, en medio de un calor impactante un soldado cuidaba el agua de los damnificados, sudoroso y sediento, pero sin topar una gota. O el policía uniformado que puso el hombro para que un anciano llore sufridamente y le acompañe con su llanto. Tenía razón entonces la propuesta de mantener en Ecuador unas fuerzas armadas o policía  que sean cercanas a la gente, que sean un grupo de apoyo a la urgencia de la paz, antes que ser solo un elemento para la guerra. Ahora siguen trabajando, justo ahí donde los voluntarios han dejado de llegar, sintiendo que tienen confianza de la gente de la cual no se han alejado.

Un sector doblemente golpeado por el terremoto ha sido la prensa nacional.  Sorprendidos, como toda la nación con el terremoto, en cuestión de horas tuvimos que sobre llevar la carga de contar lo que estaba pasando. Nadie entendió la demora, todos clamaban por información, y si la hubo. En Ecuadorinmediato.com pudimos colocar en nuestro periódico electrónico a las 19h21, es decir, 20 minutos más tarde una información precisa aproximada, que sirvió a todos los medios de comunicación que tuvieron que activarse por la urgencia, penosamente otra vez fuimos los primeros en informar al mundo de lo que ocurría.. Criticados por la tendencia de usar las redes sociales, en las mismas nunca se halló información verdadera, que si la dimos los periodistas y medios, y que la hemos seguido manteniendo hasta el momento. Hay mucha entrega en quienes hacemos comunicación en el país, son largas horas de trabajo, con programaciones de contenido solidario labrado por un ejército de periodistas, asistentes, redactores, fotógrafos, reporteros camarógrafos, ayudantes desplegados a las zonas del desastre a vivir en conjunto la tragedia a transmitir, técnicos, operadores de equipos, conductores de programas, personal de trabajo de canales, radios, periódicos y medios de comunicación digital, los que pusimos nuestra entrega, dejando de lado familias. Nos ha tocado callar las lágrimas y superar tragedias, como en el caso de FB Radio de Bahía de Caráquez, cuyo edificio colapsó quedándose sin equipo alguno y, su propietario el periodista Fernando Baird, busca con urgencia recuperar la transmisión para seguir informando la ignorada como desconocida tragedia de la bella ciudad de Bahía.

Si algo consuela a los dolientes en medio de las tragedias es ver quien se conduele de sus lágrimas. Para Ecuador ha significado una bella lección de afecto el mirar como en el mundo se alzaron voces y manos para ayudarnos. Como olvidar a todos y cada uno de los rescatistas extranjeros de 19 naciones que llegaron prontos a ayudar a salvar vidas; cada una de las donaciones, cada alimento, cada botella de agua, cada medicina, cada equipo, cada carpa u hospital. Cuanto valor les damos en el recuerdo colectivo de gratitud que una nación tan necesitada como Venezuela, a cuatro horas del grave terremoto ya lograba llegar a Manta, aterrizando con ayuda, equipos, voluntarios y donaciones, nunca se olvidara que fueron los primeros, tan cercanos, tan hermanos. A todas y cada una de las naciones que están llegando comprensivas a la tragedia con ayuda, recursos, dinero junto a los organismos internacionales como la ONU, a todas hay que reconocer un ¡gracias! muy digno y sentido.  Cuanta nobleza hay en la ayuda de los futbolistas extranjeros, en los del Real Madrid, en el “Niño” Torres y su sentimiento español tan afectivo con Ecuador. De veras nos hicieron sentir que se le quiere al Ecuador afuera, eso es grande, eso es noble.

Los ecuatorianos que se hallan regados por el mundo reaccionaron como ecuatorianos, con nobleza, con solidaridad urgente, en medio de la angustia por su tierra y sus gentes y, de inmediato se volcaron a las calles de las patrias ajenas, a recoger ayuda, a pedir apoyo y lo han conseguido. Bien por ellos, porque su sentimiento de patria los mantiene unidos a nosotros, lo que ha sido expresado en el mensaje y acción de los deportistas famosos del Ecuador que no nos han dejado solo y han puesto el valor del ejemplo.

Un punto noble debe reconocerse en quienes están en el arte, el deporte, la música. No han dudado un segundo en salir a rescatar el ánimo de todos, a ayudar a enjugarnos las lágrimas. Tras varias horas salieron a flote videos con mensajes, gráficos, fotos, pinturas, recuerdos y valores que nos estimulan a todos a seguir. Ellos también se pusieron la patria al hombro para que entre todos asumamos la tarea de volver a levantarnos y, claro las canciones de las últimas horas que han salido para estimular la solidaridad y,  el espíritu nacional hacen parte de ese “alegrarnos con música triste”  que igual nos mueve, nos lleva a mantener viva la esperanza. Mucho sentimiento hay aquí que nos ayuda a que sigamos.

Hay que reconocer mucha nobleza en las redes sociales. Las informaciones urgentes, los mensajes solidarios de personajes, famosos o no, en el mundo o en nuestra patria, los reconocimientos a personas, autoridades y personal de trabajo en la emergencia proclamados en los twitters y facebooks, los memes de alegría, los aportes y llamados, la solidaridad colectiva, las oraciones y bendiciones, la creatividad expuesta son parte de esta historia del Ecuador. Ahí hay un potencial increíble que no se puede dejar de lado, que no se debe olvidar, que lo valoramos con afecto entrañable, porque también son una muestra de la nobleza de la que si somos capaces los ecuatorianos.

