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Edición #5231 |  Ecuador, sábado, 24 de agosto de 2019 |  Ver Ediciones Anteriores

Alertan por desunión del país con reforma a Ley de la Casa de la Cultura en Ecuador

2005-10-01 12:22:14
Cultura
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Diputado solicita que se revisen otros enfoques del quehacer cultural en el país

El diputado Enrique Ayala, puso a debate una serie de propuestas en la reforma a la Ley de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, que se está tramitando en en el Congreso Nacional de Ecuador, pidiendo que se analicen varios aspectos, de entre ellos la situación de Pichincha frente a la Sede Nacional, y que rechaza que se propenda a la desunión de la nación con una propuesta como la que se tramita en el Parlamento Nacional
En carta dirigida al diputado Diputado Ramiro Mazorra Rivadeneira Presidente, y miembros de la Comisión Especializada Permanente de Educación, Cultura y Deportes, Ayala Mora le expone lo siguiente:

'La Casa de la Cultura Ecuatoriana es una de las grandes instituciones del país. Desde su fundación en 1944 ha cumplido un papel crucial y esperamos que lo siga haciendo en este siglo XXI. Para ello, la Casa debe mantener sus ideales y propósitos fundamentales y al mismo tiempo que debe enfrentar una seria y radical renovación, así como un esfuerzo por elevar sus fuentes de financiamiento.

Se ha presentado al Congreso Nacional un proyecto de reforma de la Ley Orgánica de la Casa. Esta reforma, muy necesaria por cierto, no debería limitarse a acomodar uno que otro artículo, sino que podría transformarse en un momento importante para impulsar ese cambio institucional. Me permito con estos párrafos aportar para la discusión de la Comisión y la elaboración del informe respectivo para segundo debate.

CULTURA E INTERCULTURALIDAD
Un tema básico es el ámbito de la institución rectora de la cultura nacional en un país en el que a lo largo de los últimos años se han reconocido la diversidad étnica y cultural como uno de los ejes de la vida ecuatoriana y al reconocimiento de los derechos colectivos como una de las claves de su futuro.

El proyecto presentado recoge correctamente los fines y objetivos tradicionales de la Casa, pero no incluye aquellos que tienen que ver con la naturaleza pluriétnica y pluricultural del Ecuador, tal como ahora lo reconoce la propia Constitución. Además de sus fines ya establecidos, se debe formular en forma directa su obligación de contribuir al desarrollo la cultura común de todos los ecuatorianos, pero al mismo tiempo y con igual empeño, al de las culturas diversas que aquí existen. Los pueblos indígenas, los negros, los montubios y chazos tienen derecho a que el estado y sus instituciones los consideren como sujetos de primer orden de la vida nacional.

La Casa de la Cultura ha promovido el desarrollo de la Literatura Nacional, que está escrita fundamentalmente en castellano. Pero debe ser su objetivo central el impulso de los idiomas y literaturas indígenas y de otras manifestaciones culturales importantes, algunas de las cuales están en peligro de extinción. Las tradiciones afro, las del cholerío, también deben expresamente ser objeto de la labor de la institución.

Es francamente inexplicable que el proyecto presentado no haga referencia a un gran compromiso del país para consolidar su integración interna, que incluso está en la Constitución. Me refiero a promover la interculturalidad, el desarrollo de las diversas culturas con respeto entre si, pero también con la búsqueda de un espacio común como elemento de unidad en la diversidad. Si la Casa de la Cultura no tiene como objetivo fundamental promover la interculturalidad habrá perdido su rumbo.

Pero además de las declaraciones, que son muy importantes, hay que incluir en la Ley normas que posibiliten que estos objetivos se cumplan en la práctica. Se debe viabilizar la participación de intelectuales y artistas indígenas y negros. Su presencia actual es muy limitada. Se debe reajustar la organización para que esos sectores de la sociedad puedan efectivamente estar presentes.

EL NOMBRE DE LA CASA
La Casa de la Cultura debe ser para todas las culturas del Ecuador con equidad y apertura. Pero si bien debe ampliar sus objetivos y formas de funcionamiento en forma radical, no debe cambiar su nombre. Desde hace algunos años se ha hablado de “Casa de las culturas” para denotar la diversidad. Pero el hecho es que la institución se llama así desde su fundación no para reforzar una visión dominante de la cultura blanca o mestiza, sino para expresar que cubre un ámbito básico de la sociedad, la cultura. Y en este caso, la cultura como dimensión de la vida de las personas y las sociedades es en singular, no en plural.

Ese es, para citar el ejemplo más representativo, el de la UNESCO, que nació para expresar la diversidad cultural de los pueblos del mundo, pero es una organización “para la Ciencia y la Cultura” como ámbitos de la realidad que son comunes a toda la humanidad. La UNESCO no es el organismo para “las culturas”, que en el mundo son innumerables, sino para “la Cultura”, entendida como una dimensión fundamental de los seres humanos y de sus sociedades.

Igual razonamiento cabe, dicho sea de paso, para la denominación del Ministerio de Educación y Cultura, que no es de “educaciones y culturas”, aunque su obligación es promover la diversidad de sistemas educativos y de culturas que efectivamente hay en el país. Los derechos de los pueblos indígenas y negros, así como de los grupos mestizos subalternos muy numerosos que hay en el Ecuador no deben expresarse en la imposición de nombres confusos a las instituciones, sino en una participación igualitaria y efectiva de la sociedad toda.

