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La última noche del viejo aeropuerto de Quito

2013-02-20 20:20:00
Reportes y Reportajes
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Estuvimos en los momentos del cierre del Aeropuerto Mariscal Sucre. Por Francisco Herrera Aráuz - Ecuamex

La tarde y noche de este 19 de febrero de 2013, en Quito, se vivió un sentimiento encontrado entre la nostalgia y la esperanza. Muchos quiteños dirigieron su mirada al cielo con frecuencia, en especial en las últimas horas, para ver como llegaban o salían con intensidad los aviones que marcaban lo que fue la última noche del viejo aeropuerto Mariscal Sucre, en la capital de Ecuador.

A lo largo de todo el día, desde muchos puntos de la parte norte de la ciudad se apreciaban gestos de los quiteños, todos ellos de nostalgia para con el suceso que se vivía en dos puntos de la capital: en Tababela se abrió un nuevo y moderno aeropuerto, en el norte se cerraba el viejo querido campo de aviación, que cumplió 52 años de historia.

Más de uno de los transeúntes, muchos de ellos muy jóvenes, dejaron de lado sus tareas para levantar su teléfono celular, o sacar una cámara digital y tomar fotos de los aviones aterrizando en la pista, o desde los departamentos se observó a muchos ciudadanos que filmaban los aterrizajes o despegues. Esas fueron las muestras cariñosas de último momento para llevarse un recuerdo inolvidable de las jornadas vividas en el aeropuerto.

La cercanía de la hora fijada para cerrar definitivamente la terminal aérea, las 19:00, comenzó a movilizar con algunos minutos de anticipación a quienes quisieron ser parte de esa historia.

Se vieron imágenes increíbles, muestras de cariño no esperadas. En el lado norte y oriental de la pista, entre las urbanizaciones Rumiñahui y Baker, así como en las Villas Aeropuerto, la gente apostada en las terrazas en medio del anochecer agitó prendas blancas y hasta una bandera nacional.

En el lado sur, la parte más visible de la pista, a la altura de El Labrador, siendo las 18:00 se registró una masiva presencia de gente apegada a las mallas, desde donde a tantos migrantes se vio partir. El tráfico se volvió intenso mientras los quiteños se agolparon para las fotos, o para colgar carteles de gratitud y globos que despedían a los aviones que salían uno tras otro, despejando la pista para el último vuelo.

Llegar al parqueo del viejo aeropuerto esta vez fue fácil. Luego, la entrada por la sala diplomática resultó mucho más accesible y un personal amable me guió hasta la pista: eran las 18:50 y salía el último vuelo de TAME, Quito - Guayaquil.

Lo increíble de vivir un momento junto a la historia se mide en emociones y esta vez, junto a la pista, al borde mismo de la nave de bandera ecuatoriana. De pronto, el "vecino" Mario Guayasamin de Ecuavisa me sorprende a entrevistarme para pedirme mi criterio del momento que vivíamos. Se me agolparon los recuerdos: cuando jugaba en los años 70 en el borde de la pista sin mallas ni protección; mi primera salida a México; el accidente de AECA en 1984, que me tuvo tan cerca como reportero de canal 8; y la tragedia de Cubana de Aviación a pocos metros de mi casa. Pero, al mismo tiempo, las tantas veces de mis partidas a distintos países, las llegadas de amigos y parientes o las lágrimas derramadas por la partida de quienes uno quiere. En verdad había vivido una vida alrededor del aeropuerto.

Y así se sentían el paso de los minutos, que se volvieron lentos, porque tardó en partir el último vuelo, debido a que las naves de Aerogal estaban a la espera. Pero finalmente salieron.

Eran las 18:59. La nave de Tame comenzó a moverse, poco a poco, lentamente se cuadró para tomar pista y se dio lo que esperábamos, con la clásica ceremonia que los aeronáuticos celebran un acontecimiento muy especial: el arco de agua. Dos camiones de bomberos se colocaron frente a frente y lanzaron al cielo sus surtidores con chorros de agua que se reflejaban en la noche de manera especial, y por ahí se fue el avión, era ese el último momento del último vuelo. Los empleados y quienes estábamos al borde de la pista presenciando el espectáculo guardamos un silencio solemne, que fue interrumpido de pronto por una serie de aplausos y algunos vivas. No faltaron las lágrimas de algunas personas que consideraban el cierre de una etapa en la historia de la nación.

APAGAR LAS LUCES PARA ENCENDER OTRO MOMENTO

El despegue de la nave de Tame a las 19:07 dio inicio a una caravana sorpresiva. Los camiones de ECUAFEL aparecieron en la pista haciendo sonar sus pitos y claxon de manera fuerte; encolumnados pasaron frente a lo que hasta ese momento era el terminal aéreo para dar paso al traslado de todos los equipos, materiales y muebles que debían sacarse esa noche del aeropuerto. Su presencia fue recibida con aplausos por los presentes.

En el segundo piso, en el acceso de una de las mangas de la terminal, frente a un gran ventanal presenciaba este acto el alcalde de Quito, Augusto Barrera, junto a Phillip Baril y el director de la DAC, Fernando Guerrero. Un buen grupo de prensa y otros convocados escucharon la palabra del burgomaestre quiteño:

“Es un momento de la historia, es un cierre de un aeropuerto para abrir otro más, es dar un paso a la modernidad”, explicó el Alcalde a los presentes. Mucha nostalgia en sus palabras, mucha emoción en ese momento.

Fue entonces, a las 19:19, que Augusto Barrera hizo historia al expresar que por disposición de la autoridad de la aviación en Ecuador, desde ese momento se cerraba este querido y viejo aeropuerto de Quito, tomó un radio móvil y dio la orden: “Que se apaguen las luces de la pista”, con lo cual se dieron por terminadas definitivamente las operaciones de ese campo de aviación, se pusieron punto final a 52 años de servicio. Hubo silencio en los presentes, todos dirigimos la mirada a un sector de la pista que destacaba por su iluminación con faros azules intensos, que de pronto se apagaron. Largos segundos duraron las emociones de sentir que se había terminado todas las actividades del Mariscal Sucre quiteño, y de pronto, como para dar la impresión que debíamos recibir con alegría el nuevo momento de Quito, comenzaron a saltar una serie de luces y fuegos artificiales que arrancaron los aplausos y las vivas de los presentes.

El acto movió a la alegría de quienes miraban lo que pasaba en la cerrada pista de aviación. De pronto una voz fuerte de un hombre entre el público gritó: “Por el orgullo de los quiteños, ¡Que Viva Quito!, consiguiendo un ¡Que viva!; ¡Viva el Ecuador!, se respondió con emoción, con lo cual se terminó el acto, así sencillo, solemne, sincero.

El recorrido de regreso fue algo difícil, muchos espacios que siempre estuvieron llenos de gente, ahora lucían vacíos y desolados.

Horas más tarde, el apagar las luces interiores del aeropuerto viejo se fue viendo de un sector a otro, lentamente, lo que nos hizo vivir el momento de mirar por primera y única vez a lo que fue este espacio de Quito apagado y triste.

Así se vivió la última noche del viejo aeropuerto de Quito.

ECUAMEX Agencia Ecuatoriana de Noticias Ecuador - Medios en el exterior

FHA: Francisco Herrera Aráuz - Periodista, abogado. Director de Ecuadorinmediato.com

@2013

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