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Edición #4866 |  Ecuador, domingo, 21 de enero de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
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LA CABRA TIRA AL MONTE…SIEMPRE

2016-03-21 07:50:00
Análisis
5253

Por FHA/Ecuamex

El Ecuador de estos días, como el de siempre, pareciera ser que un grupo social desmemoriado, que no recuerda con precisión lo que hace o hizo con frecuencia en nombre de la política, el bien común o la democracia, dentro de las filas de la izquierda, ha resuelto irse a la derecha violando su propia ética y coherencia política. Pues a ellos bien se les aplica el dicho común que sentencia que "la cabra tira al monte…" por el espectáculo lastimero que exalta su triste pasado.

Recuerdo la anécdota de ese hombre sabio como fue el historiador Alfredo Pareja Diezcanseco, en una de las tantas charlas amenas que sostuve con él, contarme que en los tumultuosos 60’s, cuando la CIA manipulaba a Ecuador para que rompa con Cuba, el entonces presidente de la nación Carlos Julio Arosemena Monroy, que de un momento a otro aparecía como fervoroso revolucionario merecedor de la confianza de las masas izquierdistas, fue cuestionado por el escritor que dudaba de su comportamiento. Como justificativo de este reclamo a sus camaradas políticos, Pareja les recordó los orígenes del plutocrático Arosemena “que de chiquito jugaba bolas en las gradas del banco de su papá”, por lo que aseguró que terminaría cediendo al exigente marco de la oligarquía costeña y de los estadounidenses. Y en efecto así fue, pese a sus constantes promesas, palabras y discursos, Arosemena rompió con Cuba en un gesto obediente a los norteamericanos, ruptura que duró por más de 17 años. Ahí está el comportamiento del que “la cabra tira al monte…siempre” concluía Pareja.

Las últimas décadas de la historia política nacional, la clase política, muy especialmente la integral de la izquierda, ha sufrido un avenimiento constante de figuras que actuaron como encantadores de serpientes, que con facilidad de se hicieron de sus dirigencias, sometieron a estas agrupaciones a una especie de democracia tumultuaria y cuyas bases han tenido que soportar sus comportamientos, yendo desde lo simplemente caprichoso, pasar por el odio sectario, hasta llegar a la traición corrupta de los principios e ideología que supuestamente les acompañaba, con casos de sonada entrega a los intereses extranjeros en algunos casos.

En la multiplicidad de la izquierda ecuatoriana, entre la reconocida marxista, la revolucionaria, la izquierda humanista, la ecologista, campesina, obrera, sindicalista; en la izquierda cristiana, en la feminista, entre los estudiantes, pobladores, marginales, intelectuales o deslustrados ignaros, entre ellos siempre prendió el discurso rebelde contra el sistema que proclamó la necesidad de luchar contra su gran enemigo: la derecha capitalista oligárquica y el imperialismo yanqui con sus gobiernos y gobernantes títeres. El sustento ideológico se lo halló siempre en los amplios estudios, documentos, discursos, tratados, tesis y debates que formaron un gran marco de acción política que movió y mueve todavía masas enteras convencidas de sus principios.

Pues, a estas izquierdas les surgieron o allegaron gentes que abrazaron su causa con gran fervor, en muchos casos hasta con el sacrificio de sus vidas, en actos heroicos dignos de ser reconocidos por la historia como símbolos de coherencia entre su actitud y persona con el valor de su discurso al dar la vida por sus ideales. La historia siempre reconocerá, en grande o en pequeño, en público o en silencio a quienes supieron desde siempre ser éticos en su comportamiento y coherentes con su pensamiento por la izquierda.

Pero esta es historia de nuestro tiempo, actual y, por eso duele, hemos visto crecer a una serie de personajes que movidos por esta ideología combativa y revolucionaria, le han provocado a la izquierda los peores daños que se puedan dimensionar, precisamente por haber violado ese código exigente de respetar lo ético, lo valioso de lo moral, lo noble de la coherencia, lo precioso de la  palabra empeñada en una idea, al dar testimonio de exactamente lo contrario.

Los hemos visto, porque son nuestra historia. A quienes leen estas letras y con los que hemos estado cerca de la lucha política de la izquierda, reconocemos a los que en sus años juveniles de la universidad eran los más fervientes militantes que defendían las  banderas rojinegras y ofrecían ofrendar sus vidas. Eran de los que rechazaron todo contacto, por mínimo que fuese, con alguna tendencia política que no sea la izquierda; sectarios y dogmáticos iban de lleno contra la derecha, la centroizquierda, la socialdemocracia y hasta el humanismo cristiano, a los que los estigmatizaron con sus discursos y diatribas, ¿Se acuerdan?

