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Edición #4866 |  Ecuador, sábado, 22 de septiembre de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores
urgente

ECUADOR - COLOMBIA: UNA TRAMPA PUEDE HACER PERDER LA PAZ

2005-07-05 10:33:21
Análisis
3640

Ecuamex / FHA

No es que la política exterior del Ecuador cambió en las dos últimas semanas frente a Colombia. No. Lo que está haciendo nuestra nación andina es volver a su pasado, mantener su tradición de respeto por el conflicto interior que vive el pueblo colombiano salvaguardando el principio básico de no-intervención; pero la historia no es la misma de los años anteriores, tampoco son los actores políticos ni los que estuvieron como los que ahora están, y también son nuevas las condiciones, por lo que el País está en el dilema entre conducirse con serenidad, pasar por una especie de "filo de la navaja", o caer en una trampa infame que cambie su destino y nos haga perder lo más preciado: la paz.
Si miramos nuestra historia, la nación ecuatoriana ha sido una especie de perla rara en la conflictiva zona andina por haber mantenido una cultura de paz. Mirar la historia del Perú y Colombia en los últimos 50 años es hacer un recuento de un desangre interno crítico, que nunca saltó al Ecuador. En medio de dos guerras, nosotros supimos mantener una prudente, muy prudente convivencia con los vecinos, dejando que sean ellos los que resuelvan sus problemas, sin intervención de nuestra parte.

Vanos fueron los intentos de traspasar esta sangrienta historia, tanto por parte de las FARC, del M-19; del ELN desde Colombia, como los de “Sendero Luminoso” o el MRTA desde el Perú mediante militantes o allegados en nuestro País. De hecho en el Ecuador no logró prender la idea guerrillera y el único intento fracaso cruentamente, sumado al hecho de que el desprestigio que fueron ganando los movimientos políticos armados de las dos naciones, por haberse contaminado del narcotráfico, alejaba mas a quienes pudieron, en un momento, simpatizar con la causa pero jamás con el delito.

Sin embargo, Ecuador ha sido solidario con los dos pueblos afectados por la violencia, en especial con el colombiano. Sin intervenir en sus asuntos, ha abogado desde siempre porque sus líderes dialoguen para buscar soluciones, ha recibido a sus refugiados y desplazados, ha permitido que lleguen hasta nuestro país para trabajar, incluso en medio de nuestras pobrezas.

Ha sido nuestra paz la que ha motivado a los capitalistas colombianos a invertir en el Ecuador. Hemos abierto las puertas a la honradez colombiana cuando en otros países todo intento de poner capital o negocio provenientes de esa nación es motivo de sospecha. El narcotráfico ha estigmatizado demasiado a Colombia.

El Ecuador, que vive una historia política agitada y muy difícil en su interior, ha sido capaz de crecer en medio de una cultura de paz, y ha demostrado al mundo que puede superar sus diferencias políticas sin contar muertos, asimilando un proceso de diálogo y dirimencia óptimos, dejando una seria lección a Colombia y Perú, que han tenido y tienen que contar por centenares los cadáveres que dejan el saldo de la irracional violencia en la que están o estuvieron envueltos.

El impacto duro y difícil de ver tal matanza interna en el caso colombiano, ha movido -en más de una ocasión- a que un presidente de Ecuador se ofrezca como voluntario y hasta anuncie la posibilidad de que nuestro territorio sea el escenario neutral para mediar. Para que los guerrilleros y el gobierno de Colombia discutan una opción de paz. Tanto Fabián Alarcón en 1997, como Lucio Gutiérrez, se manifestaron abiertos a tales propósitos.

