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Edición #4501 |  Ecuador, lunes, 23 de octubre de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores

EXPRESO (Guayaquil) Llamado a la unidad y a dejar a un lado los personalismos

2015-07-08 07:38:13
Papa Francisco en Ecuador
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Habló de "la necesidad de luchar por la inclusión a todos los niveles"

El día más esperado llegó para los fieles católicos en Quito. Francisco celebró su segunda y última eucaristía en el país. Esta vez, la homilía fue un llamado a la unidad y a dejar de lado los personalismos. El discurso duró 18 minutos. Varias pantallas gigantes multiplicaron la imagen del sumo pontífice en todo el parque.

El papa habló de "la necesidad de luchar por la inclusión a todos los niveles, evitando egoísmos, promoviendo la comunicación y el diálogo, incentivando la colaboración".

El presidente Rafael Correa acudió a la misa. Observó a Francisco sentado a un extremo frente al templete, al igual que otros miembros de su equipo ministerial y el vicepresidente Jorge Glas. Todo era silencio para escuchar el sermón del santo padre.

En el templete, adornado con los escudos de Ecuador y el Vaticano hechos de rosas, Francisco dijo que es "impensable que brille la unidad si la mundanidad espiritual nos hace estar en guerra entre nosotros, en una búsqueda estéril de poder, prestigio, placer o seguridad económica". Aquella frase, prevista en su discurso, le quedó corta y añadió otra rompiendo el protocolo: "... y esto a costilla de los más pobres, de los más excluidos, de los más indefensos, de los que no pierden su dignidad, pese a que se la golpean todos los días".

Sería superficial, dijo, pensar que la división y el odio solo afectan a los países o a los grupos sociales. En realidad, son una manifestación de ese difuso individualismo "que nos separa y nos enfrenta".

Francisco fue tajante al señalar que "evangelizar es atraer con nuestro testimonio a los alejados. Es acercarse, humildemente, a aquellos que se sienten lejos de Dios en la Iglesia, acercarse a los que se sienten juzgados y condenados a priori por los que se sienten perfectos y puros".

Agregó que "la inmensa riqueza de lo variado, lo múltiple, que alcanza la unidad cada vez que hacemos memoria de aquel Jueves Santo, nos aleja de la tentación de propuestas más cercanas a dictaduras, ideologías o sectarismos".

Citó a Jesús para decir que su propuesta no es un arreglo "en el que nosotros ponemos las condiciones, elegimos los integrantes y excluimos a los demás... Eso es evangelizar, esa es nuestra revolución, porque nuestra fe siempre es revolucionaria, ese es nuestro más profundo y constante grito".

El papa no olvidó dedicar unas líneas al Bicentenario y evocó también el grito libertario de hace 200 años en América Latina. "A aquel grito de libertad (...) no le faltó convicción ni fuerza, pero la historia nos cuenta que solo fue contundente cuando dejó de lado los personalismos, el afán de liderazgos únicos", advirtió el pontífice.

La 'revolución' por la que aboga la Iglesia en América Latina es comparable a la protagonizada hace 200 años por los países suramericanos para lograr la independencia de España, y que según el papa nació de la "conciencia de la falta de libertades".

Durante la misa, el Bicentenario fue sinónimo de multitud. Había aglomeraciones para ir de una zona a otra, para ir a las baterías sanitarias, en los puntos de hidratación... El único sitio que hasta el final de la ceremonia tuvo espacio fue el de los invitados especiales.

Esa zona blanca, por el color de las sillas que se colocaron, incomodaba a los que hicieron vigilia, a los que vinieron de lejos y querían aproximarse al templete para que Francisco no sea una mancha a lo lejos. Querían verlo a detalle, no a través de las pantallas gigantes.

María Eulalia Banegas llegó desde Cuenca. Fue una de los que protestaron. Agarrada a la cerca que dividía el área, pedía a los policías que los dejaran pasar. "Hay puestos vacíos", insistía. Más personas se sumaron a su reclamo. Su pedido fue escuchado cuando en un descuido el cerco policial se rompió y la gente pasó por debajo de los brazos de los gendarmes. La calma se retomó a los pocos minutos.

El Bicentenario retumbó al grito de "Te queremos Francisco, te queremos". El obispo de Roma abandonó el antiguo aeropuerto entre los aplausos de quienes salieron pronto del parque. Minutos después salió la caravana de Correa. Un grupo de personas la pifió.

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