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9 DE OCTUBRE DE 1820: INDEPENDENCIA DE GUAYAQUIL

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Juan J. Paz y Miño Cepeda THIE-PUCE

A inicios del siglo XIX comenzaron las revoluciones de independencia en diversas regiones de la que hoy conocemos como América Latina. Haití fue la primera nación en independizarse en 1804. Cuando en 1808 Napoleón invadió España y apresó y destronó a su monarca, los criollos hispanoamericanos encontraron la oportunidad para lanzar luchas revolucionarias, que se iniciaron constituyendo Juntas de gobierno, a partir de 1809. Pero la independencia pasó a ser un proceso largo, complejo, difícil y hasta sangriento, porque la derrota del poder colonial y monárquico sólo pudo hacerse por la vía de las armas. Tras largos años de lucha anticolonial, las batallas decisivas finales fueron las de Junín y Ayacucho, en 1824.

 En la Real Audiencia de Quito, nombre que tuvo el país que hoy se llama Ecuador, el proceso de la independencia duró catorce años. La primera fase arrancó con la Revolución de Quito, entre 1808-1812. Ésta se inició con la confabulación criolla en la Navidad de 1808. Tuvo como momento decisivo el 10 de agosto de 1809, cuando se desconoció al Presidente de la Audiencia, Conde Ruiz de Castilla y se constituyó una Junta de Gobierno, encabezada por criollos ilustrados. Se realizó así un acto heroico e inédito, que la historia ecuatoriana ha reconocido, con razón, como Primer Grito de Independencia. Tras la masacre del 2 de agosto de 1810, la revolución quiteña culminó con la reunión de un Congreso de Diputados (1811), que dictó la primera Constitución el 15 de febrero de 1812, que creó el Estado de Quito, defendido por las armas patriotas, que no pudieron resistir la arremetida realista que finalmente triunfó.

Entre 1812-1820, la restauración monárquica persiguió todo intento de rebeldía quiteña, aunque las autoridades tuvieron que soportar intermitentes guerrillas y protestas.

 Dando continuidad a la pionera Revolución de Quito, la Revolución de Guayaquil del 9 de octubre de 1820, que abiertamente proclamó su independencia, inició la fase exitosa de la emancipación, que en forma incontenible se alcanzó, de manera definitiva, en la Batalla del Pichincha, el 24 de mayo de 1822.

 Con clara comprensión del proceso de Independencia del actual Ecuador, el historiador guayaquileño Camilo Destruge sostuvo en su “Historia de la Revolución de Octubre y Campaña Libertadora” (1918), que el origen de las ideas independentistas se hallaban en el Quito rebelde de fines del siglo XVIII. Y reconoció “como iniciadores de ella, en la práctica, a los próceres de la Revolución de Agosto de 1809 y de la campaña que terminó en 1812, de tan desgraciada manera”. 

En Sudamérica, las batallas decisivas fueron liberando las regiones que hoy constituyen Venezuela y Colombia, bajo la conducción del genial Simón Bolívar, al propio tiempo que por el sur ascendía José de San Martín tras liberar los territorios de los actuales Argentina y Chile. Oficiales ingleses y otros europeos inspirados en las ideas de libertad se unían a los patriotas americanos. En la misma España crecía la lucha de los liberales contra el absolutismo de Fernando VII; y en 1820 el general Riego, que debía encabezar una fuerza militar para someter a los americanos, se pronunció a favor de la Constitución liberal dictada en Cádiz en 1812 (“La Pepa”), aunque con ello no se logró la atención del rey a las reivindicaciones provenientes de las colonias de ultramar. 

De tal modo que la Revolución de Octubre en Guayaquil pudo desarrollarse bajo una coyuntura favorable, completamente distinta a la que había tenido Quito una década atrás, incluso porque la economía costeña estaba en ascenso y los criollos terratenientes y comerciantes de Guayaquil, restringidos por el monopolio español y las exacciones coloniales, advirtieron las ventajas de la liberación comercial y de la autonomía política.

 En su preparación tuvieron un papel protagónico tanto la labor de la juventud patriota ligada a las familias dominantes de Guayaquil como el trabajo conspirativo de la logia masónica “La Fragua de Vulcano”. Destacaron dirigentes como José de Villamil, José Antepara, Francisco y Antonio Elizalde, los hermanos Lavayen, Luis Fernando de Vivero, Francisco Marcos, Lorenzo de Garaicoa, Guillermo Bodero, Agustín Franco, José Hilario Indaburu, Ciriaco Robles y numerosos patricios porteños.

 A su vez, en la acción militar coordinada participaron los Capitanes venezolanos León de Febres Cordero, Luis Urdaneta y el Mayor Miguel Letamendi. Junto a ellos actuaron los oficiales Peña, Álvarez, Farfán, Escobedo y otros tantos hombres de armas, que lograron el control de las guarniciones de la ciudad, compuestas por los batallones “Granaderos de Reserva”, las Milicias Urbanas, el Escuadrón “Daule”, la Brigada de Artillería y la Tripulación de Fuerzas. Fue apresado Pascual Vivero, Gobernador de Guayaquil y Jefe de la Escuadra Naval, así como varios jefes militares realistas y se impuso la subordinación de unos 1.500 hombres de tropa, sin que se produjeran grandes combates ni mayores resistencias. El resto de la población, entusiasmada con los sucesos, respaldó masivamente a los protagonistas criollos de la ciudad. 

