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Edición #4866 |  Ecuador, lunes, 16 de julio de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores

¿ASUMIRÁ LA ID LAS CONSECUENCIAS DE LA INCONSECUENCIA“

2005-09-29 09:32:50
Análisis
3346

Ecuamex / FHA

Uno de los partidos tradicionales del Ecuador, Izquierda Democrática, ha decido ser parte del Gobierno del Presidente Alfredo Palacio, poniéndose por sí mismo en el ojo del huracán político ecuatoriano. Ha entrado a una vorágine cuyos orígenes están en decisiones y actuaciones tomadas y ejecutadas hace tiempo por la propia Izquierda Democrática, surge entonces la pregunta sobre si lo que viene no le cobrará una deuda política cruel al partido socialdemócrata ecuatoriano.
El viejo adagio de que la vida en cualquier momento te da el esquinazo, se cumple una vez más; y esta vez, le toco a la ID, a la que le llegó la hora de asumir el peso de las culpas, el costo de los daños y la responsabilidad de ser gobierno; todo por confundir y no entender que no es lo mismo “poder ganado que poder tomado”.

La Izquierda Democrática ha resuelto lanzarse a la aventura del cogobierno con un gran vacío epistemológico: siempre ha estado en la oposición (salvo en su propio gobierno de 1988 a 1992) y, no ha querido cooperar jamás.

Desde su creación, la ID, con más de 35 años de existencia, siempre ha estado en contra de Velasco Ibarra, las dictaduras militares, Roldós, Hurtado, Febres Cordero, Durán Ballén, Bucaram, Alarcón, Mahuad, Noboa y Gutiérrez. Ha patentado la formula de “solicitar la renuncia” de todos quienes han llegado al poder.

“Que renuncie el presidente” ha sido un discurso recurrente en la lucha política de la ID. En el balance histórico seguramente argumentarán que todos los gobernantes han sido malos. No obstante, malos o no, fueron en su mayoría democráticamente elegidos. Ergo, la ID ha asumido en las últimas décadas una posición política supra-electoral. La pregunta es: ¿Quién les autorizó a exigir las renuncias de quienes fueron sus rivales políticos y sus vencedores en las urnas? Nadie. Absolutamente nadie.

La permanente derrota electoral ha llevado a la ID a convertirse en un partido de oposición. Esa imagen se la ha ganado a pulso. Y, desde luego, la ha capitalizado manteniéndose vigente durante 35 años a pesar de haber sido, como hemos dicho, gobierno una sola vez.

Pero la historia también le ha cobrado esta deuda a la ID, ya que ha perdido varias elecciones presidenciales seguidas -en dos de ellas con la certeza de un triunfo seguro-, en las cuales el Ecuador le ha dicho claramente que no quería que sean ellos los gobernantes y los ha rechazado en las urnas. Han sido 13 años de pérdidas, y por ende, trece años de oposición constante.

En medio del duro tráfago del “estar en contra”, la ID ha ido acumulando en sus expresiones y palabras una serie de ataques y censuras a quienes han sido gobierno. Más de uno de sus voceros, diputados, líderes de partido, candidatos o militantes han sido capaces de lanzar denuestos, calificativos, improperios o las consabidas críticas a quien se “atrevió” a servir a su país, a cooperar con los gobiernos que le han antecedido al actual momento. Total, la lucha política ha permitido todo, aunque sea acertando.

La palabra fogosa, las interpelaciones, las denuncias, las censuras previas y hasta los calificativos burlones, han hecho parte de esa historia acumulada de la Izquierda Democrática contra sus rivales políticos. Muchas veces tuvieron razón en sus denuncias, pero en muchas se atacó injustamente a quienes ejercían funciones, para luego escudarse en la inmunidad parlamentaria o en la desmemoria y el olvido. Si no es cierto eso, se puede revisar la colección de denuncias de varios diputados acumuladas en los archivos, sin que siga la investigación porque carecían de fundamento.

Precedidos por la imagen de honestidad de su principal figura Rodrigo Borja, lo que supera toda discusión, es sin duda alguna un partido al que se lo considera fuera de sospecha en la corrupción, y han preservado esa imagen justamente por negarse a colaborar con cualquier régimen. Nunca han aceptado ser parte de un régimen para salvaguardar su honestidad política y han sacrificado a valiosos militantes que se han atrevido a aceptar un espacio político con otros gobiernos, precisamente porque sabían de esa tendencia a la censura inmediata que imperaba en el partido en el que militaban.

