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Edición #4866 |  Ecuador, jueves, 18 de enero de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
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MILITARES PASIVOS ¿DISTANCIA, RECHAZO O FRUSTRACIÓN?

2016-02-29 20:30:00
Análisis
8937

Por FHA/Ecuamex

Tras mirar la toma que permite apreciar como un grupo de militares retirados se va de la ceremonia del cambio de mando de las Fuerzas Armadas, el pasado viernes 26 de febrero, como una muestra de rechazo al Presidente de Ecuador, se puso en juego el discurso de la importancia de los militares y la atención al rol que les dirige la ciudadanía. Da la impresión que el retiro fue frustrante para los ex uniformados, porque comprobaron que desde hace tiempo atrás una buena parte de la nación ha marcado distancias con ellos y, que se marchen del acto castrense no trascendió más allá del momento.

Sin embargo, vale la pena reflexionar sobre el hecho y los motivos que han sostenido desde hace tiempo atrás los militares pasivos, los de estas generaciones, para confrontarse con la forma y fondo de la relación cívico militar que mantiene el gobierno con las fuerzas armadas ecuatorianas. Todo parece indicar que no es solo Rafael Correa, es todo un marco conceptual ideológico, que estos tratan de mantenerlo a pesar de que ya no están en filas, y quieren que se los conserve por sentir que llevan en su pecho el honor de un triunfo sobre el enemigo histórico peruano.

Para empezar son la generación de militares de formación estrictamente anticomunista, totalmente opuesta al modelo socialista y, que se enfrentaron a la destrucción de los moldes de la “guerra fría”, a finales de los 80´s. Pesa en ellos la sombra de una doctrina de la seguridad que venía arrastrando los horrendos crímenes de las dictaduras militares latinoamericanas, con torturas, desaparecidos, asesinatos en masa, genocidios y exterminio del pensamiento social diferente.

Tienen a su haber la formación rígida del modelo norteamericano, que se impuso en los cuarteles, estudios, planes y programas para lograr una oficialidad de íntima vinculación a los deseos de los estadounidenses, que formaron en nuestras naciones a los cuerpos de élite uniformada, con privilegios y beneficios. Eso si, con un punto muy favorable, son la generación de militares que se formaron profesionalmente, con carreras adjuntas, con estudios superiores en universidades, lo que les dio un mayor carácter de presunta superioridad a sus antecesores.

Son parte de una serie de generaciones formadas en un marco de la democracia, que la dictadura militar de los 70´s, les dejó con una definición conceptual de pose de arbitraje dirimente de los conflictos pol[iticos, con derecho de veto en las instituciones consideradas estratégicas y, con capacidad de intervención política directa en las grandes decisiones nacionales. Por ello, mirando de reojo a la crítica situación de la sociedad civil, con niveles de descomposición y desorganización evidentes, les validó el criterio de ser ellos y solo ellos la “columna vertebral” de la nación.

Sí. Son de la generación que ha actuado en la política nacional de manera directa y, han tenido, desde un miembro de sus filas, electo presidente por las urnas (Coronel Lucio Gutiérrez 2003-2005), una serie de diputados o asambleístas, hasta dignatarios de poder local como alcaldes o prefectos, demostrando un liderazgo político propio, popular y de amplia aceptación de las masas en algunos casos. De igual forma, han intervenido de forma indirecta, pero igual de conspirativa, en los golpes de estado de este tiempo (Abdalah Bucaram 1997; Jamil Mahuad 2000; Lucio Gutiérrez 2005), en una actuación de aparente solución pedida por la masa popular revuelta, sujeta al escrutinio de la historia, porque no aparecen como dictadores pero auparon a esos atentados contra el estado de derecho.

A no dudar que tienen en mérito histórico de la victoria en la Guerra del Cenepa (1995), que les llenó de gloria por el papel jugado ante la eterna posición peruana que con anterioridad había humillado y sometido al Ecuador. Esa generación demostró la razón de ser de los militares de esos días, y justificaron plenamente su papel ante la historia.

Sin embargo, con el paso de los días esa misma historia se ha vuelto en su contra y, al parecer el sentimiento ciudadano se ha ido volcando poco a poco a dudar de la existencia de esta clase militar defendida por esta generación, que no halla el motivo por el cual la ciudadanía ha marcado distancias y comienza a alzar voces contra los uniformados, precisamente como una reacción a las palabras, dichos o gestos de este grupo de miliares pasivos, que pugnan por seguir ocupando un espacio o revindican un papel que ya la nación no los considera.

Ahora, con la elección del régimen de Rafael Correa, desde el 2007 ellos sienten en carne propia que las cosas han cambiado, y una muestra de ello es la contradicción que deben enfrentar en su formación profesional, el haber enfrentado a los comunistas o socialistas como sus enemigos, como el enemigo interno  por un concepto ideológico neto; por lo que les cuesta trabajo observar como militantes de esas tendencias sean elegidos representantes nacionales, o sean considerados como los jefes del poder político que subordina a los militares, y peor aún que sea la voluntad popular masiva los que los respalde por fuera de los cuarteles, en las urnas, con los votos, con democracia.

Para su condición de militares profesionales no es concebible que sus actos anteriores sean fiscalizados por la historia y, que sus compañeros de armas, sean sujetos de enjuiciamientos. De hecho, hasta estas fechas las fuerzas armadas ecuatorianas nunca habían sido involucradas en los excesos y abusos cometidos en los actos de represión de la guerra sucia gorilesca latinoamericana. Pero, lo descubierto de los años 1984 – 1988, al abrirse expedientes, archivos y descubrir que se usaron cuarteles, armas y elementos uniformados para tortura, ejecución, violación o desaparición de personas, y que se dieron órdenes militares para el efecto, los manchó. La respuesta dada por algunos de los voceros de los uniformados, todos pasivos, son insuficientes al señalar que se cumplieron las disposiciones del poder político o que se salvó el estado derecho, ante lo grave de las acusaciones de lesa humanidad presuntamente cometidas por miembros de su generación.

