Donaciones
EL PERIÓDICO INSTANTÁNEO DEL ECUADOR
Donar
Conozca más
Edición #4501 |  Ecuador, lunes, 23 de octubre de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores

ECUADOR: “A comerse lo vomitado”

2005-05-01 08:09:52
Análisis
2626

Ecuamex / fha

La frase causa repugnancia, pero la comparación es exacta. Así, más o menos le está haciendo la censurada clase política a la ciudadanía ecuatoriana, protagonista de "la revuelta de los forajidos", al contestar a la crisis que vive la nación. Si, es una especie de respuesta audaz, una actitud engañosa, una solución de tramposos aprovechados, que en minutos ante al caos, han salido al frente para una sola cosa: "cambiar todo, para que no cambie nada", encabezar la "repartija" y de esa manera vengarse de todos los que les han cuestionado.
Ni bien le pasó el susto al presidente Palacio, el pasado 20 de abril 2005, desde las terrazas de Ciespal, cuando ya saltaron las primeras muestras de que no había ninguna intención de cambiar por parte de la clase dirigente ecuatoriana. A fin de cuentas, había todo un aparato del estado para repartir, y tenían que darle paso a las ambiciones como a los apetitos.

No se trata de cuestionar los nombramientos de los nuevos funcionarios, sino la actitud asumida por los nuevos dirigentes del estado nacional, no son los nombres sino el origen de los mismos. No, no es contra la política sino contra los políticos la sensación de frustración que embarga en estos momentos a los “forajidos” que ven con una mirada mezclada entre lo increíble y lo inaudito, como le roban en su cara lo que supuestamente habían alcanzado.

Así, ni bien dio sus primeras declaraciones el presidente Palacio, y ya estaba el ministro de gobierno, Mauricio Gándara, apurándole para “ir a buscar a Solón” eran las 16h00 y esa fue la señal de partida para correr a entregar lo alcanzado a las conocidas figuras de la clase política, que habían sido “ex todo” en su pasado, de lo que ninguno se salva.

No pasaron horas para ver desfilar en el salón amarillo frente a Palacio a sus nuevos colaboradores, todos ellos figuras “conocidísimas” de los anteriores gobiernos; todos ellos parte de los equipos de gobierno de los 25 años de democracia, que se los puede acusar de buena parte de culpa del estado deplorable del Ecuador. Todos, todos sin excepción.

Y fue inaudito que se escuchen voces con tono siniestro, y con declaraciones sabidas a cinismo; el ministro Gándara Gallegos lo dice claramente: “No vamos a adelantar las elecciones, nos quedaremos hasta el 2007”. Horas después el propio presidente Palacio lo ratifica: “No convocaré a nuevas elecciones, yo completaré el período para el que fui electo, es decir al 2007”. Si, no lo crea, no leyó mal, fue con esas palabras, dichas además en tono lo suficientemente enérgico para que todos entiendan que han llegado al gobierno para quedarse. El mandatario ecuatoriano da la impresión de creer que “Quito le tumbó a Gutiérrez para apoyarle a él”, y que “Los forajidos le querían a Alfredo en Palacio” inaudito ¿verdad?

El reclamo fue de rechazo a la clase política ecuatoriana, y se dijo muy claramente que no se quería a los militantes de los partidos tradicionales, que habían llevado a este estado de crisis nacional con sus “negociaciones”. El grito de “Todos Fuera” fue una muestra de esa repulsa. Por eso, duele ver a un hombre respetable mentir, y ese es el caso del nuevo Secretario de la Administración, Luis Herrería Bonet, el vocero del nuevo régimen que sin ambages le dijo a la prensa, a pocos momentos del 21 de abril, que “ninguno de los ministros es miembro de partido político alguno” y lo decía junto al Vicepresidente Nacional de la Izquierda Democrática, Oswaldo Molestina Zabala, ministro de Comercio Exterior, partido que ha sido parte de la culpa nacional. ¿En que quedamos?, pues en que esa era una de las “verdades” de la política ecuatoriana, que no se justifica nunca.

No pasan minutos de ubicado el gobierno, y lo que sigue del libreto es desconocer las razones que movieron a la gente – que no fue poca- a reclamar la salida del coronel Gutiérrez. Apresurado el nuevo canciller Antonio Parra Gil dice muy severo que el nuevo gobierno “garantiza los acuerdos internacionales, y en especial el de la Base de Manta”. Queda entonces en estricto derecho de inventario que todo lo que se gritaba en Quito, en las marchas de los “forajidos” era cerrado a cualquier tipo de reclamo, no había nada que hacer ni nada que aceptar, el nuevo canciller seguía el ritmo de una política exterior sometida, tan rechazada por ser la de de su antecesor Zuquilanda.