Crecieron llenos de odio inyectado por todo aquello que no sea lo que ellos creían, atacaron sin piedad a los otros, a los que pensaban diferente y desataron campañas de verdadera persecución en los claustros universitarios especialmente, todo para desprestigiarlos, reducirlos y alejarlos de “su” izquierda, reducto del poder conseguido a base de una actitud perversa y negativa. Y si por algún motivo vieron que los “otros” ponían en peligro su espacio conseguido a la fuerza de lo negativo, entonces acudieron a la agresión física, al palazo, a la piedra, o las armas contra ellos. De las luchas de esos días hay una lista nada aceptable de víctimas de una lucha incomprensible como necia.

El entorno social les fue adverso y por ello se formó a una generación intolerante, de izquierda o derecha, contrarias a todo se negaron a aceptarse y por ende el discurso del resentimiento sumado al de la lucha de clases  y el maniqueísmo hicieron carne de su actitud política. Como resultado de ello, la intolerancia se aplicó casa adentro como consensuada, sin crítica ni reflexión. Igual fue con la representatividad que ostentaron sin que la misma sea resultado de un proceso democrático, quedando muchos de ellos como dirigentes de auténticos feudos a los cuales han controlado por más de tres décadas, sindicalistas que nunca han trabajado, voceros sin vocería, líderes sin elección alguna, con la indiferencia o comodidad del resto que toleró que así se hagan públicamente.

Súmele al final de esta cruda realidad el que su discurso era antiimperialista radical, rechazando cualquier contacto con el imperio bajo la acusación favorita que salía de sus labios de ser “agente de la CIA”, como el peor estigma con el que persiguieron a sus gentes. Igual de rabiosas eran sus actitudes anti-prensa, atacaron a todos aquellos que estuvimos en los espacios periodísticos sin considerar las acciones democráticas y la lucha por una información abierta hacia la izquierda perseguida y afrentada, en la que estaba ellos, estos dirigentes o figurones públicos. Hay toda una historia detrás de cada cobertura que se la puede contar con toda la miseria que salta de ello.

Todo este grupo se fue acumulando hasta cuando llegaron las elecciones del 2006 y entró en escena Alianza PAIS. De un momento a otro se sumaron todos ellos, ellos y los otros, en una mezcla conocida como la “colcha de retazos” que los agrupó en una campaña cruenta. Si, así como lo leen: cruenta. Porque muchos de los que se habían sumado, de esto señalados en esta crónica,  eran los que sacaron el sectarismo para atacar a los rivales, el dogmatismo para imponer comportamientos  e ideas, la intolerancia para aceptar nuevas ideas o personas, y dentro de la propia izquierda se dieron enfrentamientos propiciados por ellos que te censuraban si no estabas con AP.

Y llegaron al poder. Y figuraron desde el inicio como los mas rudos combatientes, eran muchos de ellos los que imponían el ritmo al proceso y, aduciendo nuevamente ese izquierdismo radical, buscaban arrasar con todo para imponer su agenda, construir su modelo, preservar su feudo, garantizarse su cuota. Los primeros días del gobierno de la revolución ciudadana fue de confrontación con estas figuras públicas que dieron dura guerra en lo interno y, al no encontrar eco a sus ambiciones salieron expulsados por sus propias frustraciones para pasar a pactar con el enemigo. Rafael Correa les resultó a muchos de ellos una figura difícil de manejar, usar o manipular, por lo que prontamente se le acusó de no cumplir con sus planes y propuestas y se retiraron a la orilla a la espera del fracaso del nuevo líder de la revolución ciudadana, uniéndose en tendencia de odio.

También le asomaron a AP personajes de diversa calaña, que en condición de ganapanes y buscaempleos adujeron sus relaciones con esa izquierda y raudos se afiliaron al proceso en forma oportunista. De manera increíble algunos de ellos muy conocidos pedían espacios o candidaturas, designaciones como superintendentes o asambleístas, querían ser ministros o embajadores, querían ser algo. Lógico es que su llegada por la fuerza no calzó a su izquierdismo improvisado por lo que salieron a buscar espacios en otros lados, terminando en condición de asambleístas arrimados, por quienes los recibieron y les creyeron. Así se registró el primer pasó de estas militancias en la izquierda hacia la derecha nacional.

