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Edición #4866 |  Ecuador, domingo, 22 de julio de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
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MONTAÑITA LO FUNESTO ENTRE EL PREJUICIO Y EL COMPLEJO

2016-03-07 07:50:00
Análisis
5792

Por FHA/Ecuamex

Tenía que ocurrir, en algún momento el tema se iba a desbordar como un dique que revienta, y claro lo ha hecho de una forma cruel, dañando vidas, perjudicando honras y afectando a toda una nación. Lo de Montañita es ahora una torrentada de conflictos que entremezclan a Ecuador entre los prejuicios y complejos de inferioridad que cobran una deuda muy dura.

 

Tanto la historia, como las “historias” de la comuna de Montañita, Manglaralto, provincia de Santa Elena, se han ido alimentando en forma creciente desde hace algunas décadas, convirtiendo en una especie de mito que mezclaba lo paradisíaco para unos, con la fama de “antro de mala muerte” para otros, pero lo cierto es que el balneario se llenó de la misma y poco a poco se hizo un polo turístico que llamó la atención por la fuerza de sus olas para los surfistas, así como la excesiva laxitud para tolerar todo el desenfreno posible que aguante la farra.

Solo fue cuestión de que se riegue la versión para que el turismo mochilero se empodere del sitio. Lo informal en el manejo del negocio se hizo carne en quienes querían disfrutar con pocos dólares de una diversión que siempre rayaba en el borde de lo prohibitivo, hasta traspasarlo fácilmente. La venta de drogas en micro o narcotráfico, a cualquier escala, nunca fue dimensionado como un problema. Lo cierto es que la permisividad para el consumo como el expendio de los productos narcos eran pan de cada día, y se convirtieron en el principal elemento difusor de un atractivo que llamaba a la gente, a los jóvenes especialmente, a concentrarse en grandes comunidades para usar los estupefacientes como parte de su fiesta.

Si se suman la total tolerancia para cualquier otro comportamiento como resultado del alto consumo del alcohol, que era fácilmente accesible a cualquier hora del día, ya que la rumba empezaba a las 11:00 y terminaba a las 06:00 del día siguiente, sin control de autoridad alguna, que nunca pudo parar el desenfreno que se extendía con las noches largas, y que ofrecía un espectáculo de desenfreno sexual, pues todo eso hizo de Montañita la playa ecuatoriana que fácilmente creció entre la juventud nuestra, la ecuatoriana en gran mayoría, como del sur del continente, especialmente de argentinos, chilenos y peruanos, que acudió en grandes masas a comprobar si tanta palabra sobre tantas ventajas eran ciertas.

Podría ser que se sientan ofendidos algunos de los comuneros de la zona y muchos de los habitantes como empresarios del lugar, pero ellos saben desde hace buen tiempo que esa es la fama de Montañita, que se la había ganado a pulso con cada historia o vivencia que cualquier joven turista que había pasado por allí la contaba.Y fue por el internet el mundo conoció del lugar con muchos detalles pecaminosos de acuerdo con quien los relataba para cautivar a sus conocidos: Allá hay sexo, droga, trago, perdición y mucho mas, casi gratis, a costo bajo. Qué más se puede pedir

Lo grave del hecho es que para el Ecuador, para todos nosotros, y hay que decirlo sin hipocresía, se volvió “normal” que este fenómeno se dé en Montañita. Total, en estos tiempos en nuestra nación es una tendencia exigente creer en lo sacrosanto del turismo como negocio, entonces había que aceptarlo todo con tal de que vengan turistas y divisas, sin considerar los efectos colaterales de tal apertura y, que siempre traen consigo.

 

Y se dio el cruel asesinato de las jóvenes, de Mariana y María José. Desde afuera se dispararon las alarmas que obligaron a que todos regresen a ver al balneario para mirar el escenario del horror y, encontrar que tanta “normalidad” no era aceptable. Lo funesto es que a manera de reacción salten ahora los prejuicios y complejos, para tratar de saldar esta cuenta.

Si, así como lo leen: Prejuicios, de esos que hacen tanto daño y que se han regado de manera indiscriminada, promoviendo una revictimización entre las asesinadas, sus familias y la nación entera. Así: el comentario del prejuicio machista del considerar a las víctimas como causantes del hecho, por andar en tanga, en las calles de la comuna, estar en un bar, o compartir  el ambiente,  es indigna de una mentalidad respetuosa de los derechos de las personas, y en especial de las mujeres, volviendo repudiable el hecho en sí y a quienes piensan de esa forma.

Hay prejuicio en la forma como se ha conducido a la opinión pública, llenándola de rumores, provocándola a que se alarme por unas horas, que se llene de detalles obscuros o inventados, con el fin de explotar el crimen para logra capturar audiencias. Solo ha existido una crónica morbosa que da cuenta del hecho sangriento sin respetar la intimidad de las personas, sin considerar la presunción de inocencia, sin llegar hasta el punto equilibrado del trato de un tema que duele, conmueve y que debería lograr un punto de  sensibilidad de toda una comunidad sobre lo que está pasando ahí, tanto como para arribar a una explicación mayor de los motivos del mal causado con este crimen.