Una vez depuestas las autoridades locales se constituyó la Junta y se reunió un Cabildo Abierto que confirmó los hechos producidos. Inicialmente se propuso el nombre de Febres Cordero para la jefatura provincial; pero, por el “Acta de Independencia” suscrita aquel mismo día, finalmente se nombró como Jefe Político a José Joaquín de Olmedo. Este célebre patriota convocó al Colegio Electoral  o Asamblea de Representantes, integrado por 57 Diputados de la Provincia, el mismo que se reunió el 8 de noviembre. Además, el Congreso constituyente reorganizó el Cabildo, dictó el Reglamento o Carta Política (la Constitución de 1820) y designó una Junta de Gobierno integrada por el mismo Olmedo como Presidente, Francisco María Roca, el Coronel Rafael M. Jimena y el secretario Francisco Marcos.

La Provincia de Guayaquil se declaró “en entera libertad para unirse a la grande asociación que le convenga de las que se han de formar en la América del Sur”. De acuerdo con Camilo Destruge, inmediatamente de producida la Revolución de Guayaquil, fueron despachadas dos comisiones para informar a Bolívar: una, con el Coronel Escobedo, y otra con el capitán Francisco de Paula Lavayen. En respuesta, Bolívar envió al General José Mires, con instrucciones y armas para defender la libertad guayaquileña. La Junta aceptó ese apoyo. Y Bolívar despachó un segundo apoyo con el General Antonio José de Sucre, que la Junta presidida por José Joaquín de Olmedo, agradeció. El 15 de mayo de 1821 la Junta se declaró bajo la protección de Colombia.

 Inicialmente, los revolucionarios guayaquileños fueron derrotados por las fuerzas realistas en Huachi y en Tanizagua. Pero entonces recibieron el refuerzo de las salvadoras tropas grancolombianas y la llegada del general Antonio José de Sucre, quien organizó la estrategia militar sobre el interior del país. Tras una nueva derrota en Huachi, los patriotas reorganizaron las fuerzas y Sucre definió el ascenso por los Andes desde el sur. En plena campaña el ejército libertador fue apoyado con hombres y recursos de los pueblos interandinos.

 La batalla final ocurrió el 24 de mayo de 1822 en las faldas del Pichincha. Las tropas realistas al mando del mariscal Melchor de Aymerich fueron derrotadas por una coalición de tropas al mando del general Sucre, integrada por dos divisiones compuestas por batallones y escuadrones de soldados costeños y serranos del propio país, además de tropas venezolanas, colombianas, argentinas, chilenas, bolivianas, peruanas y hasta soldados ingleses, irlandeses y un oficial alemán. Al día siguiente se suscribió la capitulación española. La “Batalla del Pichincha” logró la independencia de la Real Audiencia de Quito, fue el resultado de un esfuerzo amplio por ideales latinoamericanistas y abrió el camino para el establecimiento del nuevo Estado Nacional.

 De acuerdo con Camilo Destruge, Bolívar llegó a Guayaquil en julio de 1822. A pocas horas, los partidarios colombianos y el Procurador le solicitaron la incorporación a Colombia, en medio de las enconadas divisiones de los partidos existentes entre los propios guayaquileños: autonomistas, peruanófilos y colombianistas.  Bolívar asumió el mando. Y el 31 de julio, la Asamblea o Colegio Electoral declaró a Guayaquil restituida a Colombia. Según Destruge, fue la solución “más conveniente, la más acertada y hasta salvadora”. 

La Revolución de Independencia de Guayaquil no solo fue un momento ejemplar de los guayaquileños, sino un hecho que constituye patrimonio histórico de todos los ecuatorianos y un motivo de orgullo para el país. No fue, como lastimosamente cierta corriente regionalista ha interpretado, un hecho revolucionario que marcó, con exclusividad, la identidad autonomista de Guayaquil, supuestamente afectada por Simón Bolívar al lograr su integración a la Gran Colombia. Esta es una interpretación errada. Basta considerar que José Joaquín de Olmedo, el célebre patriota guayaquileño, dedicó al Libertador su famoso poema “La Victoria de Junín. Canto a Bolívar”. Años más tarde también escribiría una “Canción del 10 de Agosto”. Cuando estalló la Revolución de Octubre, impulsó la organización de la División Protectora de Quito, pues estuvo en su mira la liberación del país al que Guayaquil pertenecía. Eso es lo que entonces significó la frase “Guayaquil por la Patria”. Sin embargo, creyó que su país, y Guayaquil como parte de él, debían ser autónomos, para formar un solo Estado soberano. Jamás ese autonomismo fue entendido como “independencia” de Guayaquil con respecto al Ecuador. Pero su proyecto chocaba con la visión integradora de Simón Bolívar, que confiaba en una patria grande, hispanoamericana. La diferencia los distanció. Pero luego se reconciliaron y Olmedo también convocó a Bolívar para el esfuerzo de la independencia del Perú.

 De manera que, desde la perspectiva de la historia nacional, el Bicentenario es un motivo para recuperar el sentido de identidad ecuatoriana, ubicando a la gloriosa Revolución de Octubre de 1820 y a sus claros pronunciamientos por la emancipación de su país y por sus vínculos con la Gran Colombia creada por Bolívar, como el hito clave en la fase decisiva del proceso de la Independencia del Ecuador.

 

Juan J. Paz y Miño Cepeda
Doctor en Historia PUCE – Taller de Historia Económica
http://puce.the.pazymino.com

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Especial para EcuadorInmediato

www.ecuadorinmediato.com

09 Octubre 2012

 

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