Históricamente a la ID le persigue una frase: “Gobernaremos desde la oposición” pronunciada por el destacado militante Xavier Ledesma Ginatta, en agosto del 84, cuando asumía la Presidencia de la República el Ing. León Febres Cordero. La expresión se volvió una maldición y marcó el futuro de la ID.

Es decir, siendo lo que ha sido la ID, ¿Podrá ser gobierno y asumir las consecuencias?

La sorpresiva “oficialización” de la colaboración de la Izquierda Democrática con el gobierno de Alfredo Palacio abrió varios interrogantes y disputas internas en el partido, entre la dirigencia histórica y la militancia agitada.

Sin duda que saltan en la propia militancia una serie de interrogantes, dudas, comentarios, rumores, que se expresan en:

¿Cómo vamos a ser parte de un gobierno, cuyo desprestigio contagia, infecta y causa pústulas políticas difíciles de curar? ¿Cuál va a ser nuestro papel y nuestras responsabilidades si no se permite la presencia de nuestros militantes en los cargos políticos de importancia, si no habrá cuotas políticas provinciales, si no habrá forma de conducir la maquinaria del estado? ¿Por qué sólo a Molestina, Bravo, Herrería, Eva García, y alguno otro más se les permite ir a los cargos, mientras que a la militancia pobre y sacrificada, perdedora de 13 años, se le prohíbe todo, en medio de tanta “hambre de empleos”?

Sí. Eso lo dicen entre ellos, con sabor a queja, con sentimiento y resentimiento. Estos y otros interrogantes de seguro que han saltado en filas socialdemócratas.

La interrogante mayor a la ID es ¿Porqué con Palacio? La respuesta no se halla en las coincidencias ideológicas, tampoco en la consabida alianza programática. No. No se ha dado una actitud clara y precisa al respecto, que no sea el “preservar la estabilidad democrática”, que no sabe a cierta, ya que parece que los dirigentes históricos no nos han explicado a qué hora fue que se volvió bueno el doctor Palacio para la Izquierda Democrática.

¿Por qué se pregunta esto? Porque da la impresión de que la ID quiere que el país se olvide que el doctor Alfredo Palacio González fue el segundo del gobierno de Lucio Gutiérrez. Están frescas todavía en la memoria política colectiva las acusaciones un irregular financiamiento electoral desde China, los afiches de México, las acusaciones de financiamiento del narcotráfico y el escándalo de César Fernández, que fueron originadas por denuncias de la Izquierda Democrática y sus diputados. ¿No eran acaso esos delitos electorales los del binomio?, ¿Será que aquello sólo implicaba a uno de los dos? ¿Será que el vocal de la ID en el TSE, Jorge Valdospinos, no juzgará a Palacio, porque ya juzgó a Gutiérrez? Bien se dice que las acusaciones con el tiempo se pueden volver en contra, ya que ahora hay que cuestionar directamente a la ID: ¿Ya no van a juzgar la corrupción del binomio Gutiérrez-Palacio? Nada dicen, ya no gritan. Ahora callan.

La más clara de las disputas internas en la ID salta a la vista cuando desde los militantes o los analistas se preguntan: ¿A que costo va toda esta colaboración?

A la vista de quienes miran con aplauso la colaboración, todo es por el país, sus motivos tendrán para no dudar. Para los más suspicaces el tema pasa por el control de las áreas petroleras, de telecomunicaciones, comercio exterior y fortalecimiento del área social en sectores de la costa con miras a fortalecer el partido. ¿Basado en que versiones se puede afirmar esto? Pues, en la cercanía de los personeros de las instituciones del Estado a cargo de dichas responsabilidades, pura y llanamente cuotas de poder, nada más que eso. Sin embargo, ¿será suficiente?, quien sabe. Por lo menos si se quiso poner una especie de “esparadrapo de oro” a la militancia, ya hubieron unos cuantos diputados belicosos y denunciativos que callaron y aceptaron; pero no todos: uno se les salió por sus fueros, como el diputado González, quien no pudo contenerse de ver tan de cerca la corrupción infectando al gobierno con el cual la ID ahora es parte.

