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2008-07-26
08:53:30

Asamblea Constituyente

Fernando Cordero entregó proyecto de nueva Constitución a Presidente de TSE

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El Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, Fernando Cordero, en la parte final de su intervención, en la clausura de la Asamblea Nacional, entregó al Presidente del Tribunal Supremo Electoral, la Constitución elaborada en ese período. Un emotivo discurso fue pronunciado por Cordero.
A continuación reproducimos dicha intervención:

"Permítanme, al final de este corto e intenso período en que me ha correspondido presidir esta Asamblea Constituyente, utilizar el lenguaje de la Arquitectura, de la construcción, para dirigirme a ustedes.

Pregunto ¿Cómo se construye una casa? ¿Con qué elementos tangibles y con qué recursos intangibles?

Una casa se construye, primero que nada, con los sueños, los proyectos y las expectativas de la gente. Es, primero que nada, un espacio imaginario. Siempre ideal, un conjunto de aspiraciones. Es el escenario soñado en el que espera cada uno desarrollar su vida cotidiana. Cómodo, bello, amigable, armónico, cálido… digno.

Se construye con conocimiento y además con el esfuerzo de diversas manos, y bajo la amorosa vigilancia de los ojos de quienes la sienten suya.

Se construye con los elementos que hacen nuestro entorno y sustentan nuestra vida: la tierra, el agua, el fuego, el aire.

Tierra y agua convertidas en adobe; quemado ladrillo al fuego de la madera; volumen, aire, espacio vital en el cual la vida transcurre entre esperanzas y certezas.

Así, básicamente, se eleva una casa; desde el terreno cuidadosamente seleccionado y preparado con esmero, hasta que es volumen, luz, respiro.

Como una casa para albergar la vida de más de 13´000.000 de ecuatorianas y ecuatorianos se ha diseñado aquí, en este recinto, la Constitución Ciudadana del Ecuador.

Construida con los sueños, los proyectos y las expectativas de pueblos largamente ignorados y sometidos a regímenes en los que debió conformarse con ver cómo otros tomaban las decisiones en su nombre y en su nombre destruían, saqueaban y luego abandonaban su país.

Construida con las manos, las muchas y diversas manos que en tres ocasiones sucesivas en las urnas, se levantaron para pedir la palabra, para decir que ¡ya basta!, para tomar control de su vida y recuperar su dignidad y su futuro.

Construida también bajo sus ojos vigilantes; los ojos de los miles de ciudadanos y ciudadanas que han vivido una continua vigilia de ocho meses para asegurarse de que sus mandatos son cumplidos; que sus representantes, esta vez sí, traigan a la Asamblea las consignas entregadas en las urnas.

Esta Constitución es una casa de aire, tierra, agua y fuego porque se ha edificado con la mirada en nuestra tierra, ecuatoriana y universal, cuidando el planeta y su sostenibilidad para las generaciones del presente y del futuro. Es esta, podemos decir sin temor y sin tapujos, una Constitución de la Tierra. Como lo es también del agua; aquí además de consagrar el derecho al agua como derecho humano fundamental, hemos hecho de la construcción de la Constitución, un ejercicio de transparencia.

Este recinto ha estado abierto y a la vista de cada ciudadano, de cada ciudadana que ha querido asomarse a mirar y vigilar nuestro trabajo. Trabajo que, a pesar del ritmo intenso de la tarea diaria y el calor de las emociones naturales de nuestra dinámica, ha sido refrescante, como el agua, porque sabemos que esta Constitución, será como un baño de agua nueva para todos.

Y está hecha con fuego; por supuesto. De la intensidad, la entrega, la pasión, la chispa y el compromiso profundo de asambleístas, asesores, ciudadanos, funcionarios, personal administrativo, de seguridad y del cuidado que han llenado de energía los pasillos, las mesas, las oficinas, los exteriores, en este cerro maravilloso mientras hemos construido la constitución.

Y de aire, también; aire claro de Montecristi, de Manabí; aire de la hospitalidad manabita, y sobre todo; aire de libertad y del cambio histórico que inspiró a Alfaro y que ahora se esparce vigoroso en el país.

Así está hecha esta casa común; la Constitución 2008 marca las reglas de convivencia armónica entre las personas y la naturaleza. Nos plantea libertades y obligaciones para contar de manera inclusiva y equitativa las mismas oportunidades para cada ciudadano.

Cuando uno entra en esta casa, tras la puerta queda el pasado; ese pasado en que los órganos de control eran herramientas de persecución y de chantaje para los indefensos; en que la justicia se elegía para servir a los intereses de los caudillos de la partidocracia; en que el trabajo, lejos de dignificar al ser humano lo sometía y lo explotaba. Dejamos el pasado tras la puerta, para que no vuelvan a entrar.

Pero una puerta, así como se cierra para impedir el paso, se abre para acoger, para incluir, para dar la bienvenida. A la participación de la gente en la toma de sus decisiones; al equitativo acceso a las oportunidades; al trabajo como oportunidad para contribuir con nuestro potencial y alegría al desarrollo de nuestra familia, de nuestra comunidad, de nuestro país; a todos los grupos, a todos los pueblos, a todos las propuestas.

Por sus ventanas circula el viento fresco del nuevo milenio; con reglas claras y justas para todas y todos, en que la inclusión es la tónica, la soberanía una consigna, la reforma política más que un puerto de llegada, un puerto desde donde se inicia un nuevo viaje.