La toma del poder de los nuevos sectores que se ubicaban en Palacio con el presidente Palacio, da sus siguientes pautas, y en forma precisa el nuevo encargado de comercio exterior lo dice. “Vamos a seguir con el TLC, se buscará reformar algo, pero vamos a seguir con este tratado, porque es muy importante para el Ecuador”. Lo dicho por el señor ministro Molestina Zabala no es ni apresurado ni por desconocimiento: es exacto, puntual, se va a seguir con la línea y que los muchachos dejen de molestar, total son más importantes los negocios que los gritos.

Los tres momentos descritos nos demuestran claramente que sigue imperando la política del cinismo en el personaje público, que desoye lo que la ciudadanía quiere. Le impone sus decisiones sin consideración alguna y se ratifica con dureza en lo dicho. Frente a estas expresiones de Palacio, Gándara, Parra Gil y Molestina lo que generan en la masa popular es un interrogante: ¿O nos quedamos mudos o ellos son sordos?

El mensaje es evidente: Señor presidente, señores ministros de estado, la ciudadanía no quiere eso, no quiso eso, nunca lo acepto y en buena medida por eso salió a las calles de Quito, a exigir entre otras cosas: No al TLC. No a la Base de Manta. No a la politiquería de los partidos. No, No, y No... Pero no se hace caso y se actúa sin querer oír ni aceptar nada, para quedarse hasta el 2007. Insistimos en que esa actitud hace sentir que el Presidente Palacio se siente en el poder, no como interino sino como propietario.

Cuando salió a las calles de Quito la tan loada “revuelta de los forajidos”, los dos gritos mas sonados fueron: “Lucio Fuera” y “Fuera todos”. La clase política solo escuchó la mitad, se aupó en el movimiento para sacar al coronel Gutiérrez, pero se ha quedado bien tranquila, y ahora con su presencia está obligando a que la ciudadanía les acepte y se guarde su segunda parte, para seguir campantes.

La integración del gabinete presidencial dice mucho de ese comportamiento que desprecia lo actuado por la “marcha forajida”. Volvieron a aparecer las viejas figuras de la política, con pasados expresivos como los “ex todo”. Así, son: ex velasquista, ex socialcristiano, ex sixtista; ex contralor de la dictadura, actual de Izquierda Democrática; ex subsecretario de Obras Públicas, ex del equipo de Dahik, ex funcionaria de educación. Y cabe la pregunta: ¿No quedamos en que en este cambio de nación, en la “refundación de la República, no entraba la viejísima clase política?.

Y en este punto vale la pena aclarar algo: el que se vea a los funcionarios, convertidos en malos y negativos es por culpa de ellos mismos. En su lenguaje común, en todos los medios, se los ha visto desde hace años, a varios de los actuales ministros y funcionarios de la administración del presidente Palacio -Mauricio Gándara entre los mas notorios- que en ocasiones anteriores, pasaban en forma lenguaraz descalificando a sus rivales políticos porque “fueron ex algo o están con el gobierno”, sin contemplar que sembraban odios gratuitos para cosechar vergüenzas propias, y de eso también los ciudadanos se cansaron, de ver como los que insultan y ofenden, ahora “se vuelven buenos” porque están en el cargo. Ellos mismos han descalificado a quien se atreve a colaborar con el estado nacional, y ahora se les echa en culpa sus propias falacias. Por eso es que quiere “que se vayan todos”.

No hay respuesta al cuestionante que se hacen ya muchos de los verdaderos respetables de las movilizaciones, que tragaron gas sin miedo, que les corrieron de sus calles de su ciudad, disparándoles al cuerpo, como tampoco se atina a contestar a la reacción casi lógica del “forajido ciudadano” que llama a Radio La Luna y grita en la cara: “Quito puso los muertos Guayaquil pone los ministros”, y lo dicen muy en claro, como lo puso ecuadorinmediato.com, que no se aluda a regionalismo, desunión o cosa parecida. Esta frase duele porque en el sentimiento de rabia contenida que esta saltando dentro de cada uno de los que estuvieron en las calles quiteñas, que grita muy de adentro: “el respeto se gana, no se posesiona con nombramientos”.

Una vez que la clase política vio que se calmaban por un instante los “forajidos quiteños”, entonces decidió salir con loas a alabarlos, pero al mismo tiempo a aprovecharse de las circunstancias, y como era un movimiento espontáneo, que no tenía liderazgos ni “patroncitos”, entonces abusaron de la coincidencia para “arreglar las cosas” y como no podía ser de otra forma, regresaron al Congreso de Ecuador.

