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Edición #4501 |  Ecuador, lunes, 23 de octubre de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
urgente

“Ejemplo académico”: Una lección de cómo humillar al País.

2005-03-27 08:38:26
Análisis
5027

Ecuamex

Cuando saltó un nuevo escándalo por los dichos del Canciller Zuquilanda, que ponía a la explotación laboral, la discriminación, la burla de las leyes internacionales ejecutadas por su propia madre en la condición de "ejemplo académico", lo que quedó en claro no fue la ligereza de palabras del individuo, sino la pobre condición en la preparación de algunos de que se presume son "diplomáticos de carrera" , porque mas allá de que sea o no el ministro el que lo diga, esta el hecho de que Zuquilanda es un producto de la Cancillería de Ecuador, de cuyas filas salió para exponer esta y otras lecciones de cómo humillar a la nación.
Ingrato es para el Ecuador el tipo de “ejemplo académico” que impone el canciller Zuquilanda con sus expresiones.

No es comprensible como se puede ejemplificar varios actos ilegales, de boca propia del canciller ecuatoriano como: Violación a la Ley de Extranjería; Violación de los acuerdos internacionales de Trabajo firmado con la OIT, Violación del Código del Trabajo de Ecuador; Violación del derecho a la dignidad en el trato a las personas, firmado por el Ecuador aceptando la Declaración universal de los Derechos Humanos; Violación del derecho constitucional que otorga a los trabajadores, ecuatorianos o extranjeros, un salario digno y justo; Violación a los acuerdos de trato migratorio; Violación a los acuerdos de atención a los refugiados.

Tampoco es aceptable que un funcionario público se acostumbre a levantar versiones que son consideradas falsas, porque todos los actos de un empleado del estado se presumen de buena fe. Menos aun bordear los delitos de perjurio, calumnia e injuria a los periodistas y medios de comunicación al afirmar que “fue la prensa la que le sacó de contexto sus palabras” cuando los audios de la grabación demuestran la exactitud de sus palabras.

Y es que al parecer el canciller Zuquilanda está acostumbrado a decir cualquier cosa, emitir versiones antojadizas, afectar a las personas con sus dichos o, si es posible, levantar falsos. Pero en esta ocasión llegó al colmo de interponer en ese tipo de actitud negativa a su propia madre, dejando en claro que de su palabra no solo hay que dudar sino despreciar, porque ese no es el comportamiento de alguien que se respeta a si mismo como a sus congéneres.

Cuando uno oye el término “ejemplo académico” de inmediato lo asocia con enseñanza, formación y aprendizaje. Lo asocia como un proceso mental excelso de un centro de educación, de una academia en el cual se han generado reflexiones y relaciones para poder comparar y esquematizar con racionalidad.

Por esa razón, no dudamos ni un segundo en entender que el Canciller Zuquilanda es resultado de la formación que recibió de la academia diplomática. Y debe haber crecido con este tipo de “ejemplos” en sus lecciones diarias, como para que se atreva en un foro internacional a plantear y proponer semejantes ideas.

Claro está que el embajador Zuquilanda, de lo que aprendió, no supo valorar las principales capacidades de un diplomático: el sentido de ubicación del escenario en que se desenvuelve, el actuar con equilibrio, valorar la realidad de lo que uno es y representa, así como la discreción en la palabra. Para representar a una nación debe darse como prioritario un sentido común de respetabilidad propia, para poder exigir respeto ante los demás.

No es de asombrarse que los excesos del Canciller Zuquilanda se hayan ido más allá de sus cabales, hasta llegar al triste espectáculo de poner de “ejemplo” a su propia madre, como tampoco el que haya mentido con exageración al contar sobre la “hacienda” de su propiedad, para luego admitir con vergüenza que solo es un terreno de cinco mil metros. Es decir, entre el irrespeto y la mentira solo hay un discurso que sirve para dictar clases de cómo se humilla a la nación, desde cualquiera de los ámbitos, sean de la casa o del despacho de los asuntos exteriores.

Nuestra alarma crece cuando asociamos al incidente, como resultado de una persona a la cual se le da la definición de su cargo: un “embajador de carrera”. Y nos preguntamos con asombro: ¿Esto formó la cancillería?; ¿Es ese el resultado de una carrera diplomática, que le indigna a la tierra de donde dice representar? Por supuesto que no vamos a caer en la generalización, acusando a todos el servicio exterior de ser similares o iguales al canciller Zuquilanda y sus excesos verbales; pero tampoco podemos dejar pasar los niveles de responsabilidad de quienes auparon su “carrera diplomática”.

Es decir: somos claros al exigir respuestas de quienes estuvieron como sus tutores o jefes inmediatos, ¿Qué le enseñaron a Zuquilanda? ¿Quién le permitió subir hasta el más alto escalafón de la carrera diplomática, el rango de embajador, formándole estos conceptos, que los repite a manera de “ejemplos académicos?. Respondan a eso por favor, y no lo hagan con las contestaciones esquivas, sino asumiendo sus culpas: ya que el Ministro de Relaciones Exteriores es resultado de su formación en las filas de la diplomacia ecuatoriana.

Empeoran los conceptos sobre este ingrato momento para la diplomacia ecuatoriana, el que se busquen aupar a las palabras del máximo representante de la cancillería nacional, como que: “así mismo es”; “el habla por hablar” o: “no hagan problema, solo él es así” como se han escuchado en los pasillos del ministerio, de quienes buscan una disculpa a manera de defensa. Debe preocupar a la nación entera el nivel de valores que se maneja en nuestras representaciones, porque si tienen esos “ejemplos académicos” y el propio ministro lo dice: ¿Qué dirán los demás?.

¿No será acaso que el pobre espectáculo de antropofagia de cargos, rangos, grados y puestos, que se maneja en esta dependencia pública, les ha convertido a los compañeros de carrera de Zuquilanda, en un ente de seres insensibles, que viven en una especie de “burbuja” a los que no les llega sino una imagen de la baja auto estima nacional, que se vuelca en palabras crueles cuando les toca hacer referencia a la nación que dicen representar?, porque es claro que como se juzgan entre ellos, juzgan a los demás , incluidas la nación y la patria; por eso es alarmante lo sucedido.

Uno es lo que se forma o se deforma. Uno expone sus vicios y virtudes y la magia o la perversidad de las palabras están en reflejar exactamente lo que uno es, justamente en el momento en que dice y se contradice.

Dejemos en claro, enfrentarnos a estos hechos nos cuestiona como nación una sola cosa: ¿Cuánto hemos permitido para la impunidad de los diplomáticos ecuatorianos, y su formación de carrera, como para llegar a estos extremos?, el canciller Zuquilanda es el “ejemplo académico”.

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