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Edición #4866 |  Ecuador, jueves, 18 de octubre de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
urgente

Mejor que digan ¿Cuánto quieren“

2005-07-12 09:42:49
Análisis
2966

Ecuamex / fha

No hay condición que deje mayor sabor a injusticia que aquella que es impuesta, fruto de un chantaje. Más aún si con la concesión se está olvidando el reclamo indignado de quienes somos víctimas y que ahora vemos como el castigo al delincuente, que debió ser justo en su momento, es vulnerado por una "decisión política" que busca "arreglar un problema", promoviendo la impunidad. Me refiero directa y expresamente a la cuestión de de la aplicación de las penas y el caos que se avecina con la mediocre discusión de tan complejo tema en el Congreso.
Escribo esta nota frente a la pantalla de mi televisor, luego de ver, con rabia e indignación, como se sigue desatando una rabiosa “campaña informativa” que nos muestra a los presos con desangres fabricados para las cámaras, con crucifixiones “casualmente” hechas el momento en que llegó el reportero, y la “posición” del jefe del comité de internos que –con acento extranjero- exige que “este país debe aprender a respetar a los presos”.

Y veo la nota de la prensa televisiva desde el otro lado, estoy frente a la pantalla observando con rabia silenciosa y acumulada, preguntándome ¿Y los derechos de las víctimas quien los reclama?.

Pienso como ciudadano y como victima. Tras el cobarde asesinato de un joven líder scout, Juan Esteban Villacreses Reyes, el 19 de noviembre de 1995, el responsable del crimen fue sentenciado a 12 años de prisión pese a las corruptelas judiciales. Pero le aplicaron la “rebaja del 2 x 1” y ya está libre por “buena conducta”. El infame era policía y cuando mató a un joven valioso, dijo -manchando el uniforme con sorna- que “había sido un accidente de trabajo” su “buena conducta” la pagó en el casino de la tropa del cuartel en el que pasó detenido, a la cárcel nunca fue, pero le dieron la disminución de la pena.

Para llegar a la sanción, me tocó andar mendigando a mis propios colegas que se hagan eco de la noticia que reflejaba la atroz conducta y lo exiguo de la pena impuesta. En ese entonces no hubo “microondas falsas” ni “notas humanas” de ningún canal de televisión. Al contrario, el gerente del canal donde trabajaba, con el susto cómplice del dueño, boicotearon todo comentario de mi parte; mientras el criminal reducía su merecido castigo, amparado en leyes demagógicas propiciadas por intereses desconocidos para la mayoría de nosotros (y que van más allá de sus instrumentos cosidos la boca y crucificados) pero que hacen oír su potente voz en el Congreso. Ahora el autor del asesinato está libre. Lo he visto, en la calle: cínico y sin reparos de conciencia. ¿Cómo iba a tenerlos si no cumplió la pena que le fue impuesta por su delito?.

Por eso ahora veo con rabia, impotencia y frustración, como los canales de televisión y, les pongo a todos - a toditos - en el mismo saco; se han propuesto, sea por afán, por ignorancia o por un calculado afán morboso de explotar la crónica roja hecha especialmente para los medios desde la mata, esto es, desde la cárcel, destruir la Fuerza de la Ley y la autoridad que nace de ella para sancionar justamente el delito cometido, al punto de lograr que los matones, violadores, secuestradores, asaltantes, traficantes de drogas, traficantes de personas, tengan más derechos que las víctimas, porque les ofrecen un “sangriento espectáculo” con el que tiñen en forma poco ética sus noticieros.

Más grave es la actitud cómplice y encubridora del político “vivillo” que, como otro instrumento de los que están atrás de los crucificados y cosidos la boca, se lanza presuroso en el Congreso Nacional: imágenes de TV y recortes de periódico en ristre, a proponer las consabidas “fórmulas” que buscan dar, a quienes ya han sido condenados – o sea, probada su culpabilidad -, el beneficio del 2x 1, del 3 x 1 y, sin escrúpulo, podrían llegar a lo increíble del 10 x 1.

La lógica del convivir social racionalmente nos lleva a concluir que ante un delito debe haber una sanción, siendo, por supuesto, la pena proporcional a la falta. La responsabilidad es un correlativo del acto. Sin pena o con una puesta a gusto del delincuente, éste no siente la responsabilidad de su acto y el objetivo de la ley penal se burla.

También se deja al resto de los ciudadanos desprotegidos cuando el infractor está en capacidad de condicionar al Estado su tiempo de permanencia en la cárcel; para luego salir a pavonear su poder ante los estupefactos parientes de las víctimas o ante las propias víctimas, que se convencerán, día a día, de la inutilidad de denunciar el delito para evitar la represalia del delincuente.

Esto crea más inseguridad, más miedo y más delincuencia.

Parece que la desubicada televisión ecuatoriana no logra sintonizar los intereses que, tras este tipo de motines carcelarios, están en juego. Algunos diputados, por su parte, bien podrían estar en el tinglado.

No es posible que frente a un motín de reclusos, que tiene más de acto de pantalla que de legal, el Parlamento salga casi de inmediato a discutir la rebaja de penas. No. No pasan minutos desde que vemos a los presos amotinados frente a reporteros y camarógrafos para que algún legislador dentro de sus interminables debates de “tema libre”, salga con la propuesta de “buscar la reducción de penas, porque el sistema penitenciario no rehabilita a nadie” con una certeza de dudoso interés por dicha legislación. Algún bromista con sal quiteña, diría que el ágil diputado querrá asegurarse por si acaso en el futuro le pesquen en algo irregular –bastante común en nuestro Congreso- la rebaja correspondiente.