Por otra parte, es evidente que si bien hay una gran diversidad en nuestro país hay también una “cultura ecuatoriana” común a todos nosotros, de la que son elementos fundamentales la herencia indígena, hispana, mestiza, negra, así como de la gran cantidad de migrantes que han aportado al enriquecimiento de nuestra cultura.

Por fin, no debe dejar de observarse que el nombre de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión” está consagrado en la Constitución de la República y el modificarlo implicaría una reforma constitucional que no puede darse dentro de una ley orgánica como la propuesta.

REESTRUCTURACION DE LOS MECANISMOS DIRECTIVOS

Una de las prioridades de la Casa es, a mi juicio, repensar su estructura de dirección interna. Hace sesenta años un presidente que hacía de todo en el campo directivo, desde escribir libros hasta controlar si estaba barrido el piso, pasando por la promoción de recursos y la administración de los locales. Ese era el papel que cumplía por ejemplo, el fundador Benjamín Carrión, que dirigía una institución de alcance nacional, pero pequeña en estructura y sencilla en procedimientos.

Ahora la Casa ha crecido significativamente. Solo en la Matriz en Quito, sus dependencias, instalaciones y servicios demandan un tren de personal enorme y complejos procedimientos administrativos. ¿No sería aconsejable, por ejemplo que, como en muchas instituciones modernas, las funciones de un presidente nacional representativo y con un reconocido currículum cultural, podrían subdividirse con las de un director ejecutivo con habilidades administrativas y gerenciales que casi nunca tienen los literatos y artistas?

Separadas así las funciones directivas de las ejecutivas se podría esperar que haya una conducción general representativa y una administración profesional y eficiente. El proyecto de Ley tal como está formulado no permite esta flexibilidad ni en la matriz ni en las provincias, lo cual puede ser subsanado con una formulación más moderna y ágil.

LA SITUACION DE PICHINCHA

Desde hace años hay en la Casa de la Cultura una situación pendiente. El hecho es que la matriz que funciona en Quito se encarga al mismo tiempo de las actividades de Pichincha. Eso ha traído, por una parte, el que en ciertos casos se concentren los recursos nacionales en la capital. Pero por otra parte, como reacción de las provincias, se ha eliminado la representación de Quito y Pichincha al elegir las autoridades nacionales de la Casa. En el proyecto de reforma legal, por ejemplo, para designar presidente, vicepresidente y vocales del Consejo Ejecutivo deben votar en la Junta Plenaria todos los presidentes de los núcleos del país. Pero como aquí no hay núcleo, simplemente no hay representación.

Hace un tiempo, por ejemplo, los Estatutos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana establecían que las secciones de la Matriz nombrarían tres delegados a la Junta Plenaria. Eso se criticaba como un exceso de representación y tal parece que las actuales autoridades al formular el proyecto de reforma se han pasado al otro extremo, puesto que, como ya lo he mencionado, proponen que solo los representantes de los núcleos voten, dejando a Pichincha sin derecho a la representación.

Este tema no debe ser eludido. Mediante un adecuado diálogo debe tener una solución permanente. Se ha propuesto formar el núcleo de Pichincha. Pero esto no estaría libre de complicaciones, cruces de autoridad y superposiciones. Lo que no puede dejar de garantizarse es la representación de Pichincha en los órganos directivos, y una mayor representatividad nacional en el órgano máximo de la Casa de la Cultura.

EL FINANCIAMIENTO DE LA CASA

Hay otros temas que también surgen en la necesidad de reformar la Casa, pero al menos uno debe ser mencionado. La institución, a nivel nacional, vive con mucho menos recursos de los que necesita. Cada año pasa un viacrucis para conseguir sumas pequeñas que le permiten apenas subsistir. Hay provincias donde las asignaciones del Estado no llegan ni a una parte de lo que otras instituciones gastan, quizá deberíamos decir despilfarran, en un solo proyecto cultural.

Una reforma legal seria debe buscar ampliar el financiamiento estatal de la Casa de la Cultura, al mismo tiempo que debe posibilitarle a la institución mayor capacidad de autogestionar algunas de sus actividades. Eso implica un acuerdo con el Ejecutivo, que constitucionalmente tiene exclusivamente la iniciativa de enviar proyectos que incrementen el gasto público. Sugiero, por tanto, una conversación con la Comisión de lo Tributario, Fiscal y Bancario del Congreso Nacional y las autoridades del Ministerio de Economía y Finanzas, para que cualquier incremento que se sugiera en el articulado no sea luego vetado por el Presidente de la República.


CONCLUSION
Por fin, me permito insistir en que no cabe pasar una ley sin más. Es necesario aprovechar la ocasión para discutir una reforma más a fondo de la propuesta. La reforma, sin embargo, no puede discutirse sin la participación activa de los miembros y directivos de la Casa de la Cultura, quienes deben ser convocados a todas las reuniones de la Comisión y a otras consultas, tal como aquí lo he manifestado. Los legisladores no pueden hacer leyes sin que participen los actores de las instituciones a las que las leyes rigen y reforman. Por ello prefiero no formular textos concretos de reforma, ya que me parece que éstos deben salir de un consenso con los responsables de la dirección de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

La carta ha sido remitida el pasado 21 de septiembre y firmada por el legislador por Pichincha, Enrique Ayala Mora.

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