Ecuador ha hecho grandes esfuerzos por aplicar una política de buena vecindad: La diplomacia; los buenos oficios; el respeto a los principios de no intervención en los asuntos internos de otro estado; de arreglo de los diferendos de manera pacífica; la concesión de asilos temporales no solicitados; la permisividad laboral; la accesibilidad a la documentación; el libre tránsito en sus vías; el flujo masivo de turismo; el intercambio de información policial y militar adecuados; etc. Ecuador ha sido el principal receptor de refugiados y desplazados de la violencia colombiana, absorbiendo dichos procesos en forma silenciosa, aún con sacrificio de sus propias arcas fiscales. Un buen vecino a fin de cuentas.

Concomitantemente, Ecuador ha tenido que absorber los problemas que se desprenden de la crisis colombiana. La presencia de un alto volumen de traficantes de drogas, la mala utilización de sus vías, puertos, aeropuertos, ríos, ciudades y campos, para que sean convertidos en el instrumento del tránsito de la droga hacia otros países.

Afectado por el ingreso de gente con graves antecedentes criminales, el lavado del dinero, la distorsión de la economía por la presencia de dinero falsificado que entra en cantidades apreciables al país, el gran número de refugiados y desplazados que se han ido incrementando en proporción geométrica en los últimos meses, la utilización de métodos extorsivos de narcotraficantes y guerrilleros contra los pueblos de frontera, son solo partes de un rompecabezas siniestro que ha ido creciendo a diario en una especie de espiral sin fin.

Este conflicto ha generado también un ingente desgaste de recursos y valores propios, por la corrupción generada. Algunas de nuestras gentes han entrado una repulsiva cadena de corruptelas, que se han ido fomentando como actitud desde los sectores violentos del norte. La venta de gasolinas y precursores, el escape del gas de uso doméstico, la venta de armas y pertrechos robados al propio ejército, en algunos casos por los propios uniformados, la fabricación de uniformes para usos ilegales, la falsificación de documentos e identidades, el alojamiento y hasta la negociación de sitios clandestinos de recuperación de la salud son parte de esa muestra de apremiante corrupción en la que por el dinero han ingresado ecuatorianos a ser parte del conflicto con Colombia.

Ecuador ha tenido que confrontar de su propio bolsillo varias de las consecuencias de este conflicto, de entre ellas la movilización de tropas en alto número para tratar de controlar una frontera problemática, el mantenimiento de fuerzas regulares es elevado, la seguridad es costosa, y el sostenimiento de un ejército siempre lo tiene que pagar una nación y sus impuestos.

Para nuestro País ha significado un desgaste continuo el tener que soportar la presencia de elementos críticos por su sola presencia en si, sean estos irregulares guerrilleros, que usen el territorio como zona de aprovisionamiento, de descanso o para curar sus heridas con el debate político interno de cuidado y respeto por los derechos humanos; el de narcotraficantes que usan la zona para sus fines ilegales tratando de sacar partido de todas las ventajas posibles del descontrol y la prudente actitud de una nación que sin tener un problema con ellos, lo tiene con el solo paso dado por el vil negocio que los mantiene atravesando nuestra zona, el de los paramilitares que arriban a Ecuador a “invertir” sus viles dineros, a sus sucias actividades y a desplegar su acción política, trasladándonos una guerra que le pone al Ecuador en la condición de ser afectado si los reprime o de ser atacado si no lo hace.

Ecuador ha sido un buen vecino, y ha sido el principal apoyo en la lucha contra el narcotráfico a favor de Colombia, al punto de prestar su soberanía y facilitar desde 1999 la Base de Manta para uso de los militares norteamericanos, sin costo, sin pago de contraparte y con la constante presión que significa su sola presencia en cualquier parte del mundo, donde es bien sabido que cualquier militar estadounidense no es bien visto y siempre tiene el halo de conflicto al su alrededor.

Colombia ha sido incapaz de solucionar sus problemas internos desde hace cincuenta años o mas. La violencia de esa nación es una de las más altas del mundo, la única del continente y el más grave problema de la región. Guerrilla, más narcotráfico, más pobreza, más conflicto político institucional, más delincuencia y corrupción, son una sumatoria crítica que lleva a la caotización en cualquier nación, y hacia allá va este país, que ha gastado ingentes recursos económicos, humanos y sociales, sin lograr un punto final de acuerdo para convivir en paz. La historia es larga y acusatoria para los mismos colombianos.

