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ECUADOR RECUERDA EL 15 DE NOVIEMBRE DE 1922

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Juan J. Paz y Miño / THIE.PUCE

RECORDANDO EL 15 DE NOVIEMBRE DE 1922<o:p></o:p>

Juan J. Paz y Miño Cepeda
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Durante la última década, la campaña empresarial a favor de la “flexibilización laboral” en Ecuador, no solo afectó derechos que los trabajadores ecuatorianos lograron conquistar desde comienzos del siglo XX, sino que apuntó a volver aún más precarias las condiciones de trabajo de la actualidad.

Sin embargo, los derechos laborales tienen una larga historia en el país, vinculada a las luchas de las clases trabajadoras y al apoyo y promoción que también realizaron intelectuales y profesionales humanistas, identificados con la causa de los trabajadores ecuatorianos.
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El 15 de octubre de 1922, por iniciativa de <st1:personname productid="la Sociedad Cosmopolita" w:st="on">la Sociedad Cosmopolita</st1:personname> de Cacahueros “Tomás Briones”, se constituyó en Guayaquil <st1:personname productid="la Federaci?n" w:st="on">la Federación</st1:personname> de Trabajadores Regional Ecuatoriana (FTRE). Dos días después, <st1:personname productid="la Asamblea" w:st="on">la Asamblea</st1:personname> de Trabajadores del Ferrocarril del Sur, en Durán, resolvió presentar al Gerente, J.C. Dobbie, un pliego de peticiones cuyas demandas centrales fueron: <o:p></o:p>

  • que se respete la ley de 8 horas de jornada diaria y la de accidentes de trabajo. La jornada de 8 horas fue decretada en 1916 y <st1:personname productid="la Ley" w:st="on">la Ley</st1:personname> sobre Accidentes de Trabajo en 1921;<o:p></o:p>
  • aumento de salarios: mientras la remuneración mensual de los trabajadores era de unos 30 sucres, el sueldo de los jefes era de por lo menos 250 dólares, en momentos en que el dólar llegaba hasta a 4 sucres;<o:p></o:p>
  • considerar la semana de trabajo de 6 días: hasta entonces, la semana laboral era de 7 días;<o:p></o:p>
  • estabilidad laboral: a fin de no separar a cualquier trabajador sin causa justificada;<o:p></o:p>
  • otras: suprimir descuentos de los sueldos de los trabajadores para el Hospital, un nuevo cirujano, botiquines en Durán, Bucay y Ambato, restituir en el puesto a varios trabajadores despedidos.<o:p></o:p>

<o:p></o:p>Al no recibir respuesta, al día siguiente los ferrocarrileros iniciaron la huelga, respaldada por <st1:personname productid="la FTRE" w:st="on">la FTRE</st1:personname>, <st1:personname productid="la Confederaci?n Obrera" w:st="on"><st1:personname productid="la Confederaci?n" w:st="on">la Confederación</st1:personname> Obrera</st1:personname> del Guayas (COG) y <st1:personname productid="la Asociaci?n Gremial" w:st="on"><st1:personname productid="la Asociaci?n" w:st="on">la Asociación</st1:personname> Gremial</st1:personname> del Astillero. En los siguientes días, aumentó la solidaridad de otros gremios de trabajadores. La alarma que produjo la paralización del ferrocarril en el país, forzó al gerente Dobbie a entrar en arreglo con los huelguistas, y el 26 de octubre las partes suscribieron el Acta en la que fueron aceptados los planteamientos de los trabajadores.<o:p></o:p>

El éxito de los ferrocarrileros de Durán motivó el levantamiento de numerosas reivindicaciones por parte de los trabajadores guayaquileños. El 8 de noviembre, los trabajadores de <st1:personname productid="la Empresa" w:st="on">la Empresa</st1:personname> de Luz y Fuerza Eléctrica y los de <st1:personname productid="la Empresa" w:st="on">la Empresa</st1:personname> de Carros Urbanos presentaron a sus patronos sus demandas. El pedido de los empleados, motoristas y conductores de los tranvías eléctricos incluyó, en lo esencial:<o:p></o:p>

