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Edición #4501 |  Ecuador, martes, 24 de octubre de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
urgente

"No caigan en el alzheimer espiritual" pidió Papa Francisco a religiosos

2015-07-08 18:14:00
Papa Francisco en Ecuador
1835

"El Señor nos llamó gratuitamente para seguirlo", recordó

En su última actividad en el Santuario de El Quinche, el Papa Francisco dirigió su discurso a los religiosos del país que se congregaron este miércoles. El Sumo Pontífice pidió que no apartarse de la gratuidad de Dios y tampoco olviden sus origines. "El Señor nos llamó gratuitamente para seguirlo o servirlo, no caigan en el alzheimer espiritual, no pierdan la memoria, sobre todo, la memoria de donde me sacaron", afirmó.

Tengo que hablarles a los sacerdotes, a los seminaristas, a las religiosas, a los religiosos y decirles algo, tengo un discurso preparado, pero no tengo ganas de leer, así que se lo doy al Presidente de la Conferencia de Religiosos para que lo haga público después.

Pensaba en la Virgen, pensaba en María, dos palabras de María, me está fallando la memoria, pero no sé si dijo alguna otra, bueno sí, pidió explicaciones de por qué la elegían a ella al ángel, dice: hágase en mí y otra palabra: hagan lo que él les diga.

María no protagonizó nada, discipuleó toda su vida, la primera discípula de su hijo y tenía conciencia de que todo lo que ella había traído era pura gratuidad de Dios, conciencia de gratuidad, por eso, que se manifieste la gratuidad de Dios, religiosas, religioso, sacerdotes, seminaristas, todos los días vuelvan, hagan ese camino de retorno hacia la gratuidad con que Dios los eligió.

Ustedes no pagaron entrada para el seminario, para entrar a la vida religiosa, no se lo merecieron, se algún religioso o sacerdote o seminarista o monja que hay aquí cree que se lo mereció, que levante la mano.

Todo gratuito y toda la vida de un religioso, de una religiosa, de un sacerdote y de un seminarista que va por ese camino, y bueno, ya que estamos digamos, y de los obispos, tiene que ir por este camino de la gratuidad, volver todos los días, Señor, hoy hice esto, me salió bien esto, tuve esta dificultad, pero todo viene de vos, todo es gratis, esa gratuidad, somos objeto de gratuidad de Dios.

Si olvidamos esto, lentamente, nos vamos haciendo importantes y mira vos a este, qué obras que está haciendo, o mira vos a este lo hicieron obispo de tal lugar o a este lo hicieron monseñor y ahí lentamente nos vamos apartando de esto que es la base, de lo que María nunca se apartó: la gratuidad de Dios.

Un consejo de hermano, todos los días, en la noche, quizá es lo mejor, antes de irse a dormir una mirada a Jesús y decirle: todo me lo diste gratis, y volverse a situar, entonces, cuando me cambian de destino o cuando hay una dificultad no pataleo porque todo es gratis, no merezco nada, eso hizo María.

San Juan Pablo II en la redentoris mater, la recomiendo que la lean, es verdad, el Papa San Juan Pablo II tenía un estilo de pensamiento circular, profesor, pero era un hombre de Dios, entonces, hay que leerla varias veces para sacarle todo el jugo que tiene, y dice que, quizá, María, no recuerdo bien la frase, lo estoy citando, pero quiero citar el hecho, en el momento de la cruz de su fidelidad, hubiera tenido ganas de decir: ¿y este me dijeron que iba a salvar Israel? Me engañaron, no lo dijo, ni se permitió porque era la mujer que sabía que todo lo había recibido gratuitamente.

Consejo de hermano y de padre: todas las noches resitúense en la gratuidad y digan: hágase, gracias porque todo me lo diste vos.

Una segunda cosa que les quisiera decir es que cuiden la salud, pero, sobre todo, cuiden de no caer en una enfermedad, una enfermedad que es media peligrosa o del todo peligrosa para los que el Señor nos llamó gratuitamente para seguirlo o servirlo, no caigan en el alzheimer espiritual, no pierdan la memoria, sobre todo, la memoria de donde me sacaron.

La escena esa del profeta Samuel cuando es enviado a ungir al Rey de Israel, va a Belén, a la casa de un señor, que se llama Jessé, que tiene 7 u 8 hijos, no sé, y Dios le dice que entre esos hijos va a estar el rey y, claro, lo ve y dice: este debe ser este, al mayor, era alto, grande, apuesto, parecía valiente y le dicen: no, no es ese, la mirada de Dios es distinta a la de los hombres y así los hace pasar a todos los hijos y Dios le dice no, no es y se encuentra con que no sabe qué hacer y le pregunta al padre: che, no tenés otro, y le dice: sí, está el más chico, cuidando las cabras o las ovejas, mándalo a llamar, y viene el mocosito, que tendría 17, 18 años, no sé, y Dios le dice: ese es, lo sacaron detrás del rebaño y otro profeta cuando Dios le dice que haga ciertas cosas, como profeta, pero yo quién soy si a mí me sacaron de detrás del rebaño. No se olviden de dónde los sacaron, no renieguen las raíces.