Quien creyera que un hecho delictivo generado por la complicidad de todos, que insisto, hemos visto por comodidad como “normal” lo que pasaba en Montañita, se convierta en cuestión de minutos, por el poder del espíritu de cloaca con el que se comportan algunos en las redes sociales, en un conflicto político para azuzar a la oposición contra el gobierno, las autoridades policiales y de justicia de la nación. Hay tanto prejuicio en este caso, que con sus versiones regadas en tales redes, que el caso se convirtió en horas en un incidente diplomático entre Ecuador y Argentina, con las expresiones de familiares y amigos de las víctimas allá, que creyeron en los dichos e injurias dichas, al punto de convertirlas en “sus “ verdades como lo de la “trata de personas” que sea el principal motivo del crimen de las chicas, mientras ellos mismo admitan que no conocían de la “fama” de Montañita, y nunca puedan explicar ¿Qué hacían las jóvenes argentinas en este sitio de tan mala ralea?.

Y no puede ser que la lógica del dinero, pese a todos los malos efectos que ha causado un mal manejo del turismo informal en la zona, ahora quiera pedir silencio, complicidad o indiferencia ante lo ocurrido. Es de escuchar con asombro como las autoridades del sector privado del turismo reclamen ahora una tranquilidad, que nunca la salvaguardaron, y quieran que retorne la calma, para seguir con sus actividades, sin importar si violentan la ley, y que no acepten ninguna intervención de seguridad porque les “daña el negocio” y ahuyenta a ese turismo que tantos dólares  les ha dado.

 

Como si esto no fuese suficiente asombra que nos haya saltado un “complejo de inferioridad” para tratar a las autoridades que enfrentaron el caso, y buscamos todo pretexto para no creer que el mismo haya sido enfrentado en el país en forma tan rápida, clamando entonces – otra vez por las redes sociales – que intervengan las autoridades argentinas en el caso, logrando que tanto los familiares de las jóvenes víctimas, como de las propias nuestras, se acepte como una cuasi intervención en la justicia ecuatoriana, como una muestra de incapacidad.

No se quiso aceptar que la policía ecuatoriana pudo haber resuelto el caso en menos de 24 horas. El complejo ganó la partida en las opiniones de un buen grupo de ciudadanos que no aceptaron ni siquiera las cifras exhibidas por el Ministro del Interior, José Serrano, que da cuenta de que un 37% de los crímenes cometidos en el 2015 fueron resueltos en ese tiempo, y se logró justicia para esas víctimas. No, no sirvió de nada esta lógica.

Añado a esto el supino desconocimiento e ignorancia en el debido proceso, como en el manejo apropiado de la técnica criminalística, con el que desde algunos sectores de la prensa ecuatoriana y argentina se han presentado al público, causando zozobra y aumentando la desconfianza, explotando así, aún más, ese complejo de inferioridad contra Ecuador que nos hace daño. Súmenle ustedes las duras expresiones descalificadoras de las familias de las víctimas expuestas en los medios de comunicación, ante los propios investigadores ecuatorianos, con una agresividad inexplicable que – si bien es comprensible por dolor causado en ellos – debe tener un límite que manda el respeto que nos merecemos como país, que está enfrentando en forma solidaria este penoso hecho.

Preocupa que tanto prejuicio como complejo incidan en el resultado final de las víctimas. El haber provocado tantas dudas como insultos contra nuestra propia policía y justicia nos ponen en el plano vulnerable de la incredulidad, que se empeora con la presencia argentina que, por motivo que fuese, si no coincide con el enfoque de la forma como se han llevado las investigaciones o el resultado de las mismas, provoque un enfrentamiento de impredecibles consecuencias.

Después de mirar los efectos desastrosos que han causado en la imagen nacional, en sus grandes esfuerzos por promover un turismo siempre aceptado con agrado por Ecuador, el caso debe movernos a enfrentar el tema con rigor. No considerar normal el desenfreno o el tráfico de drogas, ni aceptar los prejuicios como los complejos que han hecho tanto daño a este y otros casos. No. Ni aceptamos ni permitamos que este mal se extienda a otros sitios de la nación, como ya está ocurriendo, por el solo hecho de que da dinero. Después de esto, tampoco hagamos nuestro ese aserto que trata de convencernos que: #Montañitasomostodos, porque ni es cierto ni deseable, y muy por el contrario merece el repudio necesario para tratar de limpiarnos de este triste caso. (FHA)

Por: Dr. Francisco Herrera Aráuz  / Director General Ecuadorinmediato.com
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