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Edición #4866 |  Ecuador, domingo, 21 de octubre de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
urgente

A CIEN DIAS DE LA POLITICA DE "ELEFANTE EN CRISTALERIA"

2005-08-23 09:02:19
Análisis
3335

Ecuamex / fha

"Yo no he podido ver el casete de la televisión, no sé exactamente lo que dije, lo que quise decir es que se había decidido esperar hasta el viernes, pero no este viernes, sino el viernes pasado. Aparentemente he dicho hasta este viernes.. bueno, es un lapsus en todo caso", (El Universo 10-ag-2005). Tales frases -a todas luces incongruentes- corresponden a las justificaciones del canciller de Ecuador, Antonio Parra Gil, por el escándalo del fracasado nombramiento de embajador ante Estados Unidos y son muy decidoras. Son la mejor muestra de que Ecuador y el gobierno del presidente Palacio no tienen un sentido claro de política exterior, la cual es conducida con ligereza de conceptos y palabras, que están causando un daño estrepitoso, tal cual la imagen que dá el ingreso de "un elefante en una cristalería".
Uno de los graves problemas que tiene el ser humano es que “sus palabras siempre se vuelven en contra”; y peor aún, cuando los hechos hablan, quedan las palabras convertidas en dedos acusadores.

El gobierno del presidente Palacio denota hasta estos momentos una falla crítica, difícil de aceptar: No tiene una política exterior.

Cien días han escenificado una carrera desembocada en el área diplomática ecuatoriana, porque todos hablan de todo, y nadie sabe quien dirige la política exterior.

Es a este aserto al que deben atribuirse tantas fallas, enredos y conflictos diplomáticos en los que se halla envuelto el gobierno, el presidente, sus estamentos y el propio canciller Parra Gil, cabeza visible del problema, justamente porque de su boca han salido frases cuestionables y de su gestión los puntos controvertidos que originan preocupación sobre el futuro de la posición ecuatoriana ante la comunidad internacional.

Desde las palabras iniciales del ministro Mauricio Gándara, quien ha sido un constante cuestionador de la política exterior de todos los anteriores gobiernos de los cuales no ha sido embajador, ni bien posesionado de su cargo, ya se percibió el caos que se iba a armar en las expresiones del régimen sobre su relación con los demás gobiernos. Así, suelto de palabras el señor Gándara se plantó ante la Secretaria de Estado de los EEUU, Condolezza Rice, para exponer una serie de conceptos desde su muy particular visión de la soberanía, haciendo gala de arrogación de funciones, y de paso obligando al presidente Palacio y al canciller Parra Gil a hacer parte de sus palabras, que en privado no las compartían ni de lejos.

A paso seguido a la imagen de Antonio Parra Gil le saltaban sombras que le perseguían por violación a la ley al no haber entregado su declaración de bienes en forma oportuna a la Contraloría General, mientras era uno de los nombrados en la “conspiración de los tres días antes” con las que nuevamente Gándara Gallegos le ponía en entredicho, con perjuicio a la seriedad del manejo diplomático.

Como primera definición el canciller Parra Gil anuncia que el Ecuador respeta y garantiza el convenio de la Base de Manta, cedida a los norteamericanos, causando al menos extrañeza, ya que una de las “luchas forajidas” era justamente el reclamo a Gutiérrez por este punto crítico para Ecuador.

No pasaron días del tema, cuando de pronto saltaron como chispas las acusaciones de Luis Herrería Bonet, acusando de todo lo imaginable al “Proyecto Bolivariano” del presidente Hugo Chávez de Venezuela, y generando un conflicto que se define en la sarcástica respuesta del mandatario venezolano: “son parte de un espíritu lacayuno”. De nada han servido las explicaciones posteriores, el hecho cierto es que se ofendió a un vecino, sin motivo alguno.

A semana inmediata, volvimos a poner en el tapete la forma crítica de llevarnos a golpes con los vecinos, para considerar “enemigo” al Perú, por su crecimiento militar, en declaraciones del Jefe del Comando Conjunto, Almirante Víctor Hugo Zapater, que terminaron en una sensible posición del otro lado, que nos reclamaba moderación y respeto ante la posición del alto jefe militar.

Como si no fuese suficiente, la imposición de los nombramientos de nuevos embajadores tiene peores niveles de los que se soportó antes en cancillería, pero que han tenido la “virtud” de mantenerse ocultos, porque los que antes gritaban por los cargos ya están ubicados en las nuevas embajadas. Para el caso, las voces que reclamaban por “los embajadores de carrera” se callaron porque con el nuevo ministro funcionó la política del “amiguismo de escuela diplomática”, que se puso a revivir mandos jubilados, cuya incapacidad hasta del uso de la internet genera burla en las propias embajadas asignadas, que otro embajador nombrado tenga juicio penal pendiente, o ratifique a aquellos que se pelean con los taxistas en las calles de las misiones donde residen y que la contraloría admita fallas en el manejo de fondos, pero les tiemble hacer un examen de cuentas por el nivel de abuso en dicha sede diplomática, porque todo es tolerado por el canciller ecuatoriano.