En el discurso se amparan los legisladores y no faltan los reporteros que enfocan el “derecho de los reclusos”. Por favor, ¿Es que acaso las víctimas de un delito no tenemos derechos, o los perdimos justamente cuando fuimos: asaltados, atracados, agredidos o violados? ¿Será tan grave y extrema la situación que los ciudadanos que hemos sido víctimas del “2 x 1” tengamos que “organizarnos” ante la agresión que sufrimos por parte de legisladores y reporteros de televisión? ¿Que tendremos hacer?: ¿Desangrarnos ante el congreso?, ¿Dar más sangre que la que ya cobraron de nuestros deudos?; ¿Vomitar nuestra comida?; ¿Secuestrar como rehenes a nuestros familiares?; ¿Tendremos que tomarnos alguna instalación especial del Estado ecuatoriano para reclamar que “este país” aprenda a respetar a sus víctimas del delito?, ¿Por qué ningún diputado habla de las víctimas ciudadanas?, Nunca lo hace. En ningún discurso de esta pasada semana han enfocado ese punto de vista, sin siquiera considerar el respeto por sus electores.

Igual de triste y simplón es el espectáculo que dan en la televisión ecuatoriana los reporteros que corren al reclusorio a “reivindicar el derecho de los presos”. ¿Será que la sangre de las víctimas que a diario sale en sus noticieros de crónica roja, no es suficiente? ¿Por qué no se menciona, con la misma espectacularidad, a las víctimas de quienes, beneficiados por la rebaja, volvieron inmediatamente a herir, cuando no lo habrían hecho si habrían estado en la cárcel cumpliendo su pena completa. ¿Por qué no tenemos el mismo derecho a exponer ante las pantallas ese reclamo?

El reclamo por el “derecho de los presos” llega a extremos tan insultantes que en medio de una rueda de prensa que emite el pasado viernes 8 el Gobernador del Guayas, Guido Chiriboga, al exponer -al menos alguien lo hace- que una simple lógica del derecho no permite que los delincuentes se impongan a los ciudadanos ni a las leyes, entonces salta el acucioso reportero a hacer muestra de su deformación informativa para exigirle una respuesta: '¿Y si se mueren los presos?'; como si no fuesen suficientes los muertos que él mismo ha reportado, para obtener una indignada respuesta del funcionario: “pues que se mueran”. Triste debate.

Quizás, en medio de su arrogante ignorancia, haciendo gala de su pobre percepción de lo justo, tanto reporteros como legisladores no se han dado cuenta que están haciendo todo lo posible por destruir la fuerza de la Ley. En esta fuerza se legitima la autoridad del Estado.

Ahora bien, un detenido no pierde sus derechos humanos, y aquello amerita el comentario. Siendo partidario de la exigencia del cumplimiento de las penas a quienes han sido sentenciados a cumplir las mismas, es válido el momento para reclamar un trato digno en las cárceles, un respeto a su condición de ser humano merecedor de su rehabilitación. En eso de acuerdo, tanto mas que desde la óptica ciudadana se ve como un acierto el que los organismos de derechos humanos en Ecuador, así como el Observatorio de Prisiones, no pugne por esa mentada rebaja, y más bien exija políticas de recuperación de los delincuentes.

Mejor aun se puede tomar la exigencia de ciertas autoridades, del propio Gobierno, del alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, de algunos líderes de opinión jurídica, de varias organizaciones que trabajan con detenidos, quienes reclaman mejores condiciones de rehabilitación, pero jamás el afectar a las víctimas del delito, que se verían nuevamente perjudicadas por la reclamada reducción. Es válido totalmente el pedido de un reenfoque social a las condiciones de pobreza y miseria en las que muchas veces germina y convive el delito, pero de ahí a vulnerar la sanción, que se genera desde la aplicación de la Ley, jamás.

Por eso: frente a la condición de chantaje al que nos han sometido los reclusos; frente a la cerrada campaña informativa de agresión al ciudadano que se ha expuesto en las sangrientas pantallas, y la posible decisión legislativa contra las víctimas del delito en Ecuador, la decisión debe ser una sola: no aceptar una rebaja de penas.

No se puede lograr por la fuerza curar las huellas del delito, no es dable seguir aceptando como “líderes de opinión” a quienes han delinquido, nos han llenado de droga las calles destruyendo vidas y hogares, que provienen de naciones ajenas y que se sienten con derechos propios en la nuestra, no es factible seguir creyendo en el cuento del “preso por robar una gallina” cuando hay vidas perdidas y hogares destruidos por la violencia propiciada.

Digo todo esto porque lo he sentido: ¿Cómo debe reaccionar alguien que ha sido víctima si se encuentra manos a boca, en plena calle, al autor del delito que le quitó la vida a un ser valioso y querido, que camina libre, y además le ve a uno sonriéndole con burla, como diciendo: “ya ves, eso se logra con el 2x1”?

Si los reporteros han resuelto traicionar a su ética, promoviendo el tumulto para la rebaja de pena, si los Congresistas de Ecuador deciden en un acto de “reducción mental” infamar a la Nación con su actitud acobardada de legislar por presión, chantaje u otras
“motivaciones”; entonces, lo más coherente con la incivilidad del Ecuador, sería preguntar al acusado, frente al crimen cometido y probado: ¿Cuánto quiere que le demos de pena?

Que asco!
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FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, director del periódico Ecuadorinmediato.com, y la Agencia de Noticias Ecuamex.
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