Peor quedan ante la historia los mandos militares que condecoraron a Augusto Pinochet en 1992, en un acto ofensivo a la nación ecuatoriana por respeto a los derechos humanos y a las víctimas de este personaje siniestro por asesino y represor.

Lo del triunfo en la Guerra del Cenepa es indiscutible, los inspiró y los hizo sentirse orgullosos de ser parte de un ejército triunfador. Sin embargo cuando se callaron las armas subieron de tono las versiones y los resultados no han sido los esperados.

Así: La duda sobre ¿Cuánto costó el conflicto bélico del Alto Cenepa? riega demasiadas versiones precisamente porque nunca se ha dado una explicación del dinero utilizado. Nunca, nadie dio cifras ni el poder político de Sixto Durán Ballén, menos los militares. Eso no lo tiene claro la población. La presunción de corrupción en dicha guerra se ha extendido por la presencia física de la “chatarra” en que se convirtieron los miles de dólares en armas guardadas en las bodegas militares ecuatorianas ya que, tras ser compradas a Argentina, se mantienen activas las acusaciones contra el ex presidente Carlos Menen, justo por este caso nunca aclarado a la nación.

Saltan igual las versiones contradictorias sobre ¿Quiénes combatieron realmente son los héroes de la Guerra del Cenepa?, y lo digo porque las propias filas de soldados han regado las inculpaciones entre ellos, que se señalan que se enrostran grados de cobardía, actos huidizos, conductas sinuosas, alejamientos sospechosos y, partes de guerra injustos de esa mentada guerra. Hay que revisar el vergonzoso debate que han sostenido los uniformados pasivos ante el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, que no muestra precisamente tal heroísmo y mucho de vergüenza entre sus propios soldados.

Para la nación ecuatoriana es difícil asumir que esta generación de militares pasivos le dé un trato por la Guerra del Cenepa “como si fuera deuda”  cuando los resultados de tal conflicto, después del acuerdo firmado por Mahuad y Fujimori, no son precisamente halagadores. Nadie ha respondido, y menos desde esas filas de uniformados, que, a fin de cuentas, Ecuador perdió 14 mil kilómetros cuadrados frente al Perú y solo logró que se privatice un kilómetro cuadrado en Tiwintza, cuya utilidad hasta ahora nadie la ha demostrado, motivo por el cual no se puede convertir en deuda eterna esa acción militar, que se la quiere cobrar incesantemente y que la recuerda en los discursos de forma constante. Y nada más indigno que la versión no  confirmada, regada por el ex asesor de Fujimori, Vladimiro Montensinos, sobre un presunto pago a los legisladores de la época de US$ 20 Millones, que le revelara al ex juez Baltazar Garzón, y que hasta ahora no ha sido desmentido. Duele a la memoria histórica tal versión.

Al abrirse el conflicto del ISSFA se interpone un concepto sobre los beneficios y privilegios que gozan los militares, los montos de sus pensiones, retiros y cesantías, comparados con la población civil. Más de uno se siente perjudicado al mirar los montos altos de los que disfrutan, justo algunos de los militares de esa generación, frente al sacrifico similar o mejor de un ciudadano común que trabaja y que actúa con el mismo espíritu de patria pero por fuera de los cuarteles. En las redes sociales, hoy el termómetro del sentimiento ciudadano y de la opinión, mucho se habla y se exigen explicaciones que esta generación militar no las podrá dar.

Se nota que a los militares pasivos les cuesta asimilar lo ideológico, mas allá del que sus nociones y conceptos de lo militar, de la seguridad, de las armas, no sean lo que ellos tuvieron. Si el nombramiento de una mujer como Ministra de Defensa provocó un arduo debate en sus filas, que hasta ahora no lo superan, y que igual hubiera sido si han puesto un hombre, porque no es un militar el que está en ese cargo, es ese sentimiento de saberse únicos, importantes, como si solo ellos tuviesen el monopolio de la verdad en estos temas y; eso se nota en sus constantes comparecencias a los medios de comunicación desde donde actúan, como queriendo mandar hasta al mando militar actuante, por considerarlos inferiores, tal cual como si estuvieren todavía en filas dando órdenes, no se diga con los ministros o ministras y hasta el propio presidente.

Entre los propios militares hay un axioma que dice que un general deja de serlo en el mismo momento en que pasa a retiro, después de eso nadie lo obedece y menos los activos. Pues bien, el retiro de los oficiales la mañana de ese viernes, más allá de un gestó que buscó rechazar al Presidente de la República, su Comandante en Jefe, dio la impresión que fue un sentimiento de frustración el que les movió de sus asientos y salirse del acto castrense, a sabiendas de que no era un acto espontáneo y, que no contaría con ningún gesto de aprobación o al menos de solidaridad de las filas de soldados activos formados para la ceremonia.

El resultado de todo esto ¿No será que ha llegado la hora de aclarar estos hechos y abrir un nuevo debate sobre la importancia de estos actos y los de los miembros pasivos de las fuerzas armadas para el Ecuador? pues bien, no solo esa es la pregunta sinó: ¿ Qué importancia histórica y a futuro se merecen tener y considerar para las FF.AA. de Ecuador?; ¿Cuan preparados estamos como nación para analizar este debate, sin la frustración o el resentimiento que genera? Quién sabe. (FHA).

Dr. Francisco Herrera Aráuz Director General Ecuadorinmediato
Ecuamex: Agencia de Noticias productora de contenidos para Ecuadorinmediato.com

 

 

 

 

 

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