No, no es aceptable que por dichas decisiones del canciller Parra Gil, Italia le haya llamado la atención por persistir en querer nombrar a un brillante ítalo-ecuatoriano como embajador; o que ante el pedido del beneplácito a Estados Unidos, este le mande respuestas de trato como tarea malhecha, insinuándole que rehaga lo actuado, ya que en menos de seis meses Ecuador tuvo cuatro y ahora espera el quinto nombre, dejando mal parado a Álvaro Pérez Intriago, con un retiro inconsulto de su candidatura, sin que se explique al menos por cortesía si los nombres en carpeta siguen siendo o no válidos. Tanto peor la molestia de Alemania que se vio envuelta en confusas explicaciones de quien era o no era el embajador autorizado. ¿Cómo calificar a ese manejo tan torpe que incomoda a esos países?, las palabras sobran y los hechos quedan para el ridículo histórico.

A capítulo seguido, es el mismo canciller el que da muestras de su ligereza verbal, desconociendo conceptos y con una visión equivocada declara “neutral” al Ecuador en el conflicto colombiano. De nada sirvió el debate alrededor del tema, el doctor Parra Gil se empeñó en “acomodar” su versión a la lógica de sus palabras más que a la definición adecuada del término en el derecho internacional. El resultado: una nueva llamada de atención de otra cancillería, esta vez la de Colombia.

Tras minimizar el escándalo de los insultos ante el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se optó por las citas secretas, y tuvimos que descubrir a un canciller ecuatoriano cenando entre las sombras, para que la cancillería admita que era cierto. El justificativo: “No hay ningún encuentro secreto, sólo para la prensa ecuatoriana fue secreto, porque en Venezuela hubo mucho despliegue y muchas fotos”. Falso, en Venezuela no hubo ningún tipo de información. Y cuando desde estas páginas se dio a conocer el hecho, fue admitido oficialmente. Mal manejo del quehacer diplomático, de la imagen pública y del compromiso de veracidad ante la opinión pública.

Han sido las palabras, las poses y las contradicciones de Parra Gil las que han llevado a la cancillería a tener serios e incómodos conflictos. Colocándose una enorme aureola de “nacionalismo, soberanía y dignidad”, el canciller ecuatoriano sigue esquivando el camino correcto y desbrozando, incoherentemente, trochas innecesarias. Frente a los Estados Unidos ha pasado de la exigencia soberana de pedir explicaciones sobre hundimiento de barcos, a la entrega sumisa del voto ecuatoriano para el Embajador Moreno en el BID. Finalmente, en sus extravíos, ha llegado a “dar un ultimátum” a los Estados Unidos para que den el beneplácito para el nombramiento del embajador sugerido. Beneplácito que nunca llegó por errores internos del Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador. Cartera de Estado que el Ministro responsable, no controla en lo más mínimo.

El recuento del desastre, a menos de cien días de gestión, se contrapone con las versiones interesadas en hacer aparecer al ministro como un puntal de la defensa de nuestra soberanía. Sus coetáneos alaban lo integro de su gestión, en comparación con la siniestra y denigrante actuación de Zuquilanda.

Pero la verdad es otra. El Ministro Parra Gil debe desenredarse y terminar de explicar, coherentemente:

¿Por qué no se respetó el valor del principio de no intervención en el conflicto colombiano, que ha sido históricamente valorado por la diplomacia ecuatoriana?.

¿Por qué se ataca con dureza al Plan Colombia, las fumigaciones del Glifosato, y el guerrerismo del gobierno vecino; y, por el otro lado, Parra Gil obligó al Ministro Rafael Correa, a que vote justamente por el embajador del glifosato, Luis Alberto Moreno para presidente del BID, autor y financista del mentado plan?.

Pese al griterío que se me avecina, por ser crítico ante una gestión reprochable, hay que cuestionar al canciller Parra Gil si obedeció a las órdenes y disposiciones del presidente Bush, quien manejó expresamente la votación a favor del colombiano, según lo expuso la revista “Cambio” en su edición del pasado 28 de julio, para que, junto al presidente Palacio, obliguen (el término está bien utilizado) a Rafael Correa a que vote por el colombiano, o lo renunciaban. ¿Eso es una actitud soberana?; si no responde el señor ministro sería interesante encontrar una respuesta en los gritones de la “soberanía del canciller Parra”, que no saben como explicar esta contradicción vergonzosa.

Si hay una actitud “soberana” sería interesante saber que destino se ha dado a la queja del tema del hundimiento de los barcos, porque es extraño que –pese al reclamo de los organismos de derechos humanos- el canciller Parra Gil mantenga en forma inamovible como Director de Soberanía al embajador Diego Stacey, siendo este el que justamente negó al Ecuador el derecho del reclamo por los barcos hundidos en tiempos de Zuquilanda, y ahora maneja la pose de “reclamo digno”.

¡Que ironía!