Pero el punto crítico del tema llega a un extremo al dar todas las muestras de que se está desbordando el control de esta crisis para Colombia, y que Estados Unidos interviene directamente para tratar de arreglar las cosas a su manera.

Desde los días de Julio de 2002, fecha en la que los guerrilleros
“recibieron y posesionaron” al nuevo presidente Uribe a balazos en pleno Palacio de San Carlos, en Bogotá, la relación con el Ecuador se volvió tensa por el espíritu guerrerista del mencionado mandatario que quería a todas luces imponer una solución, igual a balazos, pero a costa de sus vecinos.

El trato de Colombia en su relación con Ecuador ha sido confuso, incierto y poco sutil en lo diplomático durante el período del señor Álvaro Uribe, por lo que no debería sorprender a su nación, como a él mismo, que la situación haya cambiado hasta llegar al extremo grado de tensión, tal como le está ocurriendo con sus vecinos, sean estos Brasil, Venezuela, el propio Perú y ahora el Ecuador.

Fueron varios lo episodios los que adornaron una ingrata forma de trato desde Colombia a nuestro país, de entre ellos el tema del “cohete ecuatoriano” que terminó en una confusa explicación del gobierno del norte, tras haber inculpado a nuestras fuerzas armadas de facilitar el ataque a los guerrilleros; el ingreso sin autorización de fuerzas policiales y militares colombianas para la captura de Simón Trinidad, el despectivo trato dado al ex embajador de Ecuador en Colombia, Wilson Torres, de quien se comenta ni se le recibía en la cancillería colombiana, y por ello tuvo que viajar el propio ex canciller Zuquilanda a explicar el incidente, sumado a la presencia de una embajadora como Paulina Espinosa, que terminó sancionada por su propio Congreso por su comportamiento irregular, mientras acá daba declaraciones en evidente irrespeto con el País en donde estaba representando, en constante pelea con los periodistas de Ecuador.

El haberse “acostumbrado” de Uribe a que Ecuador, en los tristes días de servilismo del ex - canciller Zuquilanda, a que nuestra nación siga la “agenda colombiana” no implica que esto tenga que continuar. De hecho, el presidente Uribe lo sabe, ya que ese tiempo en que se le facilitaron las acciones de “su” estrategia, ahora se ven enfrentados a un gobierno, que más que por posición propia tiene que responder a la posición de la sociedad ecuatoriana, que exige y clama no intervenir en el conflicto.

Y ¿Cuál es esa estrategia?, pues una y muy grave para el Ecuador. Poner a nuestra nación de yunque, para soporte todo el peso de la arremetida militar que aplica Estados Unidos, a través del presidente Uribe, para enfrentar el tema de guerrilla y el narcotráfico, a mas de la violencia paramilitar colombianos.

De hecho, en buena medida el presidente Uribe en una práctica de “mal vecino” al aplicar “su” esta estrategia de dejar que Ecuador se “le ocupe de sus problemas en la frontera sur” le dio resultado al imponer su agenda a nuestra nación.

El haber movilizado a la frontera mas de 14 mil elementos militares y policiales, todos armados y equipados, con todos los pertrechos de guerra, instalaciones y recursos nos está costando un gasto muy alto, que sale de las arcas fiscales del país, y que no ha sido revelado precisamente por ser un carácter secreto grave, y que las fuerzas armadas lo saben. Es decir, Uribe consiguió que le demos controlando al frente sur de las FARC, a los que les está desplazando hasta nuestro propio borde en la incontrolable frontera.

