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Edición #4866 |  Ecuador, viernes, 19 de enero de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
urgente

ALERTA, QUE LA CORTE ESTA EN JUEGO

2005-08-01 22:10:59
Análisis
2392

Ecuamex / FHA

Es una especie de tornillo sin fin que comienza a afectar a la posible nueva Corte Suprema de Justicia, el juego del ¿Porqué ellos y porqué no yo?, que suele jugar una "Clase Parásita" muy ecuatoriana que apenas ve que "otros" pueden optar por un espacio en el servicio público, salta a los micrófonos a denostar contra quienes se les ha ocurrido la idea de desplazarlos. Por eso, es grave anticipar que la nueva función judicial, por más que ha vivido un proceso que asoma limpio, sufre ya el mal de este pernicioso ataque de las "figuras conocidas y con experiencia" causando un prejuicio a la nación.
En Ecuador, una grave tendencia a descalificarnos recorre de tiempo en tiempo. Eso va desde lo íntimo y personal, hasta lo público e institucional.

Ni bien sabemos de alguien que ha tenido algún grado de éxito, le desconocemos cualquier mérito y dudamos de sus capacidades. No podemos aceptar que haya logrado algo. No no es desconocida aquella frase de “lo conozco desde chiquito, así mismo es...” y la otra más contundente a criterio del resentido: “mi compañero no más era”, con la cual se duda de los valores morales o de la formación que ha tenido.

El otro enfrentamiento que surge de inmediato es aquel conocido en los medios públicos, cuando se enteran de la opción de algún nombre para tal o cual función; el mero hecho de ver nombrado a un ciudadano es suficiente para que ya se dude de su honorabilidad, de su capacidad o su afinidad ideológica. Basta un simple antecedente para que sea “sospechoso” o sino hay que buscarlo hasta debajo de las piedras, en la boca de sus enemigos o en los resentimientos gratuitos para convertirle en “aquel que debe probar su inocencia, antes de asumir tal o cual cargo”. Y sino hay nada, con la consabida frase “no tiene calidad moral” van en forma mediocre a exponer su reclamo disfrazado de rescate de la honra.

Semejante actitud demencial no se la logra comprender sino en los rincones más obscuros de la conducta del que se ve “amenazado” por otro ciudadano que lo reemplace.

Si le sumamos un tercer factor, muy especial: la “Clase Parásita”, aquella que le quita representatividad a todo aquel que asoma con posibilidades de llegar a posicionarse en una ubicación del servicio público. No importa, en estos casos, el ¿Por qué? Simplemente hay que desacreditarlo bajo el refunfuñante: “¿Y este a quien representa?” con el cual se echa por el suelo la imagen pública, destacando el tan conocido cliché de” No le conocen ni en su casa”, y con ello dan por sentado que no puede ni debe asomar siquiera, argumentando para colmo, en caso de que en verdad provenga de algún grupo ciudadano, que “son solo cuatro pelagatos” que por cierto no merecen ninguna consideración para quien arma la tramoya y que se siente autorizado a desconocer a otros el derecho a la presencia pública, o la creencia cívica de servir a su nación con un nivel de responsable participación ciudadana.

Todo este bajo nivel de expresión, muchas veces exprimido con amargo veneno frente a los micrófonos de radios y televisoras, por especialistas en despertarnos las mañanas con el ocre sabor del ataque a la autoestima nacional, ha conformado una especie de comportamiento cultural que maneja la “Clase Parásita”, que vive de este tipo de tipo de abyecciones y, que se solaza en las mismas para hacer daño, ya que son sólo “ellos los llamados servir, y los demás que no asomen”.

Si se preguntan ustedes a estas alturas a quien me refiero con la “Clase Parásita”, pues creo que amerita una definición en aquel grupo que ha llegado a “ser algo” en alguna oportunidad, en algún espacio público, con méritos o no, pero que una vez que se halla fuera de las “mieles del poder temporal del carguito” entonces optan por volverse parte de una especie de entes que se ubican en la ribera del ataque para censurar a todo aquel que se presenta en su entorno, en tono de “amenaza” a sus posibilidades.

Son los clásicos “ganapanes” que llaman a los noticieros a suplicar entrevistas, o son considerados “rellenos” cuando han fallado los invitados y se los llama para que acudan a dar sus “sesudas opiniones”. Con frecuencia el perfil con el que se muestran es el de “analistas” de lo que sea, y por supuesto enfilan con frecuencia en contra de quien está ocupando el cargo que ellos ocuparon o desean ocupar, o sino hacia el que sus ambiciones les dirijan, y no dudan en “descalificar”, “denunciar” o destruir la honra ajena, aprovechándose de la libertad que tiene para exponer sus sandeces.

Como es lógico presumir, con su lengua han hecho mas daño que con sus manos y muchas personas han sido “ajusticiadas” por sus afanes, cuando no han logrado que se caigan los gobiernos, maximizando los errores, agrandando las fallas, destruyendo las buenas intenciones que se supone muchos ecuatorianos tuvieron en su momento.

Le ha tocado el turno de caer en sus malas artes a la nueva Corte Suprema de Justicia, que se supone el Ecuador debe elegir con urgencia y, claro, ya está en el centro del debate de esta “Clase Parásita” las intenciones cívicas de quienes desean ser elegidos magistrados.