A estas alturas creo que el canciller ecuatoriano debe responder por estas erráticas contradicciones. Debe decir, con toda precisión: ¿Cuál es nuestra posición frente a Estados Unidos? Que, a todas luces, no existe. O si existe sólo está en los gestos de Parra Gil; y, eso no es política exterior. No lo es.

Que se defina también nuestra política exterior con Colombia, para que no varíe entre la confrontación, la “neutralidad”, la cooperación o el “arrimazgo a los posibles créditos del BID para votar por el colombiano”.

Debe añadirse a todo esto un solo interrogante simple, sobre todo si nuestra relación con Venezuela está en niveles de cooperación altos, tanto en dinero, créditos, médicos y ahora petróleo y de cuyo apoyo el actual gobierno esta gozando, digo: ¿Este era el “plan diabólico y horrible” de Chávez con el Ecuador? . Si no es así, sería aconsejable que se nos dé una explicación a toda la nación de los términos ofensivos e insultantes del Secretario General de la Administración, Luis Herrería Bonet, y al mismo tiempo que se nos señale con precisión ¿Por qué sigue en su cargo el mencionado Secretario? No sé si en la diplomacia quepa la actitud de la “neo-política exterior” de ofender para después pedir, de atacar para no explicar y luego exigirle ayuda al afectado. La verdad es que Luis Herrería fue lo suficientemente maltratado como para que se sostenga una relación minimizando lo dicho, como lo hace el canciller Parra Gil.

Si tanto se cuestionó el manejo de los nombramientos de embajadores en el pasado, está muy claro que el canciller Parra Gil cayó en los mismos o peores vicios del pasado, perdiendo la oportunidad de respetar la “carrera diplomática” a la cual reemplazó con el “amiguismo de instituto diplomático”. En las últimas semanas al interior de la cancillería hay sospecha de que buena parte o todas las decisiones que adopta el ministro Parra Gil provienen de los consejos de sus allegados. Dentro de un tiempo el canciller Parra Gil deberá explicar los motivos de su tolerancia con su ex Director, por ende, ex Jefe, ahora embajador cuestionado no solamente por su manejo de los fondos a su cargo en la Embajada, sino también por su lucidez en la conducción de las relaciones con el país que ha tenido que acogerlo.

Se le ha escuchado al Canciller Parra Gil censurar a Zuquilanda en forma constante, y en eso hay un consenso, en verdad el pasado del ex canciller “diplomático de carrera” es nefasto y muchos lo censuramos. No obstante benévolamente Parra Gil o sus asesores, quién sabe, lo pusieron en el limbo: intocable para la justicia.

Al pedido del jurista Ramiro Aguilar para que se traiga y juzgue a Zuquilanda, atinó a responder que había formado una comisión que hasta la fecha no funciona, que no tiene ningún procedimiento, mientras tanto desde Bogotá el nefasto ex funcionario le da consejos y el Congreso de Ecuador ha tenido que citarle por la prensa, porque el canciller no asume ninguna responsabilidad para regresar o cancelar a Zuquilanda.

A estas alturas se preguntará más de uno ¿Por qué tanto cuestionamiento a la gestión de Antonio Parra Gil? La respuesta es una: Porque es la gran cabeza visible de una cadena de errores permanentes que nos hacen daño como país. Estamos cerrando los ojos a los efectos que produce en el exterior una gestión negativa y desatinada. No es aceptable tanta actuación coyuntural que suena estrepitosa en un momento, pero que a futuro genera distancias, efectos perniciosos, burlas y acusaciones de inestabilidad bochornosa. Todo Canciller debe cumplir su encargo, dotando a su portafolio de objetivos claros. No es válido aceptar que las palabras destruyan toda lógica en el comportamiento bajo el absurdo del “no sé que dije” como lo refleja la frase con la que inició reflexionando este artículo. Sería irresponsable callar.

Como acápite final, el último cuestionante es inevitable, tras la presencia extraña y confusa del ministro Gándara Gallegos en Nueva York, con su discurso en un inglés ridiculizado como “incomprensible” por el Diario El Comercio: ¿Quién dirige la política exterior? Parra Gil o Gándara Gallegos, y si hay una respuesta a eso, entonces vale la pena insistir: ¿Qué política exterior dirigen?

Como sé lo que viene estoy listo al debate. No es necesario que se me responda bajo la lógica de “la mejor defensa es el ataque”; sería mejor que se le explique la país todas estas contradicciones, ya que soy solo una voz crítica, mientras que la nación se merece: o las respuestas o las disculpas del canciller Parra Gil, y no las ofensas sufridas.

Si un elefante entra en una cristalería es lógico que el ruido será insoportable y los daños cuantiosos, pero algo más, como se podrá suponer, aparte de hacer destrozos se herirá a si mismo, con lo cual la sumatoria es triste. Nada peor que tener que asumir los daños finales, recoger los pedazos y volver a empezar de nuevo.
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ECUAMEX Agencia Electrónica de Noticias de Ecuador
FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, director del periódico Ecuadorinmediato.com, y la Agencia de Noticias Ecuamex.
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