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Edición #4866 |  Ecuador, miércoles, 17 de enero de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
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PAPA FRANCISCO EN SU HOMILÍA: "EN LA FAMILIA HAY QUE ARRIESGARSE AL AMOR" (TEXTO HOMILÍA )

2015-07-06 23:41:00
Papa Francisco en Ecuador
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"El mejor de los vinos está en esperanza, está por venir para cada persona que se arriesga al amor", dijo

Después de recorrer por unos 15 minutos el parque Samanes, en donde se ubican los fieles para presenciar la celebración eucarística del Papa Francisco, el Sumo Sacerdote dio inició a la primera misa en Ecuador. Durante la homilía, el Pontífice elevó la importancia de la familia y del amor que debe existir entre sus miembros. Según detalló, "la familia constituye la gran riqueza social, que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada, para no perder el justo sentido de los servicios que la sociedad presenta a los ciudadanos".

En el acto de entrada, el Papa Francisco llegó al templo e inició la misa acompañado de un cántico. Después de besar el altar y hacer la señal de la cruz, el Sumo Pontífice saludó a la asamblea.

Tras ello, el Papa Francisco y los fieles rezan el acto de penitencia, mientras el coro entona la canción "Señor ten piedad" y también cantó "El Gloria" durante la eucaristía.

Nicolas Parducci, fue el encargado de la primera lectura basada en el libro Eclesiástico. Giulan Morales, en cambio, fue el elegido para el salmo responsorial: "Dichoso el que teme al Señor". Jenny Gonzalez, a cargo de la lectura segunda de la carta del Apostol San Pablo a los Colosenes.

El coro entonó el "Aleluya" y un diácono, elegido por el Papa Francisco, dio lectura al evangelio según San Juan.

El pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar es el primer signo portentoso que se realiza en la narración del Evangelio de Juan. La preocupación de María, convertida en súplica a Jesús: <>, le dijo, y la referencia a <> se comprenderá después en los relatos de la Pasión.

Está bien que sea así, porque eso nos permite ver el afán de Jesús por enseñar, acompañar, sanar y alegrar desde ese clamor de su madre: <>.

Las bodas de Caná se repiten con cada generación, con cada familia, con cada uno de nosotros y nuestros intentos por hacer que nuestro corazón logre asentarse en amores duraderos, en amores fecundos, en amores alegres. Demos un lugar a María, <> como lo dice el evangelista y hagamos con ella ahora el itinerario de Caná.

María está atenta en esas bodas ya comenzadas, es solícita a las necesidades de los novios. No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo, su amor la hace << ser hacia>> los otros, tampoco busca a las amigas para comentar lo que está pasando y criticar la mala preparación de la boda y como está atenta, con su discreción, se da cuenta de la falta de vino. El vino es un signo de alegría, de amor, de abundancia. Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no lo hay de ese vino. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, cuándo el amor se escurrió de su vida. Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano, de sus hijos, de sus nietos, de sus bisnietos. También la carencia de vino puede ser el efecto de la falta de trabajo, de las enfermedades, situaciones problemáticas que nuestras familias en todo el mundo atraviesan. María no es una madre <>, tampoco es una suegra que vigila para solazarse de nuestras impericias, de nuestros errores o desatenciones. ¡María simplemente es madre!: Ahí está, atenta y solícita, es lindo escuchar esto: María es madre, se animan a decirlos todos juntos conmigo, vamos.

Pero María en ese momento que se percata que falta el vino, acude con confianza a Jesús, esto significa que María reza, va a Jesús, reza, no va al mayordomo; directamente le presenta la dificultad de los esposos a su Hijo. La respuesta que recibe parece desalentadora: <<¿Qué podemos hacer tú y yo? Todavía no ha llegado mi hora>> (Jn 2,4). Pero, entre tanto, ya ha dejado el problema en las manos de Dios. Su apuro por las necesidades de los demás apresura la <> de Jesús. María es parte de esa hora, desde el pesebre a la cruz. Ella que supo < > (Evangelii gaudium, 286) y nos recibió como hijos cuando una espada le atravesaba el corazón a su hijo, ella nos enseña a dejar nuestras familias en manos de Dios, nos enseña a rezar, encendiendo la esperanza que nos indica que nuestras preocupaciones también son preocupaciones de Dios.

Rezar siempre nos saca del perímetro de nuestros desvelos, nos hace trascender lo que nos duele, lo que nos agita o lo que nos falta a nosotros mismos y nos ayuda a ponernos en la piel de los otros, a ponernos en sus zapatos. La familia es una escuela donde la oración también nos recuerda que hay un nosotros, que hay un prójimo cercano, patente: que vive bajo el mismo techo, que comparte la vida y está necesitado.