Y ni hablar del papel de las ONG´s, que acudieron prontas a entregar voluntarios para atender sobre todo a los niños y las iglesias en Ecuador, que han ido más allá de las oraciones de consuelo para abrir los templos y escuelas o conventos para habilitarlos como puntos de acogida, otras se han convertido en hospitales, unas más en bodegas de acopio y, sus miembros militantes de una inmensa organización salen a recoger colectas, alimentos y ayuda, para entregar con voluntad, convirtiéndoles a esta ayuda en la mejor de las bendiciones.

Y en este punto hay que reconocer cuanto ha servido la inversión pública en estos años, y que han soportado el terremoto de casi 8 grados, que en la historia sísmica del mundo arrasan lo que tocan. Cuanto han servido las carreteras bien construidas para recuperar con urgencia la atención a los damnificados, hospitales y centros sanitarios, red de emergencias y comunicaciones, tendido eléctrico y agua potable, puentes y caminos, escuelas del milenio, albergues, centros de acopio, o los edificios gubernamentales que son puntos referentes para atender a los que lo requieren urgente. Aquí nunca hubo derroche, por el contrario hoy se justifica íntegramente haber invertido estos dineros en nombre del estado nacional. Fíjense que en 70 horas estaban recuperados los servicios y las vías en  casi el 90% de las zonas afectadas. Bien por ello.

¿Y lo peor?

Ante tanta nobleza, lo vamos a poner en el saldo de las miserias, minimizándolas por ahora, pero al menos algo si debemos decir:

Que la tragedia saca a flote cuanto nos  afectado la pobreza e improvisación de años, afectando a quienes por necesidad construyeron sus casas de habitación sin el respeto a las normas de construcción apropiadas. Cuan cierto es que “los terremotos no causan muertos sinó las casas mal construidas”. Eso no ha mostrado lo peor de nosotros, no haber cuidado este muy importante detalle, que nos cobra una deuda muy cara.

Que existan gestos aislados de los que dieron lo que les sobraba, los de la ropa sucia y juguetes destrozados, que tuvieron que ser botados en los basurales, desechada, porque era indigna de ser entregada a los damnificados. O la empresa privada de supermercados que abusó de la situación para subir los precios de los atunes y especuló en los precios de forma infame. Eso solo muestra que hay gente con una falta de respeto por si mismos que no merecen ser reconocidos siquiera, que quede en ellos estas nefastas acciones.

Que las redes sociales hayan acogido tanta miseria humana, tanta crítica insana, tanta información falsa, tanta figuración con “selfies” grotescos que proclamaban su ayuda a grandes gritos como para que se note, como si los damnificados hoy tuvieran tiempo para verlos. Que miserables son los ataques y burlas que han aflorado en estos momentos desoyendo el llamado de unidad y esfuerzo solidario, dejando al twitter o el facebook como otro espacio donde se han acumulado tantos escombros morales que parece haber sido asolado por otro terremoto: el de la “legión de idiotas” que solo actúan en la militancia de la miseria moral.

Que de algunos sectores opositores políticos haya surgido tanto odio, solo por oponerse al régimen de Correa, tanto que los rebasó. Y es mucho el odio que se ha vertido que han logrado que se dé por cierto que existe una maquinaria especial en las redes sociales para crear mensajes alarmistas, falsos, calumniosos, injuriosos para crear desde el pánico colectivo, explotar la situación al punto de tensión crítica o generar conflictos diplomáticos internacionales. Si, parece que la utilización de una estrategia planificada de “propaganda negra”  y el uso delicado del “cuarto de guerra” es real. Con ello, si el objetivo es enloquecer al Presidente Correa y su gobierno con tantos mensajes falsos, lo que están consiguiendo es enloquecer a toda la nación que mira con asombro tanta capacidad para mentir y alarmarlos. Es más que seguro que la ciudadanía cobrará esta deuda moral; por ahora no es el momento, solo se guardan copias de los mensajes injuriosos para sacarlos más adelante cuando ellos vayan a pedirles su apoyo.

Al final y, lo he dejado al último como lo más importante:

Hay que reconocer la templanza y nobleza de los damnificados, de las familias de las 654 víctimas, de quienes lo han perdido algo o todo, quienes se han dedicado a enterrar a sus muertos, secarse las lágrimas, arremangarse y ponerse a trabajar sobre los escombros. En esa gente veo esperanza en que su propia nación responda por ellos; confianza en un gobierno que deberá atenderlos, ayudarlos a reconstruir su vida. En ellos está grabada esta jornada de nobleza que ha librado la sociedad ecuatoriana en su beneficio. Si el terremoto nos hizo daño, bien puede decirse que en cambio sacó a un ecuatoriano escondido que no puede dejarse derrotar ni por la naturaleza, ni por la pobreza ni por la tristeza. (FHA).

Francisco Herrera Aráuz / Director Ecuadorinmediato.com
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