¿Por qué de esta defensa? Escuché la frase en una estación de radio noticiosa este miércoles 27, “Vamos a tener una corte de mediocres”. Suficiente. Creerán que con eso tenemos ya bastante para definiciones, porque a partir de ese condenable concepto hay un amplio campo para denostar contra los 311 candidatos a magistrados de la Suprema.

Digo: ¿No habrá que esperar un momento que se lleve el proceso en paz?

Con frecuencia somos capaces de censurar el que los jueces y magistrados sean los “malos de la república”. Y justamente cuando se abre la opción de que se participe y, que sean los buenos, los óptimos, los capaces, los que se presenten, entonces nos meten en la carrera de las descalificaciones por parte de esta “Clase Parásita”, porque no están ellos, porque no quieren ni pueden aceptar que sean otros los que se asomen a lo que considerar su “territorio” en condición de propietarios de cuadra cual control de mafia.

Es válido defender la presunción de buena fe con la que se debe tomar a la participación activa de los 311 doctores en jurisprudencia. Han sido capaces de entregarse a la inmolación pública, porque ellos, como todos sabemos, al facilitar sus carpetas pasan a ser parte de un debate sensible de su pasado, de su actuación, de sus méritos, de sus obras, de sus acciones y hasta de sus propios errores o aciertos.

Para la conciencia nacional es conocido que hay un proceso que se lleva adelante con tropiezos, que la situación constitucional es ambigua, como lo es el golpe de estado que sufrió la función judicial en diciembre pasado, hay que admitir que el reglamento dictado no es de lo mejor y que aquello motiva más de un celo o reclamo. Pero a fin de cuentas estamos llevando un proceso extraño, nuevo y diferente, que hay que poner la esperanza de que funcione, que de resultados y que nos entregue una Corte Suprema de Justicia que tenga algo muy importante: Respetabilidad.

De entre los nombres presentados no dudo que haya cuestionables, no tengo ni la más mínima duda de que habrá información escondida, que saltarán malas jugadas o pésimos antecedentes. Pues bien, para eso estamos todos, para eso servirán las veedurías ciudadanas, los medios de comunicación vigilantes y todos en particular para asumir un deber cívico de cuestionar y exponer en forma transparente lo que sabemos de tal o cual posible magistrado que esté afectando su honorabilidad y ponga en tela de duda su posible presencia como juez de la república. Tenemos eso, y no debemos desperdiciar la ocasión llevados por conceptos resentidos de los que se sienten indispensables.

Que ironía, se llama a un proceso para calificar méritos y honras, para que luego haya que salir en defensa de los que se presentaron con sus carpetas esperanzados en la opción de ser magistrados. En ese grupo están aquellos que han sido abogados por largo tiempo, que nunca han tenido ni siquiera la opción de acercarse a una posibilidad de ser llamados a tal cargo, precisamente porque han sido denostados por los de la “Clase Parásita”. Si, están juristas, gente que enseña en las universidades, aquellos que se han graduado confiados en el sistema judicial, de aquellos que han escrito obras, que han tenido la energía suficiente para litigar a favor de sus defendidos, pero por sobre todo están los que se saben y se sienten honrados como para defender su oportunidad y buen nombre.

Removiendo la conciencia pública, debemos confrontar con valentía a los opinadores vulgares, a los que no se presentaron, a los que “se sentaron en sus carpetas”, para no hacerles el campo abierto para sus resentimientos. Sí, por primera vez habrá que llamar a los noticieros del Ecuador para hacerles caer en cuenta que la nueva corte está en juego, y que puede caer fulminada bajo la lengua voraz de quienes no se resignan a ser sustituidos de su condición de “indispensables”.

¿Que tal un cambio de comportamiento? Porque no se busca de entre los candidatos presentados, entre los menos conocidos, entre las personas que más silencio han guardado, los méritos adecuados para ser considerados elegibles a magistrados. ¿Por qué no valoramos a los que menos auto-alabanzas se han lanzado, proclamando su honra?

Sí. Hay que tomarles examen a los candidatos a magistrados.¿Por qué no estimulamos un sistema de evaluación positiva?, quizás yendo más lejos, para apoyar la opción de los exámenes de suficiencia académica y de perfil psicológico para los futuros supremos jueces. Porque lo que se está eligiendo es a seres humanos en condiciones académicas y morales que deben ser sometidos a toda prueba. Sí, exámenes, de esos con toda la contundencia que seamos capaces de poner, para así valorar los conocimientos y reconocer las capacidades y debilidades de los individuos.

Hagamos un frente común en todos los espacios del debate público para dar oportunidad a quienes asumieron su compromiso cívico de concurrir al llamado de su patria, para cumplir con ella entregando su aporte.

Que de ellos no cese su valor cívico, que de la comisión seleccionadora no se falle a la patria y se actúe con decencia, que de nosotros no falle la conciencia de que hicimos el esfuerzo por ubicar a los mejores.

Frente a la cascada de infamias, como comunidad, como colectividad tenemos el reto: Este es el momento de probarnos a nosotros que existe un comportamiento pro-país para aceptar lo actuado con honor, o caer en la ofensa infundada. Midamos nuestras palabras lo contrario, más que seguro que no es solo la Corte lo que está en juego sinó la moral de la República.
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ECUAMEX Agencia Electrónica de Noticias de Ecuador

FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, director del periódico Ecuadorinmediato.com, y la Agencia de Noticias Ecuamex.
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