  • la ley de 8 horas, y pago de sobretiempos;<o:p></o:p>
  • aumento de salarios;<o:p></o:p>
  • estabilidad laboral;<o:p></o:p>
  • cumplimiento estricto de <st1:personname productid="la Ley" w:st="on">la Ley</st1:personname> de Accidentes de Trabajo;<o:p></o:p>
  • planteamientos específicos: regulación sobre número de vueltas, permisos, pasajes, carros, responsabilidades de los conductores, calamidad doméstica y otras.<o:p></o:p>

Los operarios de los carros de tracción a mula coincidieron en: establecer turnos cada 12 horas y cada 6 alternativas, pago de sobretiempos que excedan a las 8 horas, cese de despidos, elevación de salarios, cumplimiento de la ley de seguro y accidentes.   <o:p></o:p>

En los siguientes días, se sumaron a las huelgas iniciadas los trabajadores del gas, verteros y conductores de carros urbanos, del taller de carrilanos, cascajeros, etc. Uno de los Manifiestos sostuvo: “Existe una ley que determina el tiempo de trabajo diario, en ocho horas como máximo, y, sin embargo, se nos obliga a trabajar 18 y 20 horas al día”. El día 10 se sumaron a la huelga los trabajadores de las fábricas de Guayaquil El 11, artesanos y constructores; el 13 los voceadores y nuevas fábricas; este día <st1:personname productid="la FTRE" w:st="on">la FTRE</st1:personname> declaró el paro general. El 14 Guayaquil era una ciudad paralizada y sin luz. El día 15 de noviembre, la gigantesca manifestación de trabajadores por las calles de Guayaquil fue reprimida a fuego abierto. Murieron centenares de obreros.<o:p></o:p>

Los trabajadores del 15 de noviembre de 1922 expresaron el despertar de las reivindicaciones laborales en el Ecuador, un país que comenzaba a esbozar su vía de desarrollo capitalista. Sus reivindicaciones eran justas, en un medio atrasado a los derechos laborales, ya conquistados en otros países. Sin embargo, las reivindicaciones laborales de la época fueron calificadas como “comunistas” y “excesivas”. Y la matanza obrera de Guayaquil, de la que fuera responsable el gobierno de José Luis Tamayo (1920-1924) incluso fue justificada con el argumento de que se había disparado contra “saqueadores” y “delincuentes”. Todo, pues, para esconder la responsabilidad compartida de los capitalistas de la época.<o:p></o:p>

Mirando el pasado en la perspectiva del presente, no debe quedar dudas acerca de que el bienestar social en el Ecuador exige el desarrollo de un nuevo derecho laboral, que potencie y proteja mejores y más altas conquistas para beneficio de los trabajadores del país, que incluye a amplios sectores de las clases medias. Cabe avanzar, entre otras garantías, en seguridad social universal, cogestión de los trabajadores en la empresa, ampliación de descansos y horas para la recreación, aumento de salarios, determinación de “delitos laborales” a fin de penalizar la burla a las leyes laborales, incorporación obligatoria de la capacitación empresarial, mayores protecciones a las madres trabajadoras, aumento del impuesto a la renta con fines redistributivos sociales, etc.<o:p></o:p>

Todo ello exige el cambio de mentalidad de las capas dirigentes y concentradoras del poder económico, a fin de que actualicen su pensamiento social y superen la visión oligárquica del pasado, de modo que ellas también contribuyan a la modernización que valore el avance de los trabajadores y empleados.<o:p></o:p>

<o:p></o:p>Juan J. Paz y Miño, es Historiador. Director del Taller de Historia Económica (THIE), en la Pontifica Universidad Católica de Ecuador (PUCE).


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