El Parlamento es un reflejo de la nación, y Ecuador está en crisis, por ende su Congreso es la parte mas visible de esa crisis, lo lamentable es que desde ahí han salido las acciones que obligan a pensar al ciudadano que “aquí no ha pasado nada”.

Así: tras soportar una paliza verbal y física, entre los micrófonos, gritos, y verdaderas agresiones de salvajes, los legisladores ecuatorianos concurrieron forzados, temerosos y sensibilizados de que son indeseables para el país a una reunión este pasado 26 de abril. Lo menos que se vio fue una especie de catarsis entre “renuncias”, “desprendimientos”, “salidas en pro de la patria” y “si me voy que nos vayamos todos”.

Tan torpe es la interpretación para la clase política ecuatoriana de lo que está pasando, que se limitaron a creer que el “cambio del tipo” era la alternativa.

En medio de un espectáculo bochornoso dado por la Izquierda Democrática, con una disputa a dentellada limpia en su interior, se eligió como presidente a otro más de la política nacional, representante clásico del acuerdo y el arreglo, el diputado Wilfrido Lucero, hombre respetable sin duda, que ha tenido la enorme capacidad de permanecer estos 25 años en el parlamento, ha sido tres veces presidente de la legislatura, valioso sin duda, pero está en el grupo de los mismos, de los que la gente ha visto desfilar por sus ojos con el sentimiento de frustración nacional, y para colmo llega nuevamente al solio presidencial del Congreso arrebatándole el espacio a un joven como Andrés Páez, cara nueva reclamada por algunos sectores dentro del atrofiado espacio de la socialdemocracia ecuatoriana. Se insiste en la imagen: “cambiemos todo, para que no cambie nada”.

Lucero por Quintana, eso no sirve, así de simple. No sirve para nada, ni para curar heridas, ni rencillas ni refundaciones, el Congreso sigue en lo mismo, se bajará el tono, se respetará el reglamento, pero el parlamento seguirá siendo el mejor reflejo de la crisis ecuatoriana.

Con el afán de satisfacer la sensación de rechazo, que les embarga a todos, entonces ofrecen once cabezas de diputados sacrificados, para que el público no censure, para que se calmen, pero esa es otra señal de que la clase política no entiende lo que está pasando. No se quiere aceptar que por “sus” once parlamentarios, que deben ser censurados por las razones que sean, no se hizo toda una revuelta, se quiere la salida de todos los legisladores del Congreso de Ecuador, todos y en forma ordenada, sin atropellarse, pero todos deben irse.

¿Y porqué?, dice más de uno. La respuesta es: Porque entre todos hicieron la vida imposible al Ecuador desde el Congreso, y en especial desde el 2003. Tanto por lo que hicieron, que fue poco, con una conducción mediocre y cómplice en el primer período, tanto porque fueron incapaces de hallar una respuesta a la crisis que fue creada en su seno. Culpa también tiene por no haber tramitado leyes importantes, como por haberse excedido en sus atribuciones, desmereciéndose entre minorías y mayorías políticas, violentando las leyes en forma siniestra. En eso se vieron envueltos todos, en mayor o en menor grado, no creo que haya uno solo que se salve, y si salta alguna excepción, pues esa confirmaría la regla.

Si se mira lo que ha dado el Congreso en esta semana, frente al requerimiento ciudadano de solución al grave conflicto político, de legalidad e inestabilidad democrática, es algo como esto: destituciones de diputados, cancelación de vocales de tribunales, salidas de miembros de directorio del banco, análisis del linchamiento en Ciespal y reforma a ley de la función judicial, que permitirá elegir una nueva corte.

¿Qué efecto han generado dichas decisiones?, pues: un debate estéril, voces inflamadas de “forajidad quiteñidad” que saben a falso, y que se aseguren el proceso de “repartija” , dándonos una corte temporal de los más antiguos magistrados de las cortes superiores que se hagan cargo de la administración de la Corte Suprema, hasta que se elija una nueva. Igual, solo es tiempo de reparto y más reparto, y ya fijan las reglas. También se aseguran que los “suyos” vayan al TSE, y pelean a cucharada limpia el artículo constitucional con el fin de poner a los “7 más votados”, disponiendo como dueños de la presa que jamás soltarán, aunque les cueste la vergüenza y la honra.

