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Edición #4866 |  Ecuador, lunes, 24 de septiembre de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
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¿ESTÁ ECUADOR COMO PARA UN GOLPE DE ESTADO?

2016-03-14 07:52:00
Análisis
9692

Por FHA /Ecuamex

Lo peor que le puede pasar a un líder político es actuar bajo la lógica de un rumor, peor si este es inventando por alguna mente obnubilada, y más aún si se la quiere imponer bajo su creencia de que eso es la realidad. Pues, parece que esa triste situación ha invadido a los cuarteles de la oposición nacional, la cual se mueve en estos días con la creencia del golpe de estado como una verdad que debe vivir la nación.

Cuenta en su libro “Diario de la CIA” el ex agente Phillip Agee, hablando de su paso por Ecuador en los 60´s, de todo lo que hicieron los norteamericanos y su injerencia en la política nacional, la lamentable tendencia de los agentes, soplones o informantes, especialmente aquellos que manejaban la “inteligencia”  a redactar informes falsos, a mentir en sus datos y, lo peor de todo, a tratar de vivir esas realidades que le informaban a la agencia hasta enfrentar así a sus enemigos políticos, contra los cuales actuaban.

Pues, da la casualidad que en días pasados, en una de las actividades comunitarias que participo, llegó a mis manos un documento que salió de manos de quien se presume es esposa de un militar pasivo, que la repartía de manera discreta. Se trataba de un análisis redactado por alguna mano experta en el lenguaje de los uniformados, que hablaba de la necesidad de regar el rumor que diga y explique que: Rafael Correa está mal, por la gravísima crisis que vive la nación, tanta como para querer abandonar el poder y, por eso azuza a los militares para que le den un golpe de estado; es más, dice el libelo, similar a lo que ocurrió en Venezuela, el pasado 12 de abril de 2002, cuando Chávez se dio a sí mismo un “autogolpe” (sic), existía la posibilidad de que en similar circunstancia Rafael Correa promueva el golpe de estado para luego, por la movilización de la masa popular recuperar el poder con un respaldo de la gente, que lo consolidaría como dictador.  Vaya vaya vaya, así tal cual se lee.

Pues, a no dudarlo quienes están en esta fábrica de rumores saben de la innegable tendencia de la clase política ecuatoriana de buscar soluciones a sus conflictos políticos con el golpe. Es cuasi natural el que los ecuatorianos hayan visto un interminable desfile de golpistas que acuden a las puertas de los cuarteles a incitar a los militares, para que saquen sus armas, provoquen ruido de sables y depongan al gobierno de turno violentando la democracia.

Suficiente ha sido que los perdedores de unas elecciones, o que se hayan generado condiciones adversas de traición o incumplimiento de promesas a sus ambiciones, para que se logre destruir el estado de derecho y, argumentando “salvar a la patria” la clase política se ha coaligado de manera obscena con los militares a los cuales les nombran “árbitros” y, sumando medios de comunicación o líderes de su opinión, han provocado los golpes de estado, para seguir en el desastre nacional y ellos quedar en absoluta impunidad, ya que en el país tal como lo cuenta su propia historia nunca se ha sancionado a quienes han dado tales golpes, nunca.

En menos de 20 años (1996 – 2016)  hemos tenido 8 gobiernos, siete de los cuales han caído como fruto de la inestabilidad política cuartelera conspiradora y sediciosa.  Somos la nación con más ex presidentes vivos en el continente, con peores antecedentes en el concierto democrático continental y, peor aún, con los peores resultados contra nosotros mismos que nos ha causado esta nefasta actuación.

Por ello, es a esa propia comunidad internacional a la que le asombra que, con tantos malos antecedentes de los ecuatorianos, hoy tenga un sostenido y al parecer consolidado período de 9 años de estabilidad política con el presidente Rafael Correa, a quien se le ha reelegido por 2 ocasiones y mantenga un nivel de aceptación que está siempre bordeando o superando el 60% de la población nacional. Como que la historia cambió, se podría decir.

Sin embargo, hay dos momentos en los cuales el fantasma del golpe de estado a la ecuatoriana ha surgido para atentar contra la democracia, y están fijos como una especie de reacción a la decisión política presidencial de eliminar privilegios y juzgar comportamientos sancionables de los uniformados. Así surgió el 30-S, en medio de rumores perversos que violentaron a los policías, así también el conflicto de los Pasivos y el ISSFA. En los dos casos el haber retirado ingresos, negocios o dineros, eliminar privilegios y exclusiones, son los que les han movido al reclamo con las armas o rumores y; el que se hayan buscado sancionarse con la Comisión de la Verdad a los crímenes de lesa humanidad cometidos en los años de León Febres Cordero por los ex mandos policiales y militares, son los factores comunes que les han movido a reaccionar de esa manera: a buscar la solución en el la amenaza del uso de las armas para el golpe de estado, por sentirse deshonrados bajo el grito de que el mandatario “ha ofendido a la dignidad de la policía o las fuerzas armadas” y por lo tanto merece la sanción del reventón cuartelero.

