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Edición #4866 |  Ecuador, sábado, 22 de septiembre de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
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EL ODIO NO SE CURA CON ASCO

2016-02-15 07:53:00
Análisis
6266

Por FHA/Ecuamex

Lo que está pasando en estos momento en el espectro político ecuatoriano es el resultado de la vivencia del odio, que les invadió a muchos sectores que están en la oposición al régimen de Rafael Correa, y que les ha infectado de manera grotesca, al punto que ahora buscan curarse con una tendencia de asco y repudio entre ellos, ya que antes se unieron para odiar en común. Eso al menos es lo que se evidencia del espectáculo que están dando al ofenderse pública y privadamente mientras buscan "acuerdos".

                Para empezar, es obligatorio decir que el odio político en Ecuador se extiende desde tiempos ancestrales y ha levantado poblado contra poblado, generando víctimas mortales, en algunos casos crueles e infamantes, como el del general Eloy Alfaro, víctima de las pasiones exaltadas por ese odio que terminó con su humanidad arrastrada por Quito, poblada que infecta del odio, consumado el delito, luego fue a oler la chamusquina de las cenizas del “indio Alfaro”.

                En el presente tiempo debo señalar con toda la certeza del caso que fue desde las propias filas de Alianza País que empezó el odio político que hoy nos invade y fue en los días en que se constituyó como fuerza política en el 2006, cuando se construyó la colcha de retazos,  en la que se unieron en su entorno todas las fuerzas posibles que clamaban por el nombre de Rafael Correa. Esa, que fue una campaña dura y difícil, se caracterizó por la actitud de confrontación de personas y sectores muy ligados a la izquierda, que se volcaron a la crítica contra todos aquellos que no estaban con su candidatura, generando enfrentamientos enojosos.

Eso fue el inicio. La llegada al poder en el 2007, por motivos lógicos, volcó el odio de los demás, de los que perdieron y los que se opusieron desde siempre al nuevo Presidente de Ecuador.

El paso de los días en el gobierno proyectó un caso inimaginable: que los aliados se vuelvan en contra del propio Rafael Correa, a quien lo pasaron rápidamente de héroe a traidor porque no les cumplía sus agendas propias con las que llegaron o, porque les había arrebatado los feudos de poder que tenían secuestrados en sus manos. Para la ciudadanía se volvió inexplicable, en un principio, que los líderes sindicales, indígenas, del magisterio, de las universidades, ecologistas, movimientos sociales, político-partidistas, agrupaciones feministas y colectivos varios, se lancen de un momento a otro a explotar su odio contra Correa, argumentando estos, que les había fallado, cuando en el fondo era la disputa del querer conservar o adquirir el poder para que Rafael Correa haga lo que ellos quieren, mientras que el mandatario en acto de gobierno tenía que salvaguardar el bien común ante esta serie de ambiciones particulares.

La izquierda ecuatoriana siempre ha estado dividida por este fenómeno del odio político, ha sido su debilidad, tanto como el motivo de su cuasi extinción, el haber sido permeable al nefasto resultado que se generaba con insidia desde la derecha o el centro político o el común ciudadano. Y, también está el hecho de ser promotores de ese odio político contra sus rivales como en sus propias filas, de manera que no fue raro observar como los ex gobiernistas eran los más tenaces opositores usando las armas más innobles. Así, la mentira, la exageración, al calumnia, el rumor, y la victimización provocada fueron sacadas a primera fila para usárselas contra su antiguo aliado, buscando conseguir que lo derroquen, lo eliminen, o por lo menos los desgasten hasta lograr que se les devuelva sus antiguos feudos o parcelas de poder ansiado.

Y no hay duda que el gobierno como el propio Rafael Correa, fueron conociendo de a poco a sus socios y hoy enemigos comunes,  Probablemnte por ello es que se sabía cómo enfrentarles usando la información y comportamiento que habían tenido en el pasado de cada uno de ellos, hasta obtener la manera de responderles en forma efectiva, para generar mayor credibilidad a su favor. Esa fue la verdadera batalla con la oposición y con la cual se defendió el régimen.

Como en la política ecuatoriana, con el afán de mantener su negocio de contradecir a quien está en uso del poder, se aplica con dureza la máxima "el enemigo de mi enemigo es mi amigo" entonces, no les fue difícil encontrar aliados para sumarse a la campaña de odio político, hasta llegar al extremo de provocar sucesos lamentables, como la asonada del 30S, o el calentamiento de calles y los enfrentamientos  con paralización parcial de poblaciones levantadas con este recurso.  Fueron sumando poco a poco a un grupo no determinado, pero evidentemente minoritario, que ganó efectividad en su accionar usando a los alineados como opositores, junto a las redes sociales que se volvieron las más útiles armas para generar su discurso. Ahí se unieron, en las palabras y llamados, en convocatorias e insultos, desparramaron el odio político.

El estallido del odio político contra el gobierno de Alianza PAIS fue agrupando a los que les unía el estar en contra Correa. Las expresiones del mismo fueron encontrando campo fértil en varios espacios, de entre ellos en los medios de comunicación y periodistas – que antes marginaban o perseguían a la izquierda ecuatoriana – y, en otras agrupaciones que los habían utilizado, manipulado o atacado, como  policías y militares pasivos, que se convirtieron en los aliados vitales para esta expansión del odio.

De pronto se vieron unidos en pactos contra-natura personas y líderes de opinión pública que nunca antes se habían juntado, o que se conocían muy bien por sus ataques constantes, o contradicciones notorias, a lo cual se fue sumado las viejas traiciones de las que está llena la historia política ecuatoriana. Todos insistieron en el factor común: el odio a Correa, y pues no importó mucho mezclarse si de lograr sus fines se trataba. Públicamente se unieron en discurso y, en forma unánime se coaligaban  para tratar de derrocar al mandatario. Desde la simple palabra virulenta hasta el llamado al golpe de estado o el magnicidio eran parte de su lenguaje que los identificó sin miramiento alguno.

Muchas víctimas han caído por la fuerza de ese odio político. Más de una amistad fue rota, más de una credibilidad afectada, más de una familia separada, más de una militancia deshonrada, más de un criterio ofendido, todo fue atacado. Igual que en la campaña del 2006, los mismos de siempre los de ese entonces, actuaron en estos días contra todo aquel que no les satisfacía sus ambiciones o malos criterios, todo porque el odio político los movió  a ensañarse en forma maniquea.

Pero, no todo era tan blanco o uniforme para el grupo opositor en los años del gobierno de Correa. El odio político, ese mismo que no es otra cosa que “un veneno que se toma uno para que le haga daño al resto” se fue convirtiendo en una especie de boomerang contra todos los grupos opositores.

Así, cuando la ocasión los llamó a unirse para la consulta popular del 2011, en la que se mostraron como un frente común, por debajo o a sus espaldas les saltó el celo y asco con el que siempre se habían tratado. Y digo esto, porque me tocó escuchar y presenciar en las entrevistas que les hice, o en unas cuantas escenas de sus propias bocas o actos, que se reflejaban la envidia con la que eran maltratados unos sobre otros, sea por la preferencia en los medios, donde obtenían más espacio o; por el contrario, si eran  mas o menos anti-correistas ante la opinión pública.

Pese a mantenerse aparentemente unidos, cada uno por su lado levantaba barreras para separarse o, rescataban viejos rencores. Los celos les carcomían, por ejemplo, en los sucesos de agosto de 2015, cuando lograron una movilización de sus masas, que les siguieron bajo el signo de la violencia. De entre ellos saltaron las sospechas para fijarse ¿Qué cantidad de su propia gente habían movilizado? O, si la versión de recursos usados para el efecto estaba bien manejada, estallando diferencias internas que ellos bien lo saben. Y, peor aún, se agitó su propio cotarro cuando el enemigo que los había unido, Rafael Correa, proclamó que no iban más a la reelección a la que tanto temen porque saben que perdían electoralmente. Eliminado el motivo de su unión, se volvieron a mirarse entre sí, y se dieron cuenta que no era posible haberse juntado con esa gente, a la cual la tenían a su lado gritando las mismas consignas, compartiendo los mismos odios. No. Eso no podía seguir y ahora ese odio se volvió en su contra para expresarse en repudio público.

Y no pasaron muchos días, desde que Correa no va más, para ver como la oposición política ecuatoriana pagó caro su explosión de odio político. No podían ni pueden unirse, no pueden juntarse, ese fue el precio. Infectos como están de ese odiar continuo no pueden aceptar que tengan que unirse con quienes se conocen mucho, que se saben tanto. No. Tampoco se juntarán a una nueva aventura política si se saben entre ellos lo que hicieron en sus filas, lo que piensan entre sus gentes para sostener esa oposición odiadora. Nada peor que quien te conoce haga hoy las cosas a su manera y te las pueda enrostrar a futuro.

Por eso saltaron las diferencias en los actos de “unidad”. El odio político con el que han tratado estos años a la situación nacional no es fácil curarse. Han dicho, han hablado, han actuado, han comprometido, han sido tan cómplices, que no es posible salir limpios de tal difícil entuerto. Entonces, para tratar de salvarse de lo que generaron, lo quieren hacer expresandose con la consabida receta de acudir nuevamente a las viejas diferencias, sacar de  flote la ideología que no la respetaron antes cuando se unieron izquierda con derecha sin pudor, volvieron a los antiguos ataques, a la oposición recíproca, a separarse. En fondo el motivo es el mismo: sentir que el "otro" puede tener mas chance electoral que ellos, aparte de querer mantener sus agendas y sus feudos propios o, regresar a ese pasado a controlar el poder que ostentaba lo que nadie les garantiza nada y menos sus hasta ahora socios.

Entonces, la opinión pública está viendo sorprendida como actúan estos líderes queriendo sacarse ese odio de encima, como queriéndose quitar de sus espaldas y conciencias toda la violencia desatada culpando a sus socios del odio, tachándoles de rivales de siempre con los que no tuvieron ningún temor de juntarse; pero no es posible ganar credibilidad atacando a sus “amigos del ayer” para convertirlos en “enemigos de hoy” sin más motivo que no sea la disputa del poder.

La codicia y ambición con las que actúan les ha marcado históricamente para siempre, y no podrán sanarse de toda la ola de odio desatada con un espectáculo bochornoso como el del pasado 27 de enero de 2016. Sí. Ustedes, se los puede señalar frontalmente que  desataron la tendencia contra uno, para luego rechazarse entre los mismos,  por lo que  queda claro entonces que: El odio no se cura con asco, por eso nunca podrán unirse y seguirán siendo débiles políticamente ante una nación cuya gente esto no lo olvida. (FHA)

Por: Francisco Herrera Aráuz Director Ecuadorinmediato.com
Ecuamex: Agencia de noticias productora de contenidos para el Sistema Ecuadorinmediato
@2016


 

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