San Pablo parece que intuía este peligro de perder la memoria y a su hijo más querido: el Obispo Timoteo, a quien él ordenó, le da consejos pastorales, pero hay uno que toca el corazón: no te olvides de la fe que tenía tu abuela y tu madre, es decir, no de olvides de dónde te sacaron, no te olvides de tus raíces, no te sientas promovido.

La gratuidad es una gracia que no puede convivir con la promoción y cuando un sacerdote, un seminarista, un religioso, una religiosa entra en carrera, no digo mal, carrera humana, empieza a enfermarse de alzheimer espiritual y empieza a perder la memoria de dónde me sacaron.

Dos principios para ustedes sacerdotes y consagrados y consagradas: todos los días renueven el sentimiento de que todo es gratis, el sentimiento de gratuidad de la elección de cada uno de ustedes, ninguno la merecimos y pídanle gracias de no perder la memoria, de no sentirse más importante y es muy triste cuando uno ve a un sacerdote o a un consagrado o una consagrada que en su casa hablaba el dialecto o hablaba otra lengua, una de esa nobles lenguas antiguas que tienen los pueblos, Ecuador cuantas tiene, y es muy triste cuando se olvidan de la lengua, es muy triste cuando no la quieren hablar, eso significa que se olvidaron de donde los sacaron.

Esos dos principios si los viven todos los días, s un trabajo de todos los días, todas las noches recordar esos dos principios y pedir la gracia, esos dos principios, si los viven, les va a hacer vivir con dos actitudes, primero, el servicio, Dios me eligió, me sacó ¿para qué? Para servir y el servicio que me es peculiar a mí, no, que tengo mi tiempo, tengo mis cosas, que tengo esto, que no, que ya cierro el despacho, tenía que ir a bendecir las casas, pero estoy cansado, hoy pasan una telenovela linda por televisión, para las monjitas, entonces, servicio, servir y no hacer otra cosa y servir cuando estamos cansados y servir cuando la gente nos harta.

Me decía un viejo cura, que fue toda su vida profesor en colegios y universidad, enseñaba Literatura, letras, cuando se jubiló, le pidió al provincial que lo mandar a un barrio pobre, esos barrios que se forman de gente que vienen, que migran buscando trabajo, gente muy sencilla, y este religioso una vez por semana iba a su comunidad y hablaba, muy inteligente, la comunidad era una comunidad de Facultad de Teología, hablaba con los otros curas de teología al mismo nivel.

Un día le dice a uno: te faltan dos tesis ¿cuáles? El santo pueblo fiel de Dios es esencialmente olímpico, hace lo que quiere, y ontológicamente hartante, y eso tiene mucha sabiduría porque quien va por el camino del servir tiene que dejarse hartar sin perder la paciencia porque está al servicio, ningún momento le pertenece, estoy para servir en lo que debo hacer, servir delante del sagrario, pidiendo por mi pueblo, pidiendo por mi trabajo, por la gente que Dios me ha encomendado.

Servicio mézclalo con lo de gratuidad y, entonces, aquello de Jesús, lo que recibiste gratis, dalo gratis, por favor, no cobren la gracia, por favor, que nuestra paz sea gratuita y es tan feo cuando uno va perdieron este sentido de gratuidad y sí hace cosas buenas, pero ha perdido eso.

Y la segunda actitud que se ve en un consagrado, en una consagrada, en un sacerdote que vive esta gratuidad y esta memoria, estos dos principios que dije al principio, es el gozo y la alegría, y ese un regalo de Jesús, es un regalo que él da, que él nos da si se lo pedimos y si no nos olvidamos de esa dos columnas de nuestra vida sacerdotal o religiosa, que son el sentido de gratuidad, renovado todos los días y no perder la memoria de dónde nos sacaron.

Sí, padre usted nos habló que quizá la receta de nuestro pueblo era: somos así por el Sagrado Corazón, es verdad eso, les propongo otra receta que está en la misma línea, en la misma del Corazón de Jesús: sentido de la gratuidad.

Él se hizo nada, se abajó, se humilló, se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, pura gratuidad. Sentido de la memoria, y hacemos memoria de las maravillas que hizo el Señor en nuestra vida.

Que el Señor les conceda esta gracia a todos, nos la conceda a todos los que estamos aquí y que siga, iba a decir premiando, bendiciendo a este pueblo ecuatoriano, a quien ustedes tienen que servir y son llamado a servir, los siga bendiciendo con esa peculiaridad tan especial que yo noté desde el principio al llegar acá.

Que Jesús los bendiga y que la Virgen los cuide.

(PAY)

 

 

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