Al tomar la decisión, la dirigencia histórica de la ID, que ha demostrado ser lo suficientemente clara en su lucha ideológico-política en Ecuador, se abrió a la inquietud del nivel de responsabilidades de las que se hacen cargo, y ese es exactamente el problema:

¿Podrá con la responsabilidad del entorno cuestionado del presidente Palacio?, ¿Asumirá el desgaste constante de los escándalos por supuesta corrupción que al parecer le acompañan al actual gobierno?, ¿Cuánto durarán los funcionarios designados por el partido y que sirven de pretexto para estar en el gobierno con un nivel de inestabilidad tal que se asemeja al carácter del mandatario antes que a un consejo de Estado?, ¿Qué tipo de culpas asumirán dentro de un contexto de confrontación directa a un gobierno que es acusado de haber nacido de la conspiración, y que ellos podrían ser inculpados justamente de ese mal que ellos han combatido como el de la traición?, ¿Quién tomará a cargo la responsabilidad de “refundar el país”, sin programa, sin ideología, en medio de un gobierno débil, endeble, si el perfil de fracaso y contradicción le acompañan a su propio destino?. Sin duda la ID le debe muchas explicaciones a su propia militancia y al país, al que dicen querer colaborar ahora, cuando no son oposición.

Finalmente, la ID ha proclamado que entra al gobierno de Palacio por la reforma política, tema del cual se adueñan en forma extraña.

Es que, cuando cayó Gutiérrez el grito de “Fuera Todos” incluía a la ID. Sí, porque la gente también se hartó de Gutiérrez y de los partidos políticos, se cansó de los eternos agnados de las cúpulas que resuelven los destinos de la nación, se cansó de la disputa estéril que le llevó a un partido como la ID a un papel difícil de entender y aceptar en la dirección del Congreso, en el período pasado, que no le permitió ni siquiera elegir a los funcionarios de control; y por ello, amen de un sinfín de otros puntos más, pedía la cabeza de los políticos de turno, que salieron en forma urgente de CIESPAL, tras posesionar a Palacio como gran solución.

Argumentando que “el país y la opinión pública pide una reforma”, la ID se ha adueñado de la Reforma Política, sin que nadie se lo haya solicitado, porque no existe ni un solo pronunciamiento de algún sector de la sociedad civil que les proponga a que ellos encabecen dicho proceso. ¿Será acaso que quieren que nos olvidemos también del “fuera todos”?.

Y ha llegado lejos en tal actitud, al punto de presentar “su reforma” que difiere abiertamente de la propuesta del Presidente Palacio, con conceptos diametralmente opuestos, volviendo con ello al camino de la contradicción, ya que supuestamente ellos están inmersos en el gobierno de turno, para encaminar la reforma, pero con su personalismo -que busca siempre no contagiarse del resto- ahora aumentan la confusión, el resquemor, el roce con quien cooperan, y no definen ¿Qué mismo hacen, en qué mismo están o qué mismo quieren?.

La ID tiene su propio libreto, ha lanzado su propia norma. Por ello es que salta todo un cúmulo de cuestionantes los que le acompañan a este nuevo papel de colaboración de la ID, ya que ellos sin querer han torpedeado su propia razón de asistir al actual gobierno en su encaminar de la reforma política. Sin duda alguna es valioso esfuerzo el que ellos propongan la reforma, pero es con sus poses y declaraciones se convierten en forma automática en juez, proponente, testigo acusador y parte del conflicto político, al que ellos han contribuido a deformar con su presencia como partido político tradicional.

Por el camino que van las reformas -tanto la del Gobierno como la del partido ID- el futuro más cercano es que se llegue a consulta popular, la cual tiene toda la pinta de convertirse en plebiscito del caótico gobierno del doctor Palacio y la Izquierda Democrática, y entonces volverán a saltarle a la ID los “cadáveres del armario” de cómo, con los anteriores presidentes, cuando ellos eran oposición, las consultas populares se convirtieron en “comisaría para ajustar cuentas”, con el consiguiente rechazo popular que censuraba al mandatario que propuso el referéndum en cuestión. Ahora va a volver a pasar lo mismo, el país va a juzgar a Palacio y la ID en jornada pública, porque la reforma política encaminada por los políticos lo único que merecerá es el repudio generalizado.

Frente a ello, es inconcebilble la inconsecuencia, da la impresión de que muchas voces prudentes le piden a la ID no entrar en el camino del cadalso político, de no suicidarse, de preservar su espacio, al menos por ahora, y menos en una circunstancia tal en la cual de la reforma saltarán demasiadas voces, y peores resultados.

Total: La Izquierda Democrática tiene muchas dudas y muchas deudas políticas con el paso dado, ¿Será que pueda con el reto?, es decir, ¿Asumirá la ID las consecuencias de la inconsecuencia?. En política eso no es lógico ni posible, en el Gobierno de la Palacio-Izquierda Democrática.. quién sabe.

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ECUAMEX Agencia Electrónica de Noticias de Ecuadorinmediato.com

FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, director del periódico Ecuadorinmediato.com, y la Agencia de Noticias Ecuamex.
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