A estas alturas, en medio de una serie de rumores perversos que han vuelto a sacudir el polvo de la insurrección de charreteras y uniformes, guardados en los armarios, tanto como en Septiembre de 2010, insurge la pregunta: ¿Está el Ecuador para un golpe de estado?.

Si fuese por el lado del sector presidencial, nada apunta a mirar una actitud semejante. Y hablo de racionalidad política, porque la situación está siendo enfrentada en medio de una crisis que tal parece todavía no ha desbordado su lado crítico y, una posible estabilización de ingresos vía recuperación del precio del petróleo, venta de energía, créditos externos y sostenimiento de la economía dan para pensar en el optimismo del régimen que dice haber pasado lo peor  - al menos de momento -  y que su manejo de la crisis ya le ha permitido sostenerse y esperanzarse en mejoras futuras.

No se ve en la clase política media asumir una opción de golpe de estado. La popularidad y prestigio del mandatario Rafael Correa, todavía fuertemente sostenidos en su imagen, sumado al anuncio de su retiro del panorama electoral del 2017, que impide su reelección, dan la sensación de vacío que le retiene en sus ansias a la clase política opositora al no tener el “¿quién?” le sustituya y que salga de sus filas. La mayoría agrupada en colectivos partidistas  de sociedad civil, lo único que tienen son ambiciones electorales y quieren que se den los comicios muy pronto, para presentarse como los promotores de la “salvación nacional” a su manera y, que les dé legitimidad las urnas, pero no la vía de la conspiración, la sedición, el golpismo y peor las armas.

En la comunidad internacional nada, absolutamente nada, da para pensar que se respaldaría una intentona golpista de nadie. Es más, baste recordar la reacción de toda la región y los organismos mundiales el 30S, que llegó al extremo de reunirse en horas a todos los presidentes de UNASUR, al tiempo de cerrar fronteras entre Colombia y Perú, como para pensar seriamente en las consecuencias que generaría el repudio al golpe. Sabiéndose respaldado con tal nivel y magnitud de impacto político, es Rafael Correa es el menos indicado para caer en la tentación golpista.

Tampoco creo que se haya calculado las impredecibles consecuencias de impacto en la población civil por un enfrentamiento armado, con una sociedad dispuesta a defender la democracia, ahora si confrontándose en forma directa, vioenta, temible.  Tanto que la misma no ha aceptado las movilizaciones de sectores obreros, sindicales o movimientos sociales, precísamente porque no creen en la desestabilización y ataque a la democracia,

Por el documento que está originado en los pasivos, demuestra la capacidad de inventar realidades y motivarlas a que la población las crea, y hasta tienen asambleístas que son capaces de concurrir a los medios a difuminar tales versiones. Al parecer la estrategia del  culpar el “auto-golpe” va sumada a un permanente desgaste del régimen de Alianza PAIS, acusándolo de corrupción, malgasto, derroche, desastre nacional, malas obras, hambre, muerte, mala atención médica, persecución y represión, criminalidad de la protesta social, control de la justicia, no tener ningún mérito como gobernante y ser causante de la peor tragedia nacional, con los que llenan las imágenes, pantallas, micrófonos o periodicazos. Sin embargo, no lo dicen frontalmente, aunque si al disimulo, que tal estrategia iría a tratar de  conseguir debilitar a un régimen para que no se siga con ese proceso que les quita a “sus” fuerzas armadas el manejo discrecional de patrimonios o dineros y, que no se sancionen a sus generales o mandos por represión, tortura y muerte, por eso se alzaron el 30S, por eso el conflicto de hoy.

Que Rafael Correa esté provocando a los militares para que den el golpe de estado es una versión que desde este lado no se vuelve creíble para nada, pero: ¿Qué piensan en los cuarteles los militares activos?, No se sabe Cuánto impacta el discurso que  tienen los pasivos; por ello esa es una pregunta sin respuesta, porque puertas adentro con los uniformados no se conoce o se sabe nada hasta cuando actúan.

Por eso, por todo eso, siempre se puede sostener que si la reacción es un golpe de estado, en cualquier momento de la historia de la nación las consecuencias siempre han sido malas para el Ecuador, siempre y, peor ahora. (FHA).

Por: Dr. Francisco Herrera Aráuz / Director General de Ecuadorinmediato.com
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