La depuración cuasi natural de AP de los primeros días fue lógica, aquellos que salieron eran los que no fueron aceptados en sus exigencias personalistas. Pronto se vieron comportamientos extraños de los militantes radicales de la izquierda sectaria, dogmática y ultramontana que los llevó a la incoherencia. De un día para otro se dieron diálogos y coincidencias con las tesis y propuestas de los que antes habían sido calificados de derecha. Pronto se volvieron atrás en sus insultos y ahora reconocían méritos en esas filas del capitalismo. No faltaron los actos conjuntos y manifestaciones propiciadas para ser usadas públicamente como armas contra su enemigo, antes amigo Rafael Correa.

De por medio seguía en forma desconocida esa actitud de críticas y censurar a sus orígenes y de nuevo a volver a atacar a quienes no estaban de su lado, por ser menos izquierdistas que ellos, y volver  a descalificarlos al grito de gobiernistas, aduciendo como gran motivo el que se queden al lado del que antes ellos mismo apoyaron. Es decir: antes criticaron para exigir el apoyo a Correa, ahora atacan a su gente por haberle apoyado al Presidente que ellos pidieron elegir.

Ha sido notoria la inconsecuencia con la que actúan, y que se les enrostra día a día.

Pero, peor ha sido el que fallen en lo ético.

Atrás quedó su antimperialismo rabioso. Con mucha prontitud y en forma por demás fácil acudieron a buscar a las fundaciones norteamericanas y pedir dineros para crear nuevos espacios donde seguir exprimiendo su resentimiento. De un momento a otro, según revelan los cables WikiLeaks, a la embajada americana en Quito en los últimos años pasados le surgieron numerosos analistas, comentaristas, estudiosos de la realidad nacional, a compartir en sucesivos desayunos su condición de informantes o soplones, exhibiendo sin pudor alguno su pasado izquierdista, ahora al servicio de la oposición al gobernante de turno. Si, se volvieron en su propia contra, suya y de sus principios llegando hasta pedir la intervención del régimen norteamericano como gran solución a sus males.

Prontamente fueron identificados como voceros de la misma oposición al socialista Correa Delgado, y las puertas de los medios de comunicación que antes fueron denostados por ellos, se abrieron veloces para recibirlos como sus nuevos héroes y  con sus dichos y palabras, con su intolerancia, su dogmatismo, su ubicación maniquea y sectaria de la que usaron en la izquierda, construir la masa crítica con la que llenan pantallas, periódicos y micrófonos a diario. Y también hay poca ética en la historia de esos medios, que antes les cerraron las puertas a muchos de esos personajes, o se inventaron mentiras o manipulaciones para socavar su izquierdismo radical. Como cambia el mundo al revés, quienes eran combatidos en la prensa, sean medios o periodistas, ahora son grandes amigos democráticos que los usan y abusan a su antojo en forma mutua y recíproca.

En este traspaso a la derecha, giro que lo han anunciado desde hace algunos años atrás, sea con sus palabras o sus actitudes, aduciendo un pragmatismo que borra ideologías, este grupo ha conseguido nuevos amigos con los que no ha existido temor alguno para pactar o juntar. Entre ellos están dirigentes gremiales, empresariales, militares, de fundaciones o de alta sociedad, que antes eran en sus palabras los enemigos del pueblo con los que jamás había que hablar o conversar. Qué ironía, que mal que les jugó la vida el tener que tragarse sus palabras y comerse el vomitado, ahí se los ve juntos y revueltos.

Al mirar todo este espectáculo solo atino a pensar con un sentimiento de pena, tristeza, lastima por aquellos que han elegido esta condición de nuevos socios de la derecha. Lo digo porque al allegarse a ella les volverá a aflorar el sectarismo, el dogmatismo, la intolerancia, la incoherencia y el sentimiento de rivalidad insana con el que fueron hechos y formados en sus orígenes y, lo harán en las propias barbas de quienes ahora los han acogido , contra su propia gente, ya lo verán. Pienso además, con pesar,  que estos desconocen la historia que siempre le ha mostrado a la derecha política ecuatoriana en su verdadera estirpe, el aplicar la técnica del trapiche con sus nuevos allegados y que antes eran enemigos: exprimirles hasta  el último trago hasta convertirles en bagazo,  en una auténtica política del descarte para “usar y desechar” con toda una exhibición de resultados lastimeros.

Como dijo el historiador en la frase popular “la cabra tira el monte siempre, y se vuelve siempre a donde nunca debió haber salido”, ya que nunca mas podrán reivindicarse como los izquierdistas puros que quisieron ser y no fueron, porque para el caso “Dios los cría, en la izquierda se deforman y la derecha los junta”.

Por: Francisco Herrera Aráuz / Director de Ecuadorinmediato.com
Ecuamex: Agencia productora de contenidos editoriales para Ecuadorinmediato.

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