En todo esto se desoye a la ciudadanía, que por ejemplo exige: Que se dé una consulta popular, Que insurja una Asamblea Constituyente representativa, Que el Tribunal Supremo Electoral no sea integrado por los miembros de los partidos políticos, sino por miembros de mérito, que sean capaces de garantizar un proceso electoral sin mañosos procedimientos, ni entregas de cuotas. Que el Tribunal Constitucional no sea fruto de las mayorías políticas, y que no lo elija el Congreso, porque todo lo que topa daña, descompone o corrompe. No se toma en cuenta la posición que llama a que se quite definitivamente el fondo de reposición de los partidos políticos, que solo sirve para corromper mas el sistema electoral, cuya acción nefasta la vemos en el anterior presidente del TSE que ellos mismos eligieron y que dictó sentencias eliminando millones de multa al candidato multimillonario. No. De eso nada.

Tampoco se ha dado el debido juzgamiento, y para eso si tienen atribuciones los legisladores, para llamar con urgencia a averiguar que papel jugó la Policía Nacional en el cobarde acto de represión masiva, de la cual el actual comandante de policía tiene que hablar. Ni una sola acción para enjuiciar a las autoridades que permitieron el paso de los agresores a Quito, de las bandas armadas de matones, y en eso la culpa política si la tienen la policía y las fuerzas armadas. Ni una palabra de enjuiciar políticamente a quienes perdonaron la multa de Alvaro Noboa, ni una sola. Nada, ni una propuesta, menos una reforma, absolutamente nada para remozar la participación juvenil en el proceso de decisiones políticas, de eso ni hablar porque prefieren elegir un hombre de “amplia experiencia”, que es muy cómodo para ellos, y no algún joven que les revuelva los papeles.

Por demás está decir que no alteraron los legisladores ni una sola norma de comportamiento, igual trabajaron de martes a jueves, con intervalos por falta de quórum y bomba incluida, mientras que los demás ecuatorianos observan con rabia e indignación que tienen que trabajar 8 ocho horas diarias y de lunes a viernes. Mientras quienes “les representan” hacen lo imposible por trabajar cada vez menos.

Y como en la “revuelta forajida quiteña” no hay líderes visibles con quien pactar, entonces argumentan que “no saben a quien dirigirse”. Y cuando los periodistas les insisten en que deben irse, entonces salen con verdaderas ofensas como aquella de un diputado socialcristiano, que dice “yo no fui elegido por esos forajidos quiteños” y por lo tanto se quedan. O del otro, que se lanza a insultar a los líderes de la revuelta, a calumniar en una radio emisora, con la complacencia de todos los demás, que no serán capaces de censurarlo, porque para eso está la “impunidad” parlamentaria que les ha permitido quitar la honra de las gentes abusando de su condición de legisladores. Ya ven, por eso la gran mayoría de la ciudadanía quiere ¡Que se vayan todos!

Esta semana de transición lo único que ha hecho la clase política ecuatoriana es asegurarse la “nueva repartija”, desperdiciando la oportunidad de mostrar un verdadero cambio, y por ello, le han sancionado a la “revuelta Quiteña” con un procedimiento de reparto de cargos y no de cambios, generando la triste y repulsiva figura de: “tener que comerse lo vomitado”. Es una actitud arrogante que sabe a duelo personal: “Nos repudiaron, nos rechazaron, nos vomitaron, ahora tienen que aceptarnos, que tragarse lo que han despreciado”

Vale la pena advertirlo. Hay silencio peligroso, hay rabia acumulada, hay puños contenidos, hay reclamos entre mascullar de dientes. La clase política ecuatoriana no entiende, y no cambia, en Ecuador no lo ha hecho esta semana, y cree que puede seguir así por un buen tiempo más, con la seguridad en su interior de que “la revolución de las emociones ha terminado con el primer aplauso”.

¿Les dejarán los forajidos?


FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, Abogado, director del periódico Ecuadorinmediato.com, y la Agencia de Noticias Ecuamex.

@ecuamex 2004. Se autoriza su reproducción citando textualmente su fuente y el link correspondiente:


http://www.ecuadorinmediato.com/espanol/mostrarnoticia.php?id=42¬iciaid=13197

Comentarios

Liberación de responsabilidad y términos de uso:

El espacio de comentarios ofrecidos por EcuadorInmediato, tiene como objetivo compartir y conocer sus opiniones, por favor considere que:

  • El contenido de cada comentario es responsabilidad de su autor, no representa ninguna relación con EcuadorInmediato.
  • Usamos la plataforma Disqus para identificar los autores de cada comentario, de tal forma que podamos crear una comunidad.
  • Todo comentario que atente contra la moral, buenas costumbres, insulte o difame será eliminado sin previo aviso.

Este espacio es suyo por favor utilícelo de la mejor manera.