Cuando abrimos las puertas de esta casa común, hallamos una nueva realidad de convivencia armónica y feliz. Las personas que habitan esta casa disfrutan del buen vivir con una alimentación saludable y suficiente, con acceso a salud y educación gratuita hasta el tercer nivel, con seguridad social, también para las amas de casa que se ocupan del cuidado de este hogar.

En esta casa se vive con libertad para la comunicación, la información, y las culturas, con expresiones diversas y en varios idiomas que nos unen. Esta casa se construye con el apoyo de una sociedad que reconoce el derecho a la vida y que nunca permitirá la pena de muerte. Una sociedad que quiere que todos y todas tengamos una vivienda digna y un ambiente sano.

Las personas son solidarias y se ayudan los unos a los otros con atención prioritaria a las personas adultas mayores; las niñas, niños y adolescentes; mujeres embarazadas; personas con discapacidad; personas privadas de libertad; personas que adolecen de enfermedades catastróficas o de alta complejidad. Los jóvenes son considerados como actores estratégicos, los migrantes y sus familias tienen oportunidades.

Quienes habitan esta casa la cuidan y aportan desde diversos espacios, por ejemplo desde lo comunitario, lo público, lo privado, desde sus iniciativas de gobiernos autónomos descentralizados en las parroquias, cantones, provincias y regiones. (Aspiro que Manabí se convierta junto con la provincia de Santa Elena en la primera región autonómica del país).

Los dueños y condueños de esta casa grande trabajan con dignidad y sin discriminación, con oportunidades para capacitarse, acceder a los recursos, impulsar la sociedad con una producción local que se intercambia con justicia a la que se accede gratuitamente y genera beneficios que se comparten solidariamente.

Los habitantes de esta casa se relacionan con los vecinos de manera soberana y fraterna.

En esta casa existe seguridad y justicia con una estructura sólida, con poderes que se equilibran, con las garantías para perdurar en el tiempo. Es una casa donde las tareas están claramente compartidas para un proyecto de vida en común.

Hoy que culminamos esta etapa del proceso de cambio, damos la calida bienvenida a cada ecuatoriana y ecuatoriano para que viva en esta casa, que más que una casa es el hogar común, porque nuestro país finalmente tiene lo que necesita: una Constitución del Siglo XXI.

Todo este arduo trabajo ha sido realizado en Montecristi, bello sitio histórico y mágico, lleno de energía positiva. En agradecimiento a la amabilidad de sus vecinos y a la importancia de sus proyectos hemos dictado el Mandato Nº

Finalmente hay un detalle muy especial que hace la diferencia en la construcción de esta casa grande y de todos y todas. Para empezar a construirla se reunió democráticamente toda nuestra gente y en un domingo histórico, el 15 de abril de 2007, decidió, por una apabullante mayoría equivalente a 82 de cada 100 ecuatorianos, que si queríamos construir esta casa pero que ponía dos condiciones, la primera que sus diseñadores sean seleccionados democráticamente entre todos los que sabían y querían hacer la nueva casa -Por obra de la democracia, en otro domingo histórico, el 30 de septiembre de 2007, se seleccionaron 130 diseñadores y diseñadoras de la nueva casa de todos. Extrañamente el pueblo con su plenos poderes incluso seleccionó a algunos que decían que no les interesaba la construcción y que no querían ninguna casa nueva- La otra condición que puso el pueblo ecuatoriano fue la de reservarse la facultad de aprobar el diseño realizado en Montecristi. Para que esa decisión sea cumplida el Tribunal Supremo Electoral debe consultarle y para ello le entrego a su presidente, en este momento, la nueva Constitución Política del Ecuador aprobada el día de ayer. Espero que en su difusión se pueda alcanzar la ambiciosa meta de lograr que en cada casa y en cada hogar al menos exista una constitución que pueda ser leída y debatida intensamente.

ANEXO DE DISCURSO PRINCIPAL.

Ahora que he cumplido con el encargo que nos dio el pueblo ecuatoriano a 130 los asambleístas y hemos puesto la última decisión en manos del pueblo ecuatorianos permítanme hablar unos muy pocos minutos como un ciudadano más comprometido con el Cambio.

Estoy seguro que la mayoría de ecuatorianos y ecuatorianas van a aprobar el diseño de esa casa de todos que la hemos elaborado en Montecristi. Esto es solo cuestión de tiempo e información adecuada. Quiero imaginar con ustedes el siguiente paso, el de la construcción de esa casa que el pueblo la va a aprobar en septiembre, seguramente con una votación enorme. ¿Qué pasa al día siguiente del SI?. Muchas cosas pasarán y ya habrá tiempo de conversar y debatir, pero indiscutiblemente los sueños tienen que para ser útiles convertirse en realidad y para ello se necesita constructores y conductores y entre ellos un líder. Señor presidente, compañero presidente ese líder es usted no se amilane nunca ante las dificultades, nunca pierda la esperanza mi la fe, nunca deje de confiar en el pueblo ecuatoriano, nunca confunda a sus verdaderos opositores ni a los enemigos del cambio. Usted puede y debe continuar esta maravillosa aventura de pasar de los dichos a los hechos.

 
Hoy terminó el pasado, viva el ecuador del futuro."

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