Por eso la relación, al cambiar de rumbo desde Ecuador, entra en una fase muy peligrosa, en la que es muy fácil caer en la trampa de las palabras, de los hechos inventados o de la “diplomacia de guerra” que nos podía arrastrar a Ecuador a involucrarnos en el conflicto colombiano.

Para la sociedad entera del Ecuador está muy bien visto que su Gobierno, en uso de su legítimo derecho proceda a reclamar acciones que muevan a Colombia a revisar su agenda con relación a nuestro país. Reclamar un proceso de control de ingresos y legalización de mas de 700 mil colombianos ilegales es un acto de racionalidad en cualquier tipo de vecindad de naciones; exigir que se suspendan las fumigaciones de frontera porque afectan a nuestros pobladores hasta enfermar o matar; exigir que Colombia se preocupe de los desplazados y refugiados connacionales suyos; reclamar indemnizaciones por los efectos causados en la guerra colombiana, esos entre otros son los puntos de una nueva agenda que el país nuestro está en plena condición de proponer a nuestro vecino, por los conflictos que se nos está causando.

Por supuesto que con ello no contaba el presidente Uribe, como tampoco los mandos militares colombianos, y tras comprobar que la nación ecuatoriana no está en el plano de aceptar el “desborde” y la regionalización del conflicto” que es netamente colombiano, así como tampoco Ecuador quiere seguir siendo impuesto condiciones de una política exterior inapropiada o sometida, entonces deben ubicarse en un escenario nuevo, que ahora les confronta.

De los hechos han comenzado a desbordase a las palabras y ahí justamente es donde podemos caer una trampa que complique las cosas a un extremo injusto e innecesario.

No es válida la utilización de los términos como “neutralidad” o el uso de los términos calificativos de “delincuentes” a un grupo que está en guerra civil interna dentro de Colombia Aquello mal utilizado por el Canciller Parra Gil demuestra de su parte el desconocimiento de la posición histórica del Ecuador, que no tiene porque asumir neutralidad en ningún conflicto interno, cuando lo de siempre lo nuestro ha sido la “no intervención”; parece que habrá que controlar el vocabulario y los conceptos del expresivo canciller ecuatoriano, cuyas equivocaciones no son compartidas por la nación.

Es sabido que las frases del funcionario ecuatoriano están siendo utilizadas para cualquier cosa en los medios políticos y de comunicación, aprovechando para incentivar un clima “anti-ecuatoriano” injusto. Los reflejos de la prensa colombiana este fin de semana, a partir del comunicado de su chancillería muestran un incremento de tensiones donde al parecer antes no había. Habrá que dejar en claro que los excesos verbales de Parra Gil en ningún momento desmerecen la posición ecuatoriana.

Una trampa es fácil de poner en este momento entre nuestras naciones: un conflicto inventado; una “infiltración” de tropas irregulares de cualquiera de nuestros territorios; el aparecimiento conflictos delincuenciales que pueden ser agrandados no es difícil que complique el panorama para darnos a entender que el Ecuador “tiene que involucrarse en una guerra que le compete a la región” como han tratado de decirlo una y otra vez varias voces desde Colombia.

Para la sociedad ecuatoriana la posición válida asumida por el Presidente Palacio, y con la que si se alinea el Ecuador, es compartida por una amplia mayoría de la opinión pública nacional: NO tenemos porque intervenir en el conflicto colombiano, de ninguna forma, y debe Colombia hacerse cargo en forma responsable de los efectos que está generando su guerra interna en las naciones vecinas, siendo el más perjudicado el país que mas ha ayudado a Colombia por largos años, por lo que no podemos caer en una trampa, estamos a un triz de ello, y ahí justamente es cuando valen los antecedentes, la historia y el cuidado de las palabras, porque de esa forma lograremos enfrentar un espinoso tema que hoy puede destruir lo que el Ecuador ha cultivado con tanto esmero. El ser una nación con una cultura de paz.


FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, director del periódico Ecuadorinmediato.com, y la Agencia de Noticias Ecuamex.
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