Y, finalmente, María actúa. Las palabras <> (v. 5), dirigidas a los que servían, son una invitación también a nosotros, a ponernos a disposición de Jesús, que vino a servir y no a ser servido. El servicio es el criterio del verdadero amor, el que ama sirve, se pone al servicio de los demás y esto se aprende especialmente en la familia, donde nos hacemos servidores por amor los unos a los otros. En el seno de la familia, nadie es descartado; todos valen lo mismo, me acuerdo que una vez a mi mamá le preguntaron: ¿a cuál de sus 5 hijos, nosotros somos 5 hermanos, quería más?, ella dijo: <>, una madre quiere a sus hijos como son y en una familia los hermanos se quieren como son, nadie es descartado, allí en la familia <> (Laudato si’, 213). Familia es el hospital más cercano, cuando uno está enfermo, lo cuidan ahí mientras se puede, la primera escuela de los niños, es el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes, el mejor asilo para los ancianos. La familia constituye la gran <>, que otras instituciones no pueden sustituir, que debe ser ayudada y potenciada, para no perder nunca el justo sentido de los servicios que la sociedad presta a los ciudadanos. En efecto, estos servicios que la sociedad presta a los ciudadanos no son una forma de limosna, sino una verdadera <> respecto a la institución familiar, que es la base y la que tanto aporta al bien común de todos.

La familia también forma una pequeña Iglesia, la llamamos << Iglesia doméstica>> que, junto con la vida, encauza la ternura y la misericordia divina. En la familia la fe se mezcla con la leche materna: experimentando el amor de los padres se siente más cercano el amor de Dios.

Y en la familia, y de esto todos somos testigos, los milagros se han con lo que hay, con lo que somos, con lo que uno tiene a mano… muchas veces no es el ideal, no es lo que soñamos, ni lo que <> hay detalles que nos tiene que hacer pensar, el vino nuevo, el vino tan bueno que dice el mayordomo de las bodas de Caná nace de las tinajas de purificación, es decir, del lugar donde todos habían dejado su pecado, nacen de lo peorcito, porque … <> (Rm 5,20). En la familia de cada uno de nosotros y en la familia común que formamos todos, nada se descarta, nada es inútil. Poco antes de comenzar el Año Jubilar de la Misericordia, la Iglesia celebrará el Sínodo Ordinario dedicado a las familias, para madurar un verdadero discernimiento espiritual y encontrar soluciones y ayudas concretas a las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia hoy debe afrontar. Les invito a intensificar su oración por esta intención, para que aun aquello que nos parezca impuro como el agua de las tinajas nos escandalice o nos espante, Dios –haciéndolo pasar por su <>- lo pueda transformar en milagro. La familia hoy necesita de este milagro.

Toda esta historia comenzó porque <>, y todo se pudo hacer porque una mujer –la Virgen- estuvo atenta, supo poner en manos de Dios sus preocupaciones, y actuó con sensatez y coraje. Pero hay un detalle, no es menor el dato final: gustaron en mejor de los vinos. Y esa es la buena noticia: el mejor de los vinos está por ser tomado, lo más lindo, lo más profundo y lo más bello para la familia está por venir. Está por venir el tiempo donde gustamos el amor cotidiano, donde nuestros hijos redescubren el espacio que compartimos, y los mayores están presentes en el gozo de cada día. El mejor de los vinos está en esperanza, está por venir para cada persona que se arriesga al amor y en la familia hay que arriesgarse al amor, hay que arriesgarse a amar, el mejor de los vinos está por venir aunque todas las variables y estadísticas digan lo contrario; el mejor vino está por venir en aquellos que hoy ven derrumbarse todo. Murmúrenlo hasta creérselo: el mejor vino está por venir, murmúrenselo cada uno en su corazón, el mejor vino está por venir, y susúrrenselo a los desesperados o a los desamorados, tené paciencia, tené esperanza, hace como María, rezá, actúa, abrí tu corazón, porque el mejor de los vinos va a venir. Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo tiene para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les ha roto todas las tinajas.

Como María nos invita, hagamos lo que el Señor nos diga, <>, y agradezcamos que en este nuestro tiempo y nuestra hora, el vino nuevo, el mejor, nos haga recuperar el gozo de la familia, el gozo de vivir en familia, que así sea.

(PAY)

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