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Edición #4866 |  Ecuador, martes, 16 de enero de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
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¿ESTÁ SIN DISCURSO LA OPOSICIÓN EN ECUADOR?

2016-01-11 07:50:00
Análisis
5458

Por FHA/Ecuamex

Tal pareciera que de un momento a otro el solo anuncio de la "no participación" de Rafael Correa para la próximas elecciones, le quitó la iniciativa a la oposición, redujo su discurso y en la misma no se atinan respuestas a los continuos pronunciamientos que de un día para otro les pone en la mesa el mandatario ecuatoriano. Pareciera que en las filas opositoras el ¿qué hacer? se agotó frente al vacío político promovido por el actual presidente.

A lo largo del último año, tras la presentación del paquete de 16 enmiendas, en el que se incluía a la reelección sin límite para todos los cargos de elección popular, incluido el del presidente, se desató la furia opositora y, agnados y cognados se lanzaron todos a una a rechazar esta opción política enfocados en un solo punto fijo: impedir que Rafael Correa se vuelva a lanzar de candidato presidencial, por la certeza de que serían nuevamente derrotados y, eso no podía soportarse más en tales cuarteles.

La guerra desatada cometió un solo gran error: dirigió toda su artillería contra Rafael Correa, se olvidó de lo demás, no lo enfocó ni le interesó. Es más, cuando se les preguntó a algunos de los líderes de la oposición porque no trataban las demás enmiendas, las denominaron como “cortina de humo” que buscaba tapar la reelección, sin importar los temas de fuerzas armadas, participación ciudadana, contraloría, comunicación como servicio público, derechos laborales y hasta los fondos previsionales. Se hicieron de lado de ese debate y se autoexcluyeron en forma vergonzosa por disputar el único espacio de poder que les interesa: la presidencia de la República.

Pasaron los días veloces del 2015 y las frases, poses, caras gestos y ataques fueron subiendo de tono para enfrentar a Correa y sus intenciones. De todo le llamaron: dictador, tirano, abusivo y demás epítetos buscaron convencer al electorado para que Correa no sea nuevamente Presidente.

Blandiendo una presunta encuesta tratada por los líderes políticos a su antojo, se argumentó en una variable falsa que cambiaba según el vocero que manejaba la encuesta como trapo de cocina, en un manoseado margen del 71 al 90% que sostenía de la nación quería ser consultada para oponerse a esos afanes reeleccionistas. El grosero maltrato de tal encuesta agrandó la brecha entre la gente que no sabía a quién creer y además, ¿por qué creerles?, lo que se logró entonces fue una enorme distancia entre la gran masa popular que respondió con una despreciable indiferencia a la oposición, a la que no le siguió, no le creyó y no le importó.

Las minorías políticas en disputa por el poder en Ecuador no midieron consecuencias de una posición tan radical, que llegó al extremo de apelar hasta el golpe de estado al amparo de las redes sociales y al grito virtual del #fueracorreafuera, se embarraron en su propio clamor, todo con el afán de impedir que el mandatario ecuatoriano pudiera ser reelecto, en el fondo porque les quitaba espacio, opción de llegar ellos, de aplicar el “quítate tú que me pongo yo”.

Las movilizaciones de los sectores extremos de la izquierda, entre trabajadores, obreros, campesinos largamente distanciados de lo urbano y la tan decantada clase media a la que quisieron apelar a que los apoye en sus marchas y manifestaciones, terminó por alejar con indiferencia a las grandes masas de estos grupos minúsculos, minoritarios, que se mostraban compactos en sus eventos pero con distinto tono de reclamo, tan diverso que volvió incomprensible y nadie sabía en el fondo ¿Por qué protestaban? Ahí fue que los dejaron solos, tan solos que sus violencias terminaron con el ridículo y el racismo que desataron los incidentes burlescos como el de Salvador Quishpe y su cara tiznada.

Lo que nadie esperaba fue el rumbo que tomaron los acontecimientos con un Rafael Correa decidido a reforzar su proyecto político de revolución ciudadana frente a una oposición tan radical pero dislocada y, fue entonces que lanzó su siguiente jugada política: no presentarse a la reelección y quitarle toda la iniciativa a sus rivales que habían agotado todos los esfuerzos con miras a un enfrentamiento con el líder mandatario hacia el 2017.

Con su decisión, plasmada en una disposición transitoria de las enmiendas, que le auto-impide ser el rival temido a las elecciones del próximo año, Rafael Correa les arrebató el discurso a sus opositores, al punto que estos no atinan hasta el momento como enfocar nuevas críticas, porque su credibilidad, la de ellos, deja mucho que desear después de todo lo dicho y lanzado a los cuatro vientos. Las ofensas se volvieron escupitajos al cielo caídas en su propia cara.

Tan sorprendida esta la oposición en Ecuador que no atinan ninguna respuesta, con un panorama agudizado por sus propias contradicciones, entre ellos se pelean ahora por captar el presunto vacío dejado por el Presidente Correa, pero su innegable ambición para hacerse del poder no da para llenarlo en un solo movimiento o liderazgo, ya que se hallan extremadamente fragmentados. No es para creerlo pero hay cerca de una decena de candidatos proyectándose desde la oposición, si como se lee, decena.

Y el punto siguiente está en las opciones que tendría la oposición para ganar las elecciones, sea en lo presidencial como en lo legislativo, para lo cual se debe enfrentar a un nuevo temor y con el mismo fantasma: que la muerte cruzada le devuelva el poder a Rafael Correa, para lo cual ya no estaría impedido de retornar al cargo. Tan fuerte es el temor, y tan de sorpresa les ha tomado este anuncio que vuelven a caer en el mismo conflicto; discutir a futuro incierto sin tener precisión en que el comportamiento del mandatario sea confirmado, agotando sus pocas salvas que les quedan para las próximas elecciones.

Al final uno se pregunta si esto es bueno para el Ecuador, y mi respuesta es No. A estas alturas de la historia del país, la oposición ya debe tener en forma obligatoria un plan de gobierno efectivo, un proyecto político propio, una buena cantidad de líderes locales y nacionales con identidad para asumir el mando en la nación. Es funesto que no lo tengan y que lo demuestren no tenerlo, eso perjudica a la democracia.

Francisco Herrera Aráuz / Director